El Cantar de Lunfardía -  Apuntes del chamuyo canero - FORO CERVANTES - 20.08.02, 09.07.2003 - Mailto: enrique@picotto.net - D 71067 Sindelfingen - Alemania

1 -  LUNFARDO 1 http://www.picotto.net/  © Enrique C. Picotto -

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1

 

 

¿Lunfardo...?

 

Dice la Real Academia:

lunfardo 2. [m.] Jerga que originariamente

empleaba, en la ciudad de Buenos Aires y sus

alrededores, la gente de mal vivir. En parte, se

difundió posteriormente por las demás clases

sociales y por el resto del país.

 

 

Indicó Arturo López Peña en su obra El habla popular

de Buenos Aires  (Freeland, Buenos Aires, 1972):

[...]

 

Durante más de siglo y medio, salvo breves intervalos lúcidos, lo popular fue

mirado en la Argentina «de rabo de ojo a un costado». Las clases altas

y los hombres de letras padecieron una aguda hipermetropía intelectual,

veían claro la lejanía europea y veían turbio la cercanía americana.

 

Witold Gombrowicz (1904-1969), que tan bien conoció nuestro

medio literario, nos cuenta de Victoria y Silvina Ocampo, de Bioy

Casares, de Borges y de otros distinguidos escritores y, a propósito

de ellos, nos hace la siguiente reflexión: 

A MÍ LO QUE me fascinaba del país era lo bajo, a ellos lo alto. 

A mí me hechizaba la oscuridad de Retiro, a ellos las luces de

París. Para mí la inconfesable y silenciosa juventud del país era

una vibrante confirmación de mis propios estados anímicos,

y por eso la Argentina me arrastraba como una melodía, o más

bien como un presentimiento de melodía. Ellos no percibían ahí

ninguna belleza... 

 

ASÍ, BORGES, POR EJEMPLO, advertía únicamente sus propios

años y no, por decirlo así, la edad que lo rodeaba; era un 

hombre maduro, un intelectual, un artista, perteneciente 

a la Internacional del Espíritu sin ninguna relación definida 

ni intensa con su propio suelo. Y esto, a pesar de que de 

vez en cuando aderezaba su metafísica (que muy bien podía

haber nacido en la luna) con lo gauchesco y lo regional –en 

el fondo su modo de encarar lo americano era precisamente

europeo–, él veía a la Argentina como un francés culto ve

a Francia o un inglés a Inglaterra. 

NO OBSTANTE, EL AMBIENTE del país era tal, que ese Borges 

europeizante no podía lograr ahí una vida verdadera. Era algo

adicional,  como pegado, un ornamento; y no era otra la suerte 

de toda esa literatura argentina, tanto la confeccionada a la 

francesa o a la inglesa como la que se esforzaba, según los 

esquemas consabidos, por exaltar lo propio, lo nacional, el 

folklore.

No suscribiría letra a letra las afirmaciones de Gombrowicz aunque

creo que, con algunos retoques, el cuadro que nos pinta quedaría en

condiciones de ser expuesto en el Salón Nacional.

 

Desde hace algunas décadas comenzó a despertarse extraña avidez

por lo popular y una curiosidad creciente por lo sustantivamente

americano. Esto importaba una torsión hacia lo interior y un despertar

de la intelectualidad argentina después de un largo período de letargo.

No ha de pensarse, sin embargo, que ello implicara la exterminación

total de los elementos paleontológicos. A su regreso de la Argentina

en 1962, Jean Cassou publicó una nota en el diario «La Nación»1

sobre su estada en nuestro país. Decía en ella que durante ese breve

lapso, no habían cesado de preguntarle qué ocurría en Francia y en

Europa en las artes y en las letras. Con inocultable fastidio decía

Cassou en la publicación de referencia: «Tenemos ganas de decir

a la gente de América y particularmente a nuestros amigos argentinos:

¡no se ocupen de nosotros, ocúpense de Vds. mismos! Hay en Vds.

suficientes recursos y suficientes energías para que no se preocupen

más que de crear sus propias vanguardias».

 

Y renglones más adelante, comparando a nuestro país con México

 y con otras naciones latinoamericanas: «La Argentina se siente

delgada, casi transparente; desde el principio le parece que es

europea. Ahí está su problema, sin duda, su inquietud... Tenemos

curiosidad por eso (por lo auténticamente argentino) y no por los

reflejos de nosotros mismos que ella nos pide para adornarse con

ellos ingenuamente».

