|
Subject: |
Rosas y Sarmiento. Final. |
|
Date: |
Thu, 22 May 2003 22:56:59
+0200 |
|
From: |
Enrique C. Picotto
<e.c.picotto@attglobal.net> |
|
To: |
Inés Álvarez de Toledo <ines@alvarezdetoledo.com> |
|
CC: |
Sr. Mario «Pacho»
O'Donnell <mario@odonnell-historia.com.ar>,
Foro Historia del Plata <Historia_del_Plata@gruposyahoo.com.ar>,
"Instituto Nacional de
Invest. Históricas J. M. de Rosas" <inrosas@fibertel.com.ar>,
"Dr. Oscar Denovi" <oscardenovi@hotmail.com>,
"Prof. James O. Pellicer
- New York" <jop63@yahoo.com>,
"Sr. Diputado Fernando A.
Finvard" <fefinvarb@legislatura.gov.ar>,
Eliezer Nowodworski <elinow@netvision.net.il>,
"Ing. José Ramón Miranda"
<jopomir@ciudad.com.ar>,
"Dr. Amílcar R. Mattoni"
<ramattoni@sinectis.com.ar>,
Carlos Dragovich - Long
Island <cdragovich@biodex.com>,
Emilio Salas <salase@sanjulian.com>,
"La Nación - Usted opina"
<udopina@lanacion.com.ar>,
"La Nación - Cartas de
lectores" <cartasdelectores@lanacion.com.ar> |
22 de mayo de
2003
Rosas y Sarmiento
- Final
Inés Álvarez de Toledo me decía:
Picotto:
Como ve,
hago ingentes esfuerzos para responder por doceava vez
a la comunicación por usted iniciada a través de
este medio electrónico.
¡Qué herramienta poderosa ha resultado ser
internet! Tiene que tener
cuidado y evitar que éste se convierta, sin
quererlo, en un instrumento
más a favor de lo que usted denomina la
colonización pedagógica.
No creo, Inés...
Al contrario: servirá para desasnarnos. Recuerde
lo que
se habló en su tiempo en
contra de algo en relación similar a esto de la
Internet de hoy: la imprenta.
Quienes principalmente se opusieron fueron
aquellos que estipulaban qué
se debía escribir y se vieron alarmados
por la consunción de su
monopolio en la regencia del pensamiento. Se
opusieron otros también:
aquellos que como copistas temían perder sus
sinecuras.
Le
contesto su mensaje, tratándolo de despedir manifestándole que
-aparentemente- el primer párrafo del mismo
fue idea de algún personaje
o amigo
cibernético suyo. ¿Rimar2000.com.ar tal vez?
No tengo ganas
de
pertenecer a la partida de tiro largo para
continuar con estos temas
que son
interesantes pero que distraen tiempo a mis
actividades diarias
que son
muchas y muy diversas.
No entendí la referencia a
Rimar 2000, pero ya profundizaré. Lamento
a la vez que interesarse por nuestra historia le lleve ahora tanto
tiempo.
Pero no creo que fuera diferente de cualquier otro tema de interés si
fuera tomado en serio. Ocurre que no puede uno ocuparse de todo,
Inés, es verdad. Pero así como acaso demos a lavar y planchar por
ser tedioso, por la misma razón suelen algunos «dar a pensar» y lo
encuentran práctico.
Podrá
deducir que me siento más a gusto participando del
pensamiento de la historia real argentina.
Sabrá usted, Inés, qué se
entiende bajo «historia real argentina». Hasta ahora
vimos que lo que a usted la
hace «sentir a gusto» no tiene parangón con la
historia documentada, que
sería la real. Pero a la documentación hay que
acostumbrarse, algo que
también puede ser sólo cuestión de definiciones.
Para algunos es suficiente
con que un tema esté impreso para decir que está
«documentado». Así como las
mitologías, que se las puede leer en libros.
A
propósito, le adjunto una invitación.Sólo un par de conceptos, para
no
dejarlo en el palenque, respecto de las
opiniones que usted vierte
sobre el
doctor e historiador Ramos Mejía.
