© Enrique C. Picotto - D 71067 Sindelfingen, Alemania  - Mail to Enrique C. Picotto 14.11.03


 

Subject:

Rosas y Sarmiento. Final.

Date:

Thu, 22 May 2003 22:56:59 +0200

From:

Enrique C. Picotto <e.c.picotto@attglobal.net>

To:

Inés Álvarez de Toledo <ines@alvarezdetoledo.com>

CC:

Sr. Mario «Pacho» O'Donnell <mario@odonnell-historia.com.ar>,

Foro Historia del Plata <Historia_del_Plata@gruposyahoo.com.ar>,

"Instituto Nacional de Invest. Históricas J. M. de Rosas" <inrosas@fibertel.com.ar>,

"Dr. Oscar Denovi" <oscardenovi@hotmail.com>,

"Prof. James O. Pellicer - New York" <jop63@yahoo.com>,

"Sr. Diputado Fernando A. Finvard" <fefinvarb@legislatura.gov.ar>,

Eliezer Nowodworski <elinow@netvision.net.il>,

"Ing. José Ramón Miranda" <jopomir@ciudad.com.ar>,

"Dr. Amílcar R. Mattoni" <ramattoni@sinectis.com.ar>,

Carlos Dragovich - Long Island <cdragovich@biodex.com>,

Emilio Salas <salase@sanjulian.com>,

"La Nación - Usted opina" <udopina@lanacion.com.ar>,

"La Nación - Cartas de lectores" <cartasdelectores@lanacion.com.ar>


 

22 de mayo de 2003

 

Rosas y Sarmiento - Final


Inés Álvarez de Toledo me decía:

Picotto:

Como ve, hago ingentes esfuerzos para responder por doceava vez
a la comunicación por usted iniciada a través de este medio electrónico.
¡Qué herramienta poderosa ha resultado ser internet! Tiene que tener
cuidado y evitar que éste se convierta, sin quererlo, en un instrumento
más a favor de lo que usted denomina la colonización pedagógica.

No creo, Inés... Al contrario: servirá para desasnarnos. Recuerde lo que

se habló en su tiempo en contra de algo en relación similar a esto de la

Internet de hoy: la imprenta. Quienes principalmente se opusieron fueron

aquellos que estipulaban qué se debía escribir y se vieron alarmados

por la consunción de su monopolio en la regencia del pensamiento. Se

opusieron otros también: aquellos que como copistas temían perder sus

sinecuras.

Le contesto su mensaje, tratándolo de despedir manifestándole que

-aparentemente- el primer párrafo del mismo fue idea de algún personaje

o amigo cibernético suyo. ¿Rimar2000.com.ar tal vez? No tengo ganas

de pertenecer a la partida de tiro largo para continuar con estos temas

que son interesantes pero que distraen tiempo a mis actividades diarias

que son muchas y muy diversas.

No entendí la referencia a Rimar 2000, pero ya profundizaré. Lamento
a la vez que interesarse por nuestra historia le lleve ahora tanto tiempo.
Pero no creo que fuera diferente de cualquier otro tema de interés si
fuera tomado en serio. Ocurre que no puede uno ocuparse de todo,
Inés, es verdad. Pero así como acaso demos a lavar y planchar por
ser tedioso, por la misma razón suelen algunos «dar a pensar» y lo
encuentran práctico.

Podrá deducir que me siento más a gusto participando del

pensamiento de la historia real argentina.

Sabrá usted, Inés, qué se entiende bajo «historia real argentina». Hasta ahora

vimos que lo que a usted la hace «sentir a gusto» no tiene parangón con la

historia documentada, que sería la real. Pero a la documentación hay que

acostumbrarse, algo que también puede ser sólo cuestión de definiciones.

Para algunos es suficiente con que un tema esté impreso para decir que está

«documentado». Así como las mitologías, que se las puede leer en libros.

