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Lunfardo III
Se evalúa aquí lo que podría dejar
hacerle
un
laburo19
al boncha:
Eran polenta7 el bobo8
y la marroca9
y la empiedrada10
fule11, berretín12.
De un grilo13 una casimba14
daba boca15
y un poco la orejeaba16el chiquilín17.
7 - polenta
En este contexto, extraordinario, excelente,
de calidad superior. Del italiano jergal polenta,
oro (por la similitud de color entre el oro y este
alimento de maíz).
8 - bobo
1. Reloj. De la jerga delictiva italiana bobo,
bovo, bogo:
babosa,
y fig. reloj. 2.
Corazón. En la segunda acepción se asocian los latidos
con el
tic-tac. Bobería, relojería; bobero,
relojero.
1.
Un
bobo(reloj)
fule de cabildo oficia,
bobo que el pío lo reduce al kilo...
[...]
Felipe Fernández,
Yacaré,
Bulín, Versos rantifusos, 1916
2.
Se le detuvo el
bobo(corazón)
a los 70
en una situación muy rara, muy fulera
lo encontraron tendido en la catrera
de la
pieza de Rosa, la sirvienta.
[...]
Alberto
Thaler,
La muerte que lo murió, 1993
9 - marroca
Cadena del reloj; cadena, en general. De etimología incierta.
10 - empiedrada
Piedra preciosa, joya con piedra preciosa. Del castellano
piedra preciosa y corrupción de empedrar.
[...]
Batile
al grone Peroca
que
queme el bobo(reloj)en
el pío
junto
con el zarzo mío,
la
empiedrada y la marroca.
Que
reduzca, aunque sea poca
la
«menaje» del
bulín...
Felipe
Fernández, Yacaré,
Versos rantifusos, 1916
11 - fule
Apócope de fulero, falso, de mala calidad. Existe
el aumentativo
fulerón y las variantes fulerino,
fulo,
fulería.
La
catriela que engrupe mi
persona
es
la flor de un comboy de fulería
que
luce con tecor su compadrona
silueta
remanyada en la avería.
Bate
cana la pilcha fulerina,
su
floreado vestido de percal,
que
prefiere el laboro de
matina
a
la curda nocturna del Pigal.
Carlos de la Púa,
Floreo, La crencha
engrasada, 1928
12 - berretín
Berretín encontró el camino de la Real
Academia,
que lo describe
como 1, m. coloq. Arg. y Ur. Capricho,
deseo vehemente, ilusión.
Proviene del genovés, berettino:
birrete, capricho (como
béguin,
en francés: algo que se
mete en la
cabeza). Si bien la mención en
el DRAE (diccionario de la
RAE) pudiera
enorgullecer al lunfardo,
el término indica en realidad
mucho más que
capricho, deseo
vehemente,
ilusión, que es sólo una de sus acepciones:
[...]
Pues le
yenan la sesera
las macanas más briyosas
y se
siente rechiflada
por tenerla que yugar
[...]
y ella,
que es tan refinada,
quiere lujos, vento, vicios...
¡Berretines
de carnada que le manda el hospital!
Carlos
de la Púa,
La engrupida, La crencha engrasada, 1928
Decía Roberto Arlt en una de sus Aguafuertes
porteñas:
«Tiene un berretín», es decir tiene una «cosa» metida en la
cabeza, idea que es inútil tratar de extraerla por los métodos
corrientes de lógica y reflexión.
Encierra también una especie de despectivismo de ironía,
de
burla. Cuando no expresa lo dicho, este pensamiento
se
expresa de esta otra forma:
—«Está engrupido». Esto es, está equivocado, obsesionado
de
algo que sólo existe en su imaginación. En cambio el «berretín»
asegura una intensidad de ridículo, de burlesco, y por lo
general
el
que la dice, arroja la frase con un poco de compasión y
desprecio:
«dejate de berretines, hombre».
Como se ve, el caló es un idioma de matices, de matices tan
sutiles
como los que pueden enriquecer el idioma más antiguo de la
tierra.
Y
hablarlo con la debida perfección, requiere un profundo
aprendizaje
de
vagancia que así no más no se adquiere.
26 de junio de 1928
Es también
una fantasía,
de allí que signifique además 2. Cosa
de escaso valor, falsa pero de
apariencia
verdadera, alhaja
falsa,
o sea
según indica
la RAE en fantasía: Adorno
que es
imitación
de una joya.
En Línea N° 9 se emplea con esta acepción,
sinónimo
de fule: ...
y la empiedrada fule, berretín. La
joya
que llevaba
el
boncha, si bien era vistosa, no era auténtica,
detalle
que no podría
escapar (piantar) al ojo de un lancero de ley. Hoy se
emplea más en
el sentido de falso, en lugar de berretín, berreta,
que
figura también
en el DRAE XXII: 1. adj. coloq. Arg.
De mala calidad. Es una
confección muy berreta.
Desusado y de carácter canero
(carcelario), berretín
significa
también bolsillo o escondite (del italiano
jergal berrettino).
Por
extensión, ano, pues allí suele esconder el preso
objetos o dinero.
13 - grilo
Con grilo entramos en las denominaciones lunfardas de los
bolsillos, que llevan su nombre según su ubicación y
tamaño
en las distintas prendas de vestir. Este terminus technicus
de
los peritos de la punga (robo especializado de faltriqueras)
se
refiere a los bolsillos laterales del saco. Proviene del italiano
jergal grillet, y alterna con griyo y griyete.
Otros bolsillos son el
chiquilín17,
culata20, sotala,
bolsillo
interior del saco, levita, etc., del italiano jergal soto ala,
debajo
del brazo. Por confusión con el español se
convirtió
en sotana
y de allí pasó a sota. Sotanear,
levantar el saco o sobretodo que
viste la víctima de la punga. Sotana con retranca,
sobretodo
o saco con falsa pretina, difícil de levantar. Sotanero,
punguista4
que roba del bolsillo interior del saco.
14 - casimba
Billetera. Del brasileño cacimba, cavidad para recoger
y conservar
agua potable.
A fuerza de canas
se volvió de línea
pues en
la mesada sacó
provechosas
lecciones
de púas espianta-casimbas,
cargadas
de grilo, culata
o de sota.
[...]
Carlos
de la Púa, El lancero, La crencha engrasada,
1928
15 - daba boca
Asomaba. Del grilo se entreveía la billetera, la casimba.
16 - orejeaba
Orejear quiere decir aquí vislumbrar,
distinguir, verle
a algo
la punta. Proviene de orejear los naipes, tirarle la oreja
a los
naipes, brujulear: descubrir
poco
a poco las cartas para
conocer por las rayas o pintas
de qué
palo son.
17 - chiquilín
El chiquilín es otro de los diferentes bolsillos que
conoce
profesionalmente y «recorre» el lancero. Es el
bolsillo
pequeño ubicado en la parte delantera del pantalón, a
la
altura de la cintura, que dejaba ver aquí la punta de
algún
billete, la orejeaba.
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