http://www.picotto.net/  © Enrique C. Picotto - D 71067 Sindelfingen, Alemania  - Mail to Enrique C. Picotto 14.11.03

 

 

 

Quis nesquit primam esse historiae legem, ne quid falsi

dicere audeat, deinde ne quid veri non audeat?

                                     

¿Quién ignora que la primera ley de la historia es que no hay que osar

                                        decir nada falso y que no hay que temer confesar la verdad entera?

                                        Cicerón, De oratore, 2, 15

 

El proyecto de la República del Plata, que no fue sino

un balbuceo de periódico, tenía por objeto arrebatar la

bandera de la nacionalidad del gobierno del Paraná para

hacernos el núcleo de la organización o reorganización,

invitando a las provincias a adherirse a una confederación

sobre la base de Buenos Aires. Esa misma idea la había

iniciado Sarmiento... Fue uno de los tantos medios con

que constantemente he procurado mantener vivo el

sentimiento de la nacionalidad de Buenos Aires.

                   Bartolomé Mitre, El Nacional, marzo de 1857

 

En 1857 la legislatura del estado de Buenos Aires votó una

ley que declaraba a don Juan Manuel de Rosas «reo de lesa patria

por la tiranía que ejerció sobre el pueblo durante todo el período

de su dictadura violando hasta las leyes de la naturaleza y por

haber hecho traición en muchos casos, a la independencia de

su patria, y sacrificado a su ambición, su libertad y sus glorias».

 

En su articulado ordenaba su procesamiento «por los delitos

ordinarios que ha cometido», indemnizándose «a los perjudicados

por las persecuciones y familiares de de los individuos mandados

asesinar por el tirano» con los «bienes del tirano que se venderán

en subasta».

 

El debate de la ley es instructivo: «Debo recordar a la cámara —decía
Emilio Agrelo en la cámara de diputados el 1° de julio de 1857— que
nuestra historia puede poner en duda si el pueblo de Buenos Aires
execró o no a Rosas después de su caída, y esto sería un deshonor,
un baldón, una fea mancha para las páginas que se escriban en los
días felices de su libertad».  

 

El discurso del diputado Nicanor Albarellos fue paradigmático:

Rosas, señor, ese tirano, ese bárbaro, así bárbaro y cruel, no era

considerado lo mismo por las naciones europeas y civilizadas,

y ese juicio de las naciones europeas y civilizadas, pasando a la

posteridad, pondrá en duda, cuando menos, esa tiranía bárbara

y execrable que Rosas ejerció entre nosotros. Es necesario, pues,

marcar con una sanción legislativa declarándole reo de lesa patria

para que siquiera quede marcado este punto en la historia, y se

vea que el tribunal más potente, que es el tribunal popular, que

es la voz del pueblo soberano por nosotros representado,

lanza al monstruo el anatema llamándole traidor y reo de lesa

patria... Juicios como éstos no deben dejarse a la historia...

 

¿Qué se dirá, qué se podrá decir en la historia cuando se viere que

las naciones civilizadas del mundo, para quien nosotros somos un

punto... han reconocido en ese tirano un ser digno de tratar con

ellos?, ¿que la Inglaterra le ha devuelto sus cañones tomados en

acción de guerra, y saludado su pabellón sangriento y manchado

con sangre inocente con la salva de 21 cañonazos?... Este hecho

conocido en la historia, sería un gran contrapeso, señor, si dejamos

a Rosas sin este fallo. La Francia misma, que inició la cruzada en

que figuraba el general Lavalle, a su tiempo también lo abandonó,

trató con Rosas y saludó su pabellón con 21 cañonazos... Yo pregunto,

señor, si este hecho no borrará en la historia todo lo que podamos

decir, si dejamos sin un fallo a este monstruo que nos ha diezmado

por tantos años...

 

No se puede librar el juicio de Rosas a la historia, como quieren

algunos... Es evidente que no puede librarse a la historia el fallo del

tirano Rosas... ¡Lancemos sobre Rosas este anatema, que tal vez

sea el único que puede hacerle mal en la historia, porque de otro

modo ha de ser dudosa siempre su tiranía y también sus crímenes...

¿Qué se dirá en la historia, señor?, y esto sí que es hasta triste decirlo,

¿qué se dirá en la historia cuando se diga que el valiente general Brown,

el héroe de la marina en la guerra de la independencia, era el almirante

que defendió los derechos de Rosas? ¿Qué se dirá en la historia sin

este anatema, cuando se diga que este hombre que contribuyó con sus

glorias y talentos a dar brillo a ese sol de Mayo, que el señor diputado

recordaba en su discurso, cuando se diga que el general San Martín,

el vencedor de los Andes, el padre de las glorias argentinas, le hizo

el homenaje más grandioso que puede hacer un militar legándole

su espada? ¿Se creerá esto, señor, si no lanzamos un anatema contra

el tirano Rosas? ¿Se creerá dentro de 20 años o de 50, si se quiere

ir más lejos, a ese hombre tal como es, cuando se sepa que Brown

y San Martín le servían fieles y le rendían los homenajes más

respetuosos a la par de la Francia y de la Inglaterra?

 

No, señor: dirán, los salvajes unitarios, sus enemigos, mentían. No ha
sido un tirano: lejos de eso ha sido un gran hombre, un gran general.
Es preciso lanzar sin duda ninguna ese anatema sobre el monstruo...
¡Ojalá hubiéramos imitado al pueblo inglés que arrastró por las calles
de Londres el cadáver de Cromwell, y hubiéramos arrastrado a Rosas
por las calles de Buenos Aires!... Yo he de estar, señor Presidente, por
el proyecto. Si el juicio de Rosas lo librásemos al fallo de la historia,

no conseguiremos que Rosas sea condenado como tirano, y sí tal vez

que fuese en ella el más grande y el más glorioso de los argentinos».
--------                                      Cf. José M. Rosa, Historia Argentina, V, 491 et seq.

 

[Los subrayados son míos]

 


© Enrique C. Picotto

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