A propósito, le adjunto una invitación.Sólo un par de conceptos, para

no dejarlo en el palenque, respecto de las opiniones que usted vierte

sobre el doctor e historiador Ramos Mejía. No puede usted descalificar

a Ramos Mejía porque discrepe respecto a la teoría, novísima y de gran

aceptación en su época (confr. Spurzheim), que tiene como premisa que

las aptitudes y funciones mentales del ser humano se encuentran localizadas

en zonas específicas del cerebro. ¿O ahora también usted es médico?

No, no soy médico, pero creo tener un juicio lo suficientemente analítico

como para «darme cuenta de las cosas». Analicemos esto último que

afirma usted, por darnos el gusto:

No puede usted descalificar a Ramos Mejía...

No descalifiqué para nada a José M. Ramos Mejía. Sólo cité a José

Ingenieros, su discípulo y admirador, quien con la competencia profesional

necesaria desautorizó a Ramos Mejía en lo referente a Rosas, diciendo que

más bien enalteció su figura. Repito: José Ingenieros, discípulo de Ramos Mejía

y «antirosista».

Si quiere, discuta también con ellos. Ramos Mejía era un sabio en su

época: a su título de grado de médico, le sumó el de doctor en medicina.

Fue catedrático universitario de enfermedades nerviosas y mentales

e iniciador de la psiquiatría argentina. Todos estos saberes han sufrido

una gran evolución, al igual que la ciencia médica, en este último siglo.

Muchas de estas teorías han sido discutidas y reexaminadas.

Consecuentemente, Inés, si estas teorías que llevaron a Ramos Mejía a las

conclusiones a que arribó fueron superadas, por esa misma razón queda

desautorizado su juicio: por haber sido demostrado que partió de falsas

premisas, por más que en su momento no hubiese habido mejores.

 

No parece ser así en nuestra mitología o «historia argentina real» donde,

si bien haya demostrado la ciencia el error de Ramos Mejía y su época,

su juicio sobre una supuesta alienación de Rosas sigue en pie como si

el avance de la ciencia no existiera, y muchos no sólo creen en este juicio

obsoleto, sino que además lo defienden. Como lo hace usted, Inés. Más

que mitológica, su posición parecería ser dogmática.

Empero esto no debe hacer que usted caiga en un reduccionismo

histórico cuasi adolescente. Recuerde también que el retrato fue,

hasta la aparición del daguerrotipo y la fotografía, la forma general

para conservar la fisonomía o estampa de una persona. La imagen

de Rosas fue pintada y exhibida mientras gobernaba por toda la gran

aldea.

Trate, Inés, de analizar objetivamente. Lo que examinó Ramos Mejía —

para aplicar a la vez teorías equivocadas, aunque no hubiese conocido

mejores— no fue un paciente, sino retratos, alterados a su vez no sólo

por la índole, inclinaciones y licencia interpretativa de los artistas, que

llevaban a la tela además de la propia subjetividad, también la de la

época y el entorno. El mismo Alberdi —ningún federal, si bien podríamos

pensar que fuera uno de los primeros «revisionistas»— dijo después de

conocer a Rosas personalmente, indicando indudablemente haberse
ocupado de sus rasgos físicos:

Su fisonomía no es mala. La cabeza es chica y la frente, echada
para atrás, es bien formada, más bien que alta. Los ojos son chicos.

A estas mismas apreciaciones agregó expressis verbis:

Se parece poco a sus retratos.

Esto debería hacerla dudar a usted también, Inés, y, sin embargo, sigue

usted incólume en su adhesión a Ramos Mejía, que jamás vio al «paciente»

Rosas, pero de quien dice José Ingenieros, y no yo, que  fue evidente su

propósito de legar a la posteridad un Rosas "loco moral". O sea que hubo

un propósito apriorístico evidente en Ramos Mejía. Recuerde, Inés, que

estos son juicios de José Ingenieros, quien no sólo lo indica así, sino

que presenta las razones que lo llevaron a su convencimiento.

