© Enrique C. Picotto - D 71067 Sindelfingen, Alemania  - Mail to Enrique C. Picotto 14.11.03

 

 

Subject:

Rosas y Sarmiento - V

Date:

Sun, 11 May 2003 15:50:03 +0200

From:

Enrique C. Picotto <e.c.picotto@attglobal.net>

To:

Inés Álvarez de Toledo <ines@alvarezdetoledo.com>

CC:

Sr. Mario «Pacho» O'Donnell <mario@odonnell-historia.com.ar>,

Inst. Nacional de Invest. Históricas J. M. de Rosas <inrosas@fibertel.com.ar>,

Dr. Oscar Denovi <oscardenovi@hotmail.com>,

Prof. James O. Pellicer - New York <jop63@yahoo.com>,

Ing. José Ramón Miranda <jopomir@ciudad.com.ar>,

Dr. Horacio W. Bauer <BauerH@lacaja.com.ar>,

Carlos Dragovich - Long Island <cdragovich@biodex.com>,

Sr. Diputado Fernando A. Finvard <fefinvarb@legislatura.gov.ar>,

Prof. José Antonio Iglesias <joseiglesias@arnet.com.ar>,

Osvaldo Julio Schiavoni <postmaster@rimar2000.com.ar>,

Eliezer Nowodworski <elinow@netvision.net.il>,

Sr. Horacio Salduna - Instituto Urquiza <horacios@satlink.com>,

Dr. Amílcar R. Mattoni <ramattoni@sinectis.com.ar>,

La Nación - Cartas de lectores <cartasdelectores@lanacion.com.ar>,

La Nación - Usted opina <udopina@lanacion.com.ar>


11 de mayo de 2003

 

Rosas y Sarmiento - V


Estimada señora Inés Álvarez de Toledo:

 

Transcribo al pie su nota de ayer. Si bien hubiese querido responder

cada uno de los puntos, lo único someramente definido que encontré

en todo el escrito es una simple mención de un supuesto «proceso de

constitucionalización» «prolongado» hasta 1860 que, como todas sus

disquisiciones, carece en absoluto de cualquier referencia histórica

concreta.

 

Estimo que sus relatos no superan la calidad de episodios de más

o menos libre interpretación que, si bien pudieran ser amenos para

la tertulia a la hora del té con scones o muffins —o también para

publicar en el «prestigioso matutino»—, no poseen ninguna relevancia

histórica en el curso de una discusión seria.

 

Parangonando a Landrú, diría que son charlas de «señoras y señoros

gordos». Ceterum censeo que nada habría para oponer a esta opinión

personal suya salvo tratar acaso de habituar su forma de pensar al

método histórico, algo que obviamente está fuera de mis posibilidades

y —más aún— de mis atribuciones.

 

Buscando alguna otra cita aproximadamente concreta en su extensa

exégesis, encuentro que menciona usted nuestras «Academias».

Opinaba Arturo Jauretche respecto de las academias argentinas,

en especial sobre la de la Historia — o de las historias: «La calidad

de Académico da la más alta jerarquía al figurón», y relataba esta

anécdota publicada en la revista «Confirmado», número 77, del

03.12.1966:

«El repórter supone que una Academia de la Historia debe estar
constituida por historiadores del más alto nivel. Por eso mismo
pregunta cómo forman parte de la academia Arturo Capdevila,
que es poeta pero no historiador, y Monseñor Caggiano. El
académico Fitte contesta: Capdevila es autor de unos romances
que se refieren a la Patria y a temas históricos en general.

Además escribió cosas (sic) sobre el Padre Castañeda. En
cuanto al Cardenal Caggiano, creo que nos honra siendo
académico.

 

El académico Fitte no hace más que ratificar lo que he venido
diciendo: el personaje sirve lo mismo para un barrido que para
un fregado, siempre que trabaje de cipayo barriendo para
adentro. Es académico porque es personaje, y personaje
porque es académico. Que sepa la técnica de la academia,
en este caso  la historia, es inimportante; basta con un poema
patriótico y «alguna cosa sobre el Padre Castañeda». Del

mismo modo, no importa que Monseñor Caggiano no sea

historiador; lo que importa es que la academia sea prestigiosa

porque siendo prestigiosa la academia, son prestigiosos los

académicos, y siendo prestigiosos los académicos, es

prestigioso lo que dicen.»
-----------------        --- Arturo Jauretche, Los profetas del odio, 269/270

Estos personajes me recuerdan a usted, señora, que hasta se

autoatribuye «idoneidad» en conocimientos de Historia Argentina,

de los que hasta ahora no hay trasunto alguno en sus escritos.

Estimo que tanto Capdevila como Caggiano se considerarían

igualmente poseedores de esta «idoneidad» para discurrir sobre

Historia tal como lo hace usted:

«Resulta innecesario justificar ante usted mi idoneidad acerca
de mis conocimientos sobre la historia argentina y más
precisamente sobre el tirano.»
  Inés Álvarez de Toledo, 09.05.03

Saludo a usted, señora
Enrique C. Picotto

______________________________________

D - 71067 Sindelfingen - Alemania - www.picotto.net
Tel.: +49  [0]7031  819 48 43  &  819 48 51 -  Fax 80 88 84
 

 


_________________________________________________

 

Nota de la señora Inés Álvarez de Toledo del 10.05.2003

Señor Picotto:

Realmente no me interesa polemizar con su "intelligentsia tiranica" y su documentología
que pretende violentar el orden natural de la historia real. El concepto, Picotto, es lo que
debe tratar de fundamentar. Nunca podrá refutar la afirmación que Rosas fue un tirano
y que fue sacado del poder por el hastío de un pueblo que se cansó de sus prácticas
despóticas.