No puede usted descalificar
a Ramos
Mejía porque discrepe respecto a la teoría,
novísima y de gran
aceptación en su época (confr. Spurzheim), que tiene como
premisa que
las
aptitudes y funciones mentales del ser humano se encuentran
localizadas
en zonas
específicas del cerebro. ¿O ahora también usted es médico?
No, no soy médico, pero creo
tener un juicio lo suficientemente analítico
como para «darme cuenta de
las cosas». Analicemos esto último que
afirma usted, por darnos el
gusto:
No puede
usted descalificar a Ramos Mejía...
No descalifiqué para nada a
José M. Ramos Mejía. Sólo cité a José
Ingenieros, su
discípulo y admirador, quien con la competencia profesional
necesaria desautorizó a Ramos
Mejía en lo referente a Rosas, diciendo que
más bien enalteció su figura.
Repito: José Ingenieros, discípulo de Ramos Mejía
y «antirosista».
Si
quiere, discuta también con ellos. Ramos Mejía era un sabio en su
época:
a su título de grado de médico, le sumó el de
doctor en medicina.
Fue
catedrático universitario de enfermedades
nerviosas y mentales
e
iniciador de la psiquiatría argentina. Todos
estos saberes han sufrido
una gran
evolución, al igual que la ciencia médica,
en este último siglo.
Muchas
de estas teorías han sido discutidas y
reexaminadas.
Consecuentemente, Inés, si
estas teorías que llevaron a Ramos Mejía a las
conclusiones a que arribó
fueron superadas, por esa misma razón queda
desautorizado su juicio: por
haber sido demostrado que partió de falsas
premisas, por más que en su
momento no hubiese habido mejores.
No parece ser así en nuestra
mitología o «historia argentina real» donde,
si bien haya demostrado la
ciencia el error de Ramos Mejía y su época,
su juicio sobre una supuesta
alienación de Rosas sigue en pie como si
el avance de la ciencia no
existiera, y muchos no sólo creen en este juicio
obsoleto, sino que además lo
defienden. Como lo hace usted, Inés. Más
que mitológica, su posición
parecería ser dogmática.
Empero
esto no debe hacer que usted caiga en un reduccionismo
histórico cuasi adolescente. Recuerde
también que el retrato fue,
hasta la
aparición del daguerrotipo y la fotografía,
la forma general
para
conservar la fisonomía o estampa de una persona.
La imagen
de Rosas
fue pintada y exhibida mientras gobernaba por toda la gran
aldea.
Trate, Inés, de analizar
objetivamente. Lo que examinó Ramos Mejía —
para aplicar a la vez teorías
equivocadas, aunque no hubiese conocido
mejores— no fue un paciente,
sino retratos, alterados a su vez no sólo
por la índole, inclinaciones
y licencia interpretativa de los artistas, que
llevaban a la tela además de
la propia subjetividad, también la de la
época y el entorno. El mismo
Alberdi —ningún federal, si bien podríamos
pensar que fuera uno de los
primeros «revisionistas»— dijo después de
conocer a Rosas
personalmente, indicando indudablemente haberse
ocupado de sus rasgos físicos:
Su fisonomía no es mala.
La cabeza es chica y la frente, echada
para atrás, es bien formada, más bien que alta. Los ojos son chicos.
A estas mismas apreciaciones
agregó expressis verbis:
Se parece poco a sus
retratos.
Esto debería hacerla dudar a
usted también, Inés, y, sin embargo, sigue
usted incólume en su adhesión
a Ramos Mejía, que jamás vio al «paciente»
Rosas, pero de quien dice
José Ingenieros, y no yo, que fue evidente su
propósito de legar a la
posteridad un Rosas "loco moral". O sea que hubo
un propósito apriorístico
evidente en Ramos Mejía. Recuerde, Inés, que
estos son juicios de José
Ingenieros, quien no sólo lo indica así, sino
que
presenta las razones que lo llevaron a su convencimiento.