Otro rasgo de su culto a la personalidad. De estudio también para

la psiquiatría médica, no sólo para el simple historiador.

Esto indicaría, Inés, que todos los políticos fueran entonces psicópatas,
pues quien no se hiciera pintar se hace fotografiar, y aquí podríamos
incluir no sólo a los políticos, sino a todos aquellos que fueran o se
consideraran «personalidades».

Además, los restos del tirano felizmente no se encontraban en Argentina

y, aunque se hubieran localizado en estas latitudes, habría que sopesar

las virtudes y los vicios de una exhumación fundada en motivos científicos.

Aquí me da usted la impresión de haber razonado poco, estimada Inés.
Si tenemos en cuenta que la obra de Ramos Mejía apareció en 1878,
debió ser comenzada unos años antes, aún en vida de Rosas. En este
caso no hubiera sido necesario contar entonces con los restos mortales
del examinado, pues vivía. Además, poco de la psiquis de un «paciente»
se podría estudiar en restos mortales, a menos que volviéramos a la
frenología o a la antropología criminal lombrosiana analizando relieves
craneales.

Por otra parte debemos observar, Picotto, que la obra "Las neurosis

de los hombres célebres en la historia argentina" fue escrita por Ramos

Mejía en el año 1878 y resultó ser una novedad en su género.

Ser algo una «novedad» no le da carácter de razonable ni fundado.
Además, el «juicio» de Rosas no fue ninguna novedad en esa fecha,

Inés. Recuerde la legislatura porteña diciendo el 1° de julio de 1857:

«No se puede librar el juicio de Rosas a la historia, como quieren

algunos». O sea que el «resultado» de la obra de Ramos Mejía no

podría haberse apartado de las premisas preestablecidas en la política

de la época. Recuerde a José Ingenieros, quien claramente dice

respecto de la intención de Ramos Mejía: Es evidente su propósito

de legar a la posteridad un Rosas "loco moral"; acumuló para ello

todos los elementos de diagnóstico, sin desdeñar los más equívocos
o insignificantes. Le reitero, Inés: esto no lo digo yo sino el amigo
y discípulo de Ramos Mejía.

Empero es en otra de sus obras "Rosas y su tiempo", escrita bastante

tiempo después (1907), donde Ramos Mejía aborda específicamente

la figura del tirano.Vuelve usted al dificultoso y soporífero método de

copiar e intercalar pensamientos de los revisionistas que no pueden

competir con los volúmenes de las academias.

Sigue confundida, Inés. En mi nota he citado principalmente a José

Ingenieros, ningún revisionista, y es él quien desautoriza y critica

a su maestro Ramos Mejía:

«Verdad es que el autor no se detuvo a criticar el valor histórico

de lasfuentes a que acudió en busca de datos: tomó por verdades

probadas las más burdas patrañas de los panfletistas unitarios,

repitiendo disparatadas anécdotas inventadas por la imaginación

febriciente de algunos proscritos. Sus citas de Rivera Indarte, de

Lamas y de otros, parecen hoy recortes de "crónicas de policía"

intercaladas por error en un libro de medicina, [sic, medicina y no
historia] escapadas de su destino legítimo: los folletines terroríficos

de Eduardo Gutiérrez.
[...]
Ramos Mejía llevó su afán de imparcialidad hasta escribir, sin

desearlo, la más sólida justificación de Rosas que haya escrito

jamás argentino alguno... su obra demostraba lo contrario de lo

que él se había propuesto.
[...]
Nunca, ningún autor, ha luchado más que él contra sus propios

sentimientos para ser imparcial; y, por haberlo conseguido,

hizo de Rosas un personaje verdaderamente representativo

de su época y de su tiempo. Porque Rosas lo fue, como lo

reconoció Sarmiento en repetidos escritos que amenguan

el juicio apocalíptico de "Facundo"...

