www.picotto.net -  Enrique C. Picotto - D 71067 Sindelfingen, Alemania  - Mail to Enrique C. Picotto 14.11.03

 

Subject:

La Argentina todavía

Date:

Fri, 04 Oct 2002 17:34:28 +0200

From:

Enrique C. Picotto <e.c.picotto@attglobal.net>

To:

Sra. Patricia Bullrich <pbullrich@ahoraargentina.org>

CC:

La Nación - Carta de lectores <cartadelectores@lanacion.com.ar>,

La Nación - Usted opina <udopina@lanacion.com.ar>,

Sr. Camilo Valdecantos - EL PAÍS <defensor@elpais.es>,

Dr. Horacio W. Bauer <BauerH@lacaja.com.ar>,

Prof. James O. Pellicer - New York <jop63@yahoo.com>,

Carlos Dragovich <cdragovich@biodex.com>,

Ing. José Ramón Miranda <jopomir@ciudad.com.ar>,

Instituto Nacional de Invest. Históricas J. M. de Rosas <inrosas@fibertel.com.ar>,

Osvaldo Julio Schiavoni <postmaster@rimar2000.com.ar>,

Dr. Carlos Ricaud <carlosricaud@yahoo.com.ar>,

Página/12 - Redacción <redactores@pagina12.com.ar>


 

La Argentina todavía
Por Julio María Sanguinetti
El País, Madrid, 27.09.2002

 

LA NACION | 30/09/2002 | Página 09 | Política
http://www.lanacion.com.ar/02/09/30/dp_436284.asp

 

Sra. Patricia Bullrich
Buenos Aires

 

Su carta de agradecimiento de hoy en «La Nación»

Dice usted en su nota:

http://www.lanacion.com.ar/02/10/04/do_437366.asp
LA NACION | 04/10/2002 | Página 20 | Opinión

 

Agradecida

 

Señor Director:

 

A raíz del artículo publicado en LA NACION el 30 de septiembre

pasado, quisiera transmitir a través de este medio unas palabras

de agradecimiento al ex presidente del Uruguay. Gracias, doctor

Julio Sanguinetti por su aliento.

 

Como argentina creo y me emociono por sus palabras y su

respeto. Claro que la Argentina puede y debe salir. Estamos 

muchos trabajando para ello. Para esta Argentina que hace

cosas y, como usted bien  dice, muchas cosas bien, con

inteligencia, con amor y con dedicación. Es verdad, doctor

Sanguinetti, que el debate político es enconado y personalizado.

 

Pero no le tenga miedo a esto porque los argentinos, así como

tenemos que reconocer nuestros desaciertos, también tenemos

que reconocer que este mismo patrimonio de inteligencia que

usted describe tiene que estar asentado sobre un patrimonio

de ética, de transparencia para que la gestión de todos los que

hacen las cosas bien se construya y no sea el Gobierno el

obstáculo a la creatividad de nuestra tierra.

 

Por eso también la Argentina tiene que salir al mundo con sus

convicciones, con valores y principios. Y esta tarea de reconstruir

valores y principios es una causa. Y esta discusión tiene que ser

tan enconada como la necesidad del cambio que precisamos. Es

un cambio profundo. La Argentina, para que miles de Barenboim

se desarrollen, para que miles de escritores escriban y para que

millones trabajen, precisa de un debate duro, intenso, profundo.

 

Un debate que defina nuestro ser político, que defina el poder para

servir y no el poder para servirse. Y ordene así nuestra pirámide

de valores. Entonces, en su próximo artículo cuando hable de la

Argentina, recordará y hablará del sucesor de Cantinflas que, en

vez de decir «está compuesta por millones de habitantes que

quieran hundirla, pero no lo logran», dirá «he conocido una

Argentina compuesta por millones de habitantes que la quieren

hacer crecer, construyen y lo logran.

 

Estamos en un tiempo de definiciones. No queremos que se hable

de nuestra nación como si fuera un paria trasgresor irrecuperable.

Es intolerable ser espectadora de la perdida de respeto y es,

igualmente intolerable, aceptarlo y justificar a quien expresa

críticas que en nada condicen con la Argentina —en mayúsculas—,

la que usted tan bien recupera en su esencia, nuestra gran patria,

más allá y más acá de las graves dificultades políticas, sociales

y económicas que hoy atravesamos.