Otro
rasgo de su culto a la personalidad. De estudio también para
la
psiquiatría médica, no sólo para el simple
historiador.
Esto indicaría, Inés, que
todos los políticos fueran entonces psicópatas,
pues quien no se hiciera pintar se hace fotografiar, y aquí podríamos
incluir no sólo a los políticos, sino a todos aquellos que fueran o se
consideraran «personalidades».
Además,
los restos del tirano felizmente no se encontraban en Argentina
y,
aunque se hubieran localizado en estas
latitudes, habría que sopesar
las
virtudes y los vicios de una exhumación
fundada en motivos científicos.
Aquí me da usted la impresión
de haber razonado poco, estimada Inés.
Si tenemos en cuenta que la obra de Ramos Mejía apareció en 1878,
debió ser comenzada unos años antes, aún en vida de Rosas. En este
caso no hubiera sido necesario contar entonces con los restos mortales
del examinado, pues vivía. Además, poco de la psiquis de un «paciente»
se podría estudiar en restos mortales, a menos que volviéramos a la
frenología o a la antropología criminal lombrosiana analizando relieves
craneales.
Por otra
parte debemos observar, Picotto, que la obra "Las neurosis
de los
hombres célebres en la historia argentina"
fue escrita por Ramos
Mejía en
el año 1878 y resultó ser una novedad en su
género.
Ser algo una «novedad» no le
da carácter de razonable ni fundado.
Además, el «juicio» de Rosas no fue ninguna novedad en esa fecha,
Inés. Recuerde la legislatura
porteña diciendo el 1° de julio de 1857:
«No se puede librar el
juicio de Rosas a la historia, como quieren
algunos». O sea que el
«resultado» de la obra de Ramos Mejía no
podría haberse apartado de
las premisas preestablecidas en la política
de la época. Recuerde a
José Ingenieros, quien claramente dice
respecto de la intención de
Ramos Mejía: Es evidente su propósito
de legar a la
posteridad un Rosas "loco moral"; acumuló para ello
todos los elementos
de diagnóstico, sin desdeñar los más equívocos
o insignificantes. Le reitero, Inés: esto no lo digo yo
sino el amigo
y discípulo de Ramos Mejía.
Empero
es en otra de sus obras "Rosas y su tiempo", escrita bastante
tiempo
después (1907), donde Ramos Mejía aborda
específicamente
la
figura del tirano.Vuelve usted al
dificultoso y soporífero método de
copiar e
intercalar pensamientos de los revisionistas
que no pueden
competir
con los volúmenes de las academias.
Sigue confundida, Inés. En mi
nota he citado principalmente a José
Ingenieros, ningún
revisionista, y es él quien desautoriza y critica
a su maestro Ramos Mejía:
«Verdad
es que el autor no se detuvo a criticar el valor histórico
de lasfuentes a que
acudió en busca de datos: tomó por verdades
probadas las más
burdas patrañas de los panfletistas unitarios,
repitiendo disparatadas
anécdotas inventadas por la imaginación
febriciente de algunos
proscritos. Sus citas de Rivera Indarte, de
Lamas y de otros, parecen
hoy recortes de "crónicas de policía"
intercaladas por error
en un libro de medicina, [sic,
medicina y no
historia] escapadas
de su destino legítimo: los folletines terroríficos
de Eduardo Gutiérrez.
[...]
Ramos Mejía llevó su afán de imparcialidad hasta escribir,
sin
desearlo, la más sólida
justificación de Rosas que haya escrito
jamás argentino
alguno... su obra demostraba lo contrario de lo
que él se había
propuesto.
[...]
Nunca, ningún autor, ha luchado más que él contra sus propios
sentimientos para ser
imparcial; y, por haberlo conseguido,
hizo de Rosas un personaje
verdaderamente representativo
de su época y de su tiempo.
Porque Rosas lo fue, como lo
reconoció Sarmiento
en repetidos escritos que amenguan
el juicio apocalíptico de
"Facundo"...