 

[Los subrayados son míos]

Esto y mucho más es lo que dice José Ingenieros sobre las deficiencias
de la obra de Ramos Mejía, cosa que no queda muy bien pasar por alto
como lo hace usted, Inés. Lo mismo pasa usted por alto —como todo
aquello que no puede rebatir, que es mucho— la precisa advertencia de

Sarmiento a Ramos Mejía, algo que igualmente comenta Ingenieros:

«Sarmiento, que tenía el don de husmear el ingenio de los otros,

reconociendo a los miembros de su propia familia, fue de los

primeros en escribir sobre las "Neurosis". (Vol. XLVI, pág. 293).

Honrado como era, no pudo eximirse de dar a Ramos Mejía un

consejo de polemista arrepentido, ya que también su "Facundo"

había contribuido a formar la "leyenda" de la tiranía.

"Prevendríamos al joven autor que no reciba como moneda

de buena ley todas las acusaciones que se han hecho a Rosas

en aquellos tiempos de combate y de lucha, por el interés mismo

de las doctrinas que explicarían los hechos verdaderos".

Sarmiento sabía muy bien por qué lo decía.


[Los subrayados son míos]

Hasta al mismo Sarmiento le parecía exagerado el ataque de Ramos
Mejía, pero respecto de todo esto no dice usted una palabra, como
tampoco dice nada en absoluto de Nicanor Albarellos y su precisa
«apelación» ante la legislatura de Buenos Aires: Si el juicio de
Rosas lo librásemos al fallo de la historia, no conseguiremos que
Rosas sea condenado como tirano, y sí tal vez que fuese en ella el
más grande y el más glorioso de los argentinos.

 

Si bien pasar por alto los hechos sobre los que nada se pudiera oponer
fuera una forma de salir del paso, esta «habilidad» no es precisamente
una de las más prestigiosas, Inés. Su forma de argumentar de ninguna
manera es sobresaliente. Es la de los «sarmientistas», muy lejos de lo

que decía el mismo Sarmiento, quien hasta desautorizó a Ramos Mejía

en su crítica a Rosas.

Yo no participo de este método en una correspondencia por correo

electrónico porque para lograr una adecuada refutación debería

emplear varias horas de mi tiempo en semejante empresa, cuestión

resuelta satisfactoriamente por nuestros historiadores, a quienes les

dejo el mérito.

Es curioso que esto lo argumenta usted después de mi «doceava»
entrega, como dice usted en dudoso castellano. Un doceavo de mis
«entregas» sería una de ellas, la doceava parte. Quizá se refiera
usted a mi «duodécima» nota. Recién ahora se da cuenta de que
para argumentar con fundamento no sólo hay que tener tiempo
sino que puede ser además trabajoso. Pero no dejó de tratar de
ver si en una de esas me «corría a ponchazos» once veces. Como
no fue posible, resulta que ahora la señora Inés carece de tiempo.
Esopo, en un caso así, le hacía decir a la zorra que estaban verdes...

Si yo empleara su metodología de copiar a los clásicos a través de

largos párrafos daría a usted la posibilidad que me conteste y, por

este sistema, esta comunicación sería de nunca acabar.

Además —y eso lo dice Freud por usted, Inés— podría perder su
afición por la mitología o «historia real argentina».

Para ir concluyendo ha sido un gusto conocer a un argentino que

también se preocupa por nuestra historia.

Contrariamente a otros que sólo se dedican a «historia real». No se

ponga a estudiar a Rosas por los «clásicos», Inés, a riesgo de que le

pase lo que a Ramos Mejía según la frase del Dr. Francisco de Veyga:

"Rosas lo conquistó a Ramos".

Atentamente
Inés Álvarez de Toledo.

Encantado, Inés et à vos pieds, Madame
Enrique

______________________________________

Enrique C. Picotto - www.picotto.net

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