 

Sus palabras nos ayudan a decir que hay algunos que pueden

ver más allá del momento y ayudarnos. La Argentina necesita

estrategas. La Argentina necesita, como usted dice, un proyecto

de futuro. Muchos estamos trabajando y esté seguro de que lo

vamos a lograr. Gracias por su aliento.»

 

Patricia Bullrich
pbullrich@ahoraargentina.org

Creo que no habrá escrito su carta en tono irónico, señora Bullrich.
No descollamos los argentinos por conocimientos excepcionales de
nuestra historia y en esto incluiría a los hermanos de la vecina orilla
si consideramos las apreciaciones del señor Julio María Sanguinetti
refiriendo sobre nosotros desde la Banda Oriental en su nota del
27/30 de septiembre último.

 

Dice el señor Sanguinetti entre otras cosas:

[...]
Charles Darwin, en su célebre viaje en el Beagle, nos dejó un
relato apasionante, y hasta divertido. Como cuando encontró
dos gauchos y les preguntó por qué no trabajaban. Uno, luego

de pensar, le contestó: 'El día es demasiado largo'. Y el otro,

más meditativo aún: 'Porque soy demasiado pobre...'. Como

comentario general, el científico inglés escribió algo que de

algún modo resulta clave para entender la evolución posterior:

'Hay siempre un número de caballos tan grande y tal profusión

de alimentos que no se siente la necesidad de la industria'.

Esto no es nada que hubiese sido referido por primera vez por
Darwin, quien anduvo por nuestros pagos por 1831. Alejandro
Gillespie, mayor del ejército británico que se apoderó de Buenos
Aires en la primera invasión, indicó 25 años antes, en 1806:

Era entonces a mediados de diciembre; el verano había

comenzado con todos sus frutos, en un grado que yo no

concebía ni del cual pueda dar una idea por medio de

palabras. Teníamos la mayor abundancia de todo artículo

de alimentación, y, al ver avanzar el verano , las frutas más

escogidas, muchas más en realidad de las que hubiéramos

podido consumir; a la larga llegamos a detestarlas.
[...]
Prefieren la carne a cualquier otro alimento y la comen casi

cruda y en cantidades que un europeo creería imposible.
Alexander Gillespie, Diario de un soldado del Regimiento 71 de Glasgow

Claro es que Darwin tiene más payé, mas hechizo que Gillespie,
a quien nadie conoce. Es probable que Darwin tuviera noticia de
los papeles de Gillespie, pues se publicaron en Londres en 1818
y hubiese hecho no tanto una sorprendente observación clave,
sino que sólo habría comprobado la corrección de las notas de
Gillespie.

 

Pero lo que no dice la nota del señor Sanguinetti —pues no lo
sabía quizá Darwin, ni lo saben muchos argentinos— es que esto
de no sentir la necesidad de la industria (eufemismo por vagos)
también lo padecieron en nuestros lares los mismos británicos.
Los triunfos criollos contra los ingleses en ambas invasiones se
debieron en gran medida a la deserción de las tropas británicas
que, cansadas del largo viaje y tentadas por el paraíso terrenal
que nuestras tierras les ofrecían, se hacían perdiz por las pampas
y vivían panza arriba, mirando dar güelta el sol.

 

Los británicos por esa razón desistieron finalmente de tomar las
colonias por la fuerza, pues la pampa por su bondad fue siempre
enemiga de la disciplina, y desarrollaron entonces métodos más
refinados mediante ideas de independencia y empréstitos:

«Como decía Canning a Lord  Granville en una célebre carta:

"Los hechos están ejecutados, la cuña está impelida.

Hispanoamérica es libre y si nosotros sentamos rectamente

nuestros negocios ella será inglesa". Así como político genial

que era, incentivó todos los procesos de libertad de las provincias

del Virreinato del Río de la Plata, de Venezuela, Colombia, etc.,

porque la independencia de España, debía significar el

sometimiento a Gran Bretaña, a su poder económico que se

extendía sin escrúpulos por todo el continente».

 

Seminario sobre aspectos históricos de la deuda externa argentina
Alejandro Olmos Gaona, mayo de 2001

http://www.jubilee2000uk.org/analysis/articles/Historia_deuda_argentina_olmos.htm

Un siglo después de la Independencia, los ingleses eran dueños

del capital nacional que hacían administrar por los natives.


