-------- Original Message --------
Marcos Aguinis scripsit:
02.12.2004
Estimado Enrique
Picotto:
Enterado un poco de
quien es usted, tengo ahora el agrado de
reponderle.
Pido sus disculpas y comprensión por no haberlo
hecho antes. Cada día
recibo una andanada de mensajes
que no me alcanza el tiempo siquiera
para leerlos. Tampoco
abro los que me llegan de desconocidos, porque
en varias
oportunidades me
inyectaron virus con sus consiguientes
trastornos.
Lamentablemente, usted estaba en la larga lista
de los desconocidos
que me mandan mails. Ahora ya no lo es.
Le ruego, por consiguiente, me haga llegar el texto que tanto
desea yo
lea.
Aprovecho para enviarle un saludo muy cordial.
Marcos Aguinis.
Mi estimado Sr. Aguinis:
Debo aceptar sus disculpas habida cuenta de sus ocupaciones,
otra cosa no me resta... El asunto que nos
interesaría
es su nota
en «La Nación» —el «prestigioso matutino» y «tribuna
de doctrina»,
sin que jamás hayamos sabido los argentinos ni nos
interesa saber
de qué doctrina se tratara:
LA NACION | 27.11.2003 |
Página 21 | Opinión
El homenaje
retaceado
Por Marcos Aguinis - Para LA NACIÓN
Mis comentarios sobre el artículo están en Internet en la dirección
http://www.picotto.net/histo/historia51.html#start
Considero su exposición un paradigma de los lugares comunes
propios de nuestra mitología nacional, tal cual se enseñó en
nuestras escuelas a las generaciones del último siglo medio y,
como vemos, aún perdura. Y, además, se cultiva en el «prestigioso
matutino» por obra y gracias de escritores de su talla, para lectura
y solaz de los sempiternos
señoros gordos. Así andamos, también,
sindudamente.
Cordiales saludos, señor Aguinis
Enrique C. Picotto
www.picotto.net/
Otrosí digo, señor Aguinis: Aún dos acotaciones.
Comprenderá que no teniendo yo posibilidad de acceder
a una «tribuna de doctrina» deba darle a mi opinión un
poco
de bombo «a pulmón», y por eso deba incluir a algunas
de
mis relaciones en la lista de distribución.
Llevo ya más de 40 años en Europa —concretamente en
Alemania—, o sea que con mis elucubraciones respecto
de nuestra mitología no persigo nada personal. Simplemente
me admiré siempre de nuestra estulticia —pues a la vez nos
quejamos de que el país siempre anduviera como la mona.
Le transcribo algo que dijo Jauretche hace cincuenta años,
y verá usted si no somos pavos al no habernos dado cuenta
del «mal que nos aqueja» en el medio siglo que esta verdad
lleva impresa. Será porque el «maestro de América» y «padre
del aula» nos enseñara que nuestro mal «es la extensión»
y no nuestra estupidez:
A la estructura material de un país dependiente
corresponde una superestructura cultural destinada
a impedir el conocimiento de esa dependencia para
que el pensamiento de los nativos ignore la naturaleza
de su drama y no pueda arbitrar propias soluciones,
imposibles mientras no conozca los elementos sobre
los que debe operar y los procedimientos que corresponden,
conforme a sus propias circunstancias de tiempo y lugar
Arturo Jauretche, Los
profetas del odio y la yapa.
Daría la impresión de que usted colaborara en el afianzamiento
de esta «superestructura cultural». Me pregunto por qué.
Vale
Enrique C. Picotto
www.picotto.net
D 71067 Sindelfingen - Alemania
Tel.: +49 [0]7031 819 48 43
& 819 48 51 - Fax 80 88 84