© Enrique C. Picotto - D 71067 Sindelfingen, Alemania  - Mail to Enrique C. Picotto 14.11.03

 

 

Obra educacional de Sarmiento

José María Rosa informa sobre la política educacional de Sarmiento en

su Historia Argentina, VII, 248 con las palabras de Nicolás Avellaneda,

presidente de los argentinos (1874 -1880):

«Su ministro de instrucción pública, Nicolás Avellaneda, en un Apunte

de 1874, que se editó en 1910 en sus Escritos y discursos, se atribuyó

el mérito único, pero reconociendo que el presidente facilitaba su nombre

de educador:

"Bajo mi ministerio – dice Avellaneda – se dobló en número

de los colegios, se fundaron las bibliotecas populares, los 

grandes establecimientos científicos como el Observatorio,

se dio plan y organización a los  sistemas  escolares,

y  provincias  que encontré como La Rioja sin una escuela

pública llevaron tres mil o cuatro mil alumnos... 

 

Es la página de honor de mi vida pública y la única a cuyo 

pie quieroconsignar mi nombre. ¿Cuál fue la intervención

del señor Sarmiento en estos trabajos, que absorbieron

mi vida por entero durante cinco años? El nombre del 

señor Sarmiento al  frente del gobierno era  por sí solo

una dirección dada a las ideas y a la opinión en favor de

la educación popular; su firma al pie de los decretos era

una autoridad que daba prestigio a mis actos.

 

Su intervención se redujo, sin embargo, a esta acción moral. 

Supo  el  señor  Sarmiento que había bibliotecas populares

y una ley nacional que las fundaba cuando habían aparecido

los primeros volúmenes del Boletín de las Bibliotecas, y éstas convertídose en una pasión pública.

 

El señor Sarmiento no se dio cuenta de la ley de subvenciones

y de su mecanismo sino en los últimos meses de su gobierno.

Esto es todo y es la verdad".

                               Nicolás Avellaneda, Escritos y discursos, VIII, 397.

El «Apunte» de Avellaneda no estaba destinado a la publicidad; es un

desahogo íntimo de quien ve a otro atribuirse un mérito propio.»

Sin embargo, Avellaneda «no corre» para nada en materia educacional,

pues todo el «bombo» le fue dado a Sarmiento, que tiene que ser el único

en este aspecto.

 

El título de «Maestro de América» es otra de nuestras mitologías. Sarmiento

comparte este «título» con muchos otros pues, como es natural en nuestra

idiosincrasia latina, cada país tiene más o menos su «Maestro de América»,

cuando no tiene varios:

México nombra a José Vasconcelos, aunque también a Justo Sierra
Méndez
como «Maestro de América». En Venezuela encontramos al

Dr. Luis Beltrán Prieto Figueroa como "Maestro de América", si bien
don Simón Rodríguez sería «el Primer Maestro de América», donde
tampoco dejó de titularse «Maestro de América» a don Andrés Bello.
Eugenio María de Hostos, nacido en Puerto Rico, suele llamarse
también "Maestro de América". Para Cuba, el «Maestro de América »
es naturalmente José Martí, pues así lo llamaba Rubén Darío. Otro
«Maestro de América», esta vez para los peruanos, es Víctor Raúl
Haya de la Torre
. Y no caben dudas de que habrá algunos más.

En cuanto al epíteto de «Padre del aula», quizá le haya sido dado por haber

embarazado a una educandita en Pocura, Chile, María Jesús del Canto,

madre de Ana Faustina, que nació el 18 de julio de 1831.

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Enrique C. Picotto

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