Continúa el señor Sanguinetti:

Cuando se llega al fin del siglo XIX y comienza el XX, la mirada

desde afuera pasa al asombro frente a la prosperidad y el buen

gusto. En 1908, la renta per cápita argentina era superior a la de

Francia, Japón y Alemania y ampliamente se distanciaba de la

de España e Italia. En 1910, en ocasión de las celebraciones del

centenario de la Independencia, Clemenceau llega a decir que

«el teatro Colón es el más grande y posiblemente el más bello
teatro del mundo». Es el momento de la gran inmigración, que

la infanta Isabel solemniza en un rumboso viaje poniendo la piedra fundamental del hermoso monumento a los españoles, que se

inaugurará seis años más tarde en una gran avenida ya poblada

de imponentes esculturas.

Veamos qué era este gran país en aquel 1910 del Centenario de la
Independencia, uno de los años de la «época dorada»:

[...]
El historiador inglés H. S. Ferns destaca que, en ese año, el 85%
de la riqueza argentina estaba en manos inglesas (291 millones
de libras sobre un total de 340 millones). La política, la economía,
la cultura, las grandes pautas sociales y las principales candidaturas
se resolvían en Inglaterra. Asume la presidencia Roque Sáenz Peña.
La mala situación de los chacareros en Santa Fe, determinada en
buena medida por la caída de los precios de los cereales, favoreció
la primera gran protesta agraria, conocida como Grito de Alcorta
(25.06.1912). Guerra mundial y complicaciones económicas.
Ley Sáenz Peña, que permitiría elecciones no fraudulentas.

Desarrollo, prosperidad y distribución - ¿Fue, es o se hace?
Dr. Horacio W. Bauer, El Arca N° 50, VI/2001 (pág. 35) -

Buenos Aires

Sólo el 15% pertenecía a la Argentina. O sea que si había riqueza en
el país, no era nuestra, y ese 15% no era otra cosa que la «comisión»
que dejaban los ingleses para que unos pocos oligarcas —que jamás
llegaron a ser dirigentes— hicieran simplemente de administradores
de las propiedades de la potencia, si es que no andaban justamente
«rastacuereando» por París, llevándose hasta la vaca y las ponedoras
en el barco, pues no podían cruzar el océano sin leche y huevos frescos.

El país parecía haber sido nuestro más o menos como hoy con la
globalización
, o en el período entre «Monte Caseros» y la Guerra
del Paraguay, donde el Banco Mauá & Cía. fue el árbitro del capital
en el Plata, y en una globalización «flor de ceibo» —pero de ninguna
manera menos efectiva— financiaba el presupuesto nacional que
nunca nos alcanzó, al igual que hoy, emitía moneda, cobraba por
contrato los impuestos fiscales y era dueño de la economía del Río
de la Plata. Tenga en cuenta que lo que yo llamo Río de la Plata
incluye ciertamente la patria del señor Sanguinetti, que en ese
tiempo perteneció totalmente al Banco Mauá & Cía.

 

Para quienes ya no lo recordaran, el barón, más tarde vizconde

de Mauá, Irineu Evangelista de Souza (1813–1889), era súbdito

de Dom Pedro II, emperador del Brasil, y su «Cía.» era la City en

Londres con Rothschild, Baring y consortes. Fue quien financió

«a campanha de Monte Caseros» y la Guerra del Paraguay. En

esta última campanha, gracias al estratega Mitre a guerra tornou

-se duradeira y el vizconde se atragantó. Poco después presentó

su quiebra y murió olvidado y pobre en Niteroi.

 

En cuanto al Colón, sí, allí está y no habría que restarle méritos. Pero

un teatro se puede construir también in the middle of nowhere, siempre
que se cuente con dinero. En 1896 —antes que el Colón— se inauguró
el Teatro de la Opera de Manaos en medio de la selva amazónica.

O sea que poseer un teatro de esa importancia no sé hasta qué punto

pueda ser un motivo de orgullo para todos los argentinos, pues me

pregunto cuántas veces fue en nuestros tiempos al Colón —o a otro

teatro cualquiiera— un pobre santiagueño de las salinas o un jujeño

de la Puna. Ni hablar ya de 1908, cuando se inauguró nuestro Primer

Coliseo.

 

Además, ¿dónde intervinieron los argentinos para erigir el Colón con
algo más que no fuera el dinero para pagar la construcción? La obra

fue de los italianos Francesco Tamburini y Vittorio Meano y del francés
Jules Dormal. Según Vittorio Meano, el Colón reúne «los caracteres
generales del Renacimiento italiano, la buena distribución y la solidez
propias de la arquitectura alemana, y la gracia, variedad y bizarría de
ornamentación asociadas a la arquitectura francesa». No podemos
negar, señora Bullrich, que el Colón es realmente «argentino».

