"Bajo mi
ministerio – dice Avellaneda – se dobló en número
de los colegios,
se fundaron las bibliotecas populares, los
grandes
establecimientos científicos como el Observatorio,
se dio plan y
organización a los sistemas escolares,
y provincias que
encontré como La Rioja sin una escuela
pública llevaron
tres mil o cuatro mil alumnos...
Es la página de honor de
mi vida pública y la única a cuyo
pie quieroconsignar mi
nombre. ¿Cuál fue la intervención
del señor Sarmiento en
estos trabajos, que absorbieron
mi vida por entero durante
cinco años? El nombre del
señor Sarmiento al frente del
gobierno era por sí solo
una dirección dada a las ideas y a
la opinión en favor de
la educación popular; su firma al pie
de los decretos era
una autoridad que daba prestigio a mis
actos.
Su intervención se redujo, sin embargo, a esta acción
moral.
Supo el señor Sarmiento que había bibliotecas
populares
y una ley nacional que las fundaba cuando habían
aparecido
los primeros volúmenes del Boletín de las Bibliotecas,
y éstas convertídose en una pasión pública.
El señor Sarmiento
no se dio cuenta de la ley de subvenciones
y de su mecanismo
sino en los últimos meses de su gobierno.
Esto es todo y es la
verdad".
Nicolás Avellaneda, Escritos y
discursos, VIII, 397.