 

Picotto, quien sangra por la herida es usted al ver que cualquier intento por rememorar
al tirano produce un encono mayúsculo entre los hombres y mujeres libres que se oponen
al despotismo.

 

No entraré en su juego de intenar debatir lo que ha sido estudiado durante años por las
Academias, muy también a su pesar, y los razonaminetos y conclusiones a las que ellas
han arribado.

 

Su tan reiterado intento de racionalizar documentalmente sus opiniones olvidan el
desprecio empírico del significado de Rosas para nuestro pueblo que no dudó en
enfrentarlo y vencerlo, sin que el tirano tuviese el valor de intentar siquiera volver
a estas tierras que lo expulsaron hasta el fin de sus días.

 

Res non verba. El tirano cayó, no hay documentación que destruya estos hechos.
Usted sabe mejor que yo sus repeticiones. Repite, espasmódicamente,  vgr. la cita
de la Biografía de Vélez Sarsfield.

 

A sus intentos documentalistas le opongo la entrada de millones de inmigrantes en
la Argentina, luego de la caída de régimen rosista que usted insiste en defender.
Sus papeles no son suficientes para variar la realidad. Los argentinos no necesitamos
de su "intelligentsia tiranica" para apreciar los hechos.

 

No abra otro capítulo pero sepa que, como todo hecho social, la inmigración —como tal—
fue beneficiosa para la Argentina. Por supuesto que tuvo sus grises. Aquí, seguramente,
otra diferenciación respecto a este instituto nos separa. También yo poseo entre mis
antepasados nonagenarios sus recuerdos acerca de este tema. Algunos, sí, los menos —
para el caso— hijos y nietos de la inmigración; otros, los más, descendientes de los que
edificaron la Argentina, hoy -por desgracia- tan alicaída.

 

No es una falacia que Rosas haya detentado un poder omnímodo a través de la
demagogia y el terror porque, como usted bien lo dice, detentar significa: retener
algo sin derecho, y lo que el tirano detentó fueron las libertades de los argentinos,
derechos naturales inalienables y preexistentes al pueblo. La reiterada, insisto,
documentación por usted aportada no varía mis conclusiones. Mi respeto por la
figura de Sarmiento que, junto con Alberdi fueron los más importantes iuspublicistas
rioplatenses, no es incondicional. Partimos nuevamente de diversos postulados.

Los míos tienen basamento en el iusnaturalismo y el contractualismo social. En la
lucha constante entre el poder y la libertad. Y entre ellos me quedo con la libertad.

 

La historia está llena de suicidos colectivos. Luego de la caída de Rosas los
constituyentes incorporaraon sabiamente en el texto constitucional numerosas
cláusulas tendientes a evitar las prácticas del tirano en oposición a la suma del
poder público y a las facultades extraordinarias generando un útil sistema de pesos
y contrafrenos contra el poder público. Insisto, por enésima vez, en que evite repetir
la documentación que ya aportara porque no introduce ninguna novedad a la cuestión
la que se torna latosa.

 

Tratar de confundir vanamente a la civilidad con una cuestión secundaria cual es el
nombre de la batalla de Caseros por la que Rosas terminó su larga tiranía es anteponer
el caballo a la carreta. Igual conclusión respecto a sus conecptos acerca de que Urquiza
no fue el vencedor de Caseros ¿Latoso usted?

 

No se vaya de tema con la participación del Brasil en la caída del tirano. Sus aportes
son interesantes y todos conocemos la política expansionista lusitana continuada por
el Imperio del Brasil. Obviamente los argentinos de entonces también la conocían,
incluyendo al general Paz, a quien usted cita. El pronunciamiento de Urquiza
efectivamente se efectuó para guerrear conta el gobierno de la provincia de
Buenos Aires, no contra su pueblo. También le expliqué que el proceso de
constitucionaliación, al que defiendo, no fue instantáneo sino que se prolongó
hasta el año 1860. La caída de Rosas fue el primer gran paso que debía darse.
No el único.

 

Tampoco desviemos el tema con la triste realidad de nustra querida Argentina
actual. Postrada. Como ve es un punto que, pese a nuestra insalbables diferencias,
nos aglutina. Empero tampoco compartiría seguramente con usted la fecha en que
comenzó la decadencia Argentina actual. Pero para evitarle cualquier confrontación
al respecto, vana por cierto porque no remediará nuestros males, soslayo la importante
cuestión.

 

Argentina fue grande mientras sus gobernantes lo hicieron efectivamente bajo el
amparo del paraguas de la Constitución Nacional que organizó a la república. Su
catálogo de derechos, su sistema de libertades, su organización del poder. Un
ejemplo de construcción del derecho como pocos en el mundo. Sí, por supuesto,
con defectos subsanables institucionalmente, como cualquier sociedad civilizada
del orbe pretende hacerlo. Yo me inclino ante aquella Argentina de la época
constitucional y ante los hombres que, machaco —con sus virtudes y defectos—
la organizaron institucionalmete sacándola de la barbarie y de la postración en
que Rosas la había sumido por décadas.

 

Atentamente.

Inés Álvarez de Toledo.

Retornar