 

Continúa el señor Sanguinetti:

En 1930, el golpe de Estado del general Uriburu ubica un

punto de inflexión, pues termina con cincuenta años de

estabilidad y crecimiento.

Aquí parecería que el señor Sanguinetti tuviera razón, en principio,
pues dice que los militares terminan con cincuenta años de estabilidad
y crecimiento. Que terminaron con algo, fue cierto, por lo menos con el

«Peludo» y la democracia en teoría, e inauguraron nuestros golpes de

estado. Félix Uriburu admiraba todo lo germano y lo llamaban «Von Pepe».

 

Sanguinetti:

Desde ya que mediaban grandes disparidades sociales y las

revueltas sindicales habían terminado con trágico saldo.

Hacía tiempo que se habían iniciado las revueltas sindicales, ya a finales
del siglo XIX, con la revolución del 90, donde surgió el radicalismo; la
revolución radical de 1905, el Grito de Alcorta en 1912, la Semana
Trágica en 1919, la Patagonia Trágica en 1921/22.

[...] también la intelectualidad rioplatense esparció una visión

amarga, que comenzaba siempre desde el pasado histórico,

interpretado clásicamente por Sarmiento en la dicotomía

«civilización y barbarie», que oponía de un lado a los

europeizados doctores y del otro a los «salvajes» caudillos

populares.

Es sorprendente que Sanguinetti indique que Sarmiento haya
interpretado clásicamente nuestro problema social, la «dicotomía»
civilización y barbarie, pues el mismo Sarmiento calificó su «obra»
como de puras mentiras. Mentir sería entonces lo clásico entre
nosotros. Sobre el Facundo, que alude Sanguinetti en su nota
con civilización y barbarie, Sarmiento mismo dijo lo que era en
carta al general Paz del 22 de diciembre de 1845 con la que le
adjuntaba un ejemplar:

Remito a S. Excia un ejemplar de Facundo qe e escrito con
el objeto de favorecer a la revolucion y preparar los espiritus.
Obra improvisada, llena por necesidad de inesactitudes, a
designio a veces, no tiene otra importancia qe la de ser uno
de tantos medios tocados para ayudar a destruir un gobierno
absurdo, i preparar otro nuevo.

Al manco Paz no le podía enroscar la víbora: el manco era un insider
y había entonces que hablarle claro, además de dorarle la píldora para
ver de acomodarse (ver el final del Facundo), ya que Sarmiento recién
se «iniciaba». Hasta allí, apenas si había escrito el sanjuanino algo

sobre Aldao y andaba galgueando por Chile. Entonces, nada de

cuentos al manco Paz: Obra improvisada, llena por necesidad de

inesactitudes, a designio a veces...

 

Pero en la misma «obra» Sarmiento dice, ya sólo para el «amable

público», que escribe en honor de la verdad histórica y de la justicia...

(cap. XV, Presente y porvenir). En posteriores ediciones se excusó

satisfaciendo a algunos argentinos instruidos de su partido que le

habían hecho notar sus errores, entre ellos Valentín Alsina. En la

segunda edición (1851), en el capítulo VII «Sociabilidad» —donde

dice que la catedral de Córdoba es de orden gótico con cúpula

recortada en arabescos, único modelo de la Edad Media en

Sudamérica— incluyó al final un agregado donde aclaraba:

Al recorrer de nuevo las páginas de este primer ensayo

histórico, siente el autor que la mitad de ellas adolecen

de defectos, que al querer hacerlos desaparecer, se

llevarían consigo el libro entero [...]

Civilización y barbarie tiene el clásico sabor argentino. Defendiéndose
de las inesactitudes aquí vertidas decía Sarmiento: «Cuando hay que
mentir, se miente», afirmación que ratifica en carta a Rafael García
del 28 de octubre de 1868:

Si miento, lo hago como don de familia, con la naturalidad
y la sencillez de la veracidad.

Acotemos que en esa fecha, según tocaban los turnos en las
repartijas, Sarmiento era ya presidente de la Nación. Ya ve,
señora Bullrich, que la tradición de las inesactitudes a designio
nos ha acompañado hasta hoy.

 

Continúa el señor Sanguinetti:

Ese debate no ha cesado hasta hoy, y el gran historiador

H. S. Ferns encuentra en ese espíritu contencioso la

explicación de esa inestabilidad que se hizo endémica.