 

Nuestro pueblo tiene, como todos los pueblos del orbe, su propio

modo de ser, y su propio modo de hablar y —parece candoroso

decirlo— su modo de ser se trasluce en su modo de hablar. Aquí

no se tratará de la peculiaridad lingüística del argentino; nuestra

nuestra labor se ceñirá, exclusivamente, al habla popular del

porteño.

 

Para estudiar el habla de Buenos Aires, es insoslayable la alusión

al lunfardo. No creo, personalmente, que habla popular porteña

y lunfardo signifiquen una misma cosa, mas una corriente que

viene abriéndose paso desde hace tiempo se esfuerza con

denuedo en identificarlos. Sus argumentos son inteligentes

aunque erróneos a mi parecer, y esto será lo que trataré de

mostrar de ahora en más.

[...]

1) «La Nación», 11 de noviembre de 1962

__________________________________________

 

 

Decía Manuel Gálvez —fundador de la Academia Argentina de Letras

y candidato al Premio Nobel de literatura— de Victoria Ocampo, a quien

consideraba como escritora inferior a Alfonsina Storni:

Como animadora, es una persona única. Lástima que no tenga

ojos para lo nuestro y que viva pensando en lo extranjero de

última hora. No soy enemigo a muerte del esnobismo, y creo

que un poco de eso está bien. Debe haber alguien que haga

conocer los nuevos nombres de las literaturas extranjeras. Pero

Victoria se pasa de la raya. Vive renovando sus admiraciones,

a lo que parece. En cuanto tiene noticia de haber surgido en

París o en Londres algún nuevo escritor de talento, ya se pone

en contacto epistolar con él, lo invita a venir a Buenos Aires

y hasta, según cuentan, le paga el viaje.

                Recuerdos de la vida literaria, Entre la novela y la historia

A Victoria Ocampo —cuyas costumbres literarias, dicho sea de paso,
calificaba Manuel Gálvez de un tanto rastacueras —le señalaba Pierre

Drieu La Rochelle, escritor francés de izquierda muy en boga, invitado

a la Argentina en 1934, algo similar a lo que posteriormente dijo Witold

Gombrowicz. En una carta dirigida a su anfitriona después de su visita

le revela:

... me habías dicho que la Argentina estaba llena de vida,

de fuerza, etc. No, yo no he encontrado allí sino tu vida de

mujer y una cierta fermentación en las profundidades, que

existe también en París, en el arroyo. Hay fuerzas en el

pueblo argentino, como en todo pueblo, pero tal fuerza

está detenida por la pantalla que forman «La Nación»,
la «Sociedad», los amigos, y «Sur», que no sirve a una

causa orgánica sino a la «literatura en general». («Sur les

écrivains», Gallimard, 1964)

Comentaba a este respecto Arturo Jauretche:

... Que es precisamente lo que estamos diciendo, sobre la

superestructura cultural y su función de pantalla o cáscara

destinada a impedir el surgimiento de lo nuestro, pero

observado en 1934 y por uno de los «elegidos» para la

importación que simplemente no se limitó a derramar

literatura y supo observar la función que cumplían sus

anfitriones. («Los profetas del odio y la yapa», Peña Lillo,

Buenos Aires, 1968) 

Y ahora al lunfardo: ¿Qué entendería usted de este poema rantifuso?

LÍNEA N° 9

de «La Crencha Engrasada» - Carlos de la Púa, 1928

 

Era un boncha boleao, un chacarero

que se piyó aquel 9 en el Retiro;

¡nunca vieron esparo ni lancero

un gil a la acuarela más a tiro!

 

Eran polenta el bobo y la marroca

y la empiedrada fule, berretín.

De un grilo una casimba daba boca

y un poco la orejeaba el chiquilín.

 

El ropaés que acusa ese laburo

trabucó bien al boncha de culata

pero el lancero trabajó de apuro

y de gil casi más mete la pata.

 

Era un bondi de línea requemada

y guarda batidor, cara de rope...

¡Si no saltó cabrón por la mancada

fue de chele no más, de puro dope!

En caso de que tuviera algunas dudas, las iremos aclarando juntos en las

notas que siguen. Si para mejor comprensión deseara Ud. escuchar este

poema recitado por Héctor Alterio en MP3 (aprox. 200kB), haga un clic

aquí (se requiere un programa  como Media Player, RealPlayer, Winamp

o similar para la reproducción de archivos MP3):

Línea N° 9 -  MP3 (ca. 200kB)

Continúa en
N° 2

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