[Los subrayados son míos]
Esto y mucho más es lo que
dice José Ingenieros sobre las deficiencias
de la obra de Ramos Mejía, cosa que no queda muy bien pasar por alto
como lo hace usted, Inés. Lo mismo pasa usted por alto —como todo
aquello que no puede rebatir, que es mucho— la precisa advertencia
de
Sarmiento a Ramos
Mejía, algo que igualmente comenta Ingenieros:
«Sarmiento,
que tenía el don de husmear el ingenio de los otros,
reconociendo a los miembros
de su propia familia, fue de los
primeros en escribir sobre
las "Neurosis". (Vol. XLVI, pág. 293).
Honrado como era, no pudo
eximirse de dar a Ramos Mejía un
consejo de
polemista arrepentido, ya que también su "Facundo"
había contribuido a
formar la "leyenda" de la tiranía.
"Prevendríamos al joven
autor que no reciba como moneda
de buena ley todas las
acusaciones que se han hecho a Rosas
en aquellos tiempos de
combate y de lucha, por el interés mismo
de las doctrinas que
explicarían los hechos verdaderos".
Sarmiento sabía muy bien
por qué lo decía.
[Los subrayados son míos]
Hasta al mismo Sarmiento
le parecía exagerado el ataque de Ramos
Mejía, pero respecto de todo esto no dice usted una palabra, como
tampoco dice nada en absoluto de Nicanor Albarellos y su precisa
«apelación» ante la legislatura de Buenos Aires: Si el juicio de
Rosas lo librásemos al fallo de la historia, no conseguiremos que
Rosas sea condenado como tirano, y sí tal vez que fuese en ella el
más grande y el más glorioso de los argentinos.
Si bien pasar por alto los
hechos sobre los que nada se pudiera oponer
fuera una forma de salir del paso, esta «habilidad» no es precisamente
una de las más prestigiosas, Inés. Su forma de argumentar de ninguna
manera es sobresaliente. Es la de los «sarmientistas», muy lejos de lo
que decía el mismo Sarmiento,
quien hasta desautorizó a Ramos Mejía
en su crítica a Rosas.
Yo no
participo de este método en una correspondencia por correo
electrónico porque para lograr una adecuada
refutación debería
emplear
varias horas de mi tiempo en semejante
empresa, cuestión
resuelta
satisfactoriamente por nuestros historiadores,
a quienes les
dejo el
mérito.
Es curioso que esto lo
argumenta usted después de mi «doceava»
entrega, como dice usted en dudoso castellano. Un doceavo de mis
«entregas» sería una de ellas, la doceava parte. Quizá se refiera
usted a mi «duodécima» nota. Recién ahora se da cuenta de que
para argumentar con fundamento no sólo hay que tener tiempo
sino que puede ser además trabajoso. Pero no dejó de tratar de
ver si en una de esas me «corría a ponchazos» once veces. Como
no fue posible, resulta que ahora la señora Inés carece de tiempo.
Esopo, en un caso así, le hacía decir a la zorra que estaban
verdes...
Si yo
empleara su metodología de copiar a los clásicos a través de
largos
párrafos daría a usted la posibilidad que me
conteste y, por
este
sistema, esta comunicación sería de nunca
acabar.
Además —y eso lo dice Freud
por usted, Inés— podría perder su
afición por la mitología o «historia real argentina».
Para ir
concluyendo ha sido un gusto conocer a un argentino que
también
se preocupa por nuestra historia.
Contrariamente a otros que
sólo se dedican a «historia real». No se
ponga a estudiar a Rosas por
los «clásicos», Inés, a riesgo de que le
pase lo que a Ramos Mejía
según la frase del Dr. Francisco de Veyga:
"Rosas lo conquistó a
Ramos".
Atentamente
Inés Álvarez de Toledo.
Encantado, Inés et à vos
pieds, Madame
Enrique
______________________________________
Enrique C. Picotto -
www.picotto.net
D - 71067 Sindelfingen
- Alemania
Tel.: +49 [0]7031 819 48 43
& 819 48 51 - Fax 80 88 84
Retornar