Ferns, sin duda gran historiador, fundaba principalmente esta
inestabilidad en el hecho de estar el 85% del país en poder de
lo ingleses, señora Bullrich: el Ferns que menciona Sanguinetti
es el mismo de la cita del Dr. Bauer arriba.

[...]
Todavía en 1948 había más teléfonos en Argentina que en

Japón o Italia, y en 1950 la renta per cápita estaba arriba del

promedio mundial.

En 1948 apenas si había terminado la guerra, y precisamente el Japón
se había ligado dos bombas atómicas por hacerse el guapo. El norte de
Italia (donde había teléfonos) estaba destruido, y acaso hayamos tenido
también más teléfonos que la misma Alemania. Probablemente, estas
circunstancias expliquen además lo de la renta per cápita de 1950.

[...]
No hay duda de que la Argentina cayó al abismo.

Como tampoco hay duda de que esto no se logra de la noche
a la mañana. Hasta para caer al abismo se requiere experiencia,
y lo que vemos hoy es sólo la muestra acabada de lo que siempre
fuimos. Si hasta ahora «vinimos tirando», señora Bullrich, fue acaso
porque aún entrábamos en los planes de alguna metrópoli, de Gran
Bretaña, principalmente, y ahora daría la impresión de que ya no
nos necesitaran. Le incluyo una cita que si bien parecería de hoy,
le indica que nuestra situación nunca fue otra, sólo que a nuestro
parecer, todo tiempo pasado fue mejor:

«El presupuesto está en constante déficit. No hay crédito
externo ni interno. ¿Pues de dónde se sacan los recursos
para atender los gastos que actualmente se hacen? Los
impuestos no es posible aumentarlos por el momento,
porque la situación en la que se encuentran el comercio
y la industria, sería precipitar su ruina.

 

No queda otro recurso que someterse a una vida frugal,
casi franciscana, para que, por medio de la economía, se
puedan pagar las calavereadas anteriores. Debe colocarse
a la administración en un pié de moralidad y orden que le
permita recobrar el crédito que hoy le falta.

 

Deben convencerse los vividores de la política, los que hacen
gala de haber servido al país, cuando no han hecho sino vivir
a costa de él y por consecuencia de los contribuyentes. Ya hizo
crisis la enfermedad, hoy el país está en completa anemia, no
podrán seguir chupándole la sangre, pues en vez de sacársela
hay que reconfortarlo para que pueda vivir y recuperar la salud.

 

Se hacen ilusiones los que creen que podrán seguir politiqueando
de forma antigua y que el país da para todo. Han matado la gallina
de los huevos de oro y deben resignarse a trabajar; ya se acabó la
época de la jauja y los placeres. El trabajo y la honradez serán lo
único que regenerará a nuestro país.»

Estas líneas tienen más de un siglo y fueron escritas en agosto de 1901.
Forman parte de la introducción del libro Historia de los bancos de Sixto
Quesada, fundador del Banco Popular Argentino. Según nos cuenta el
señor Sanguinetti, en 1908 la renta per cápita argentina era superior
a la de Francia, Japón y Alemania y ampliamente se distanciaba de la
de España e Italia. ¿Cómo hicimos para pasar del desastre que pinta
Sixto Quesada, un banquero, al paraíso del señor Sanguinetti en sólo
siete años? Otros autores, como José Ingenieros, no dicen otra cosa
que lo que informa Quesada, sobre todo respecto de la moral de la
política en la «época dorada», exactamente igual a la de hoy.

Pero lo curioso es que estos detalles que da aquí Sanguinetti como
suyos —en 1908 la renta per cápita argentina era superior a la de
Francia, Japón y Alemania y ampliamente se distanciaba de la de
España e Italia—, son datos que tomó de Grondona, y que ya había
empleado por lo menos una vez en otra nota muy similar, también
en El País de Madrid, de hace algo más de un año. Parecería que
la Argentina fuese la especialidad del ex mandatario oriental:

Argentina, ¿fue o es?

Julio María Sanguinetti, «El País», 21.06.01
Recientemente, Mariano Grondona recordaba que en 1908 la
Argentina tenía un producto por habitante superior a Alemania,
Japón, Francia, Suecia, Holanda y, por supuesto, de lejos mayor
que Italia y España.  http://www.ultraguia.com.ar/UltraSociales/ParaPensar/ParaPensar35.htm

Voy abreviando, señora Bullrich. Lo del buque de la Armada, si viniera

al caso, podríamos compararlo con Fangio o Maradona: nuestro problema

es que sólo tenemos «uno de cada uno» de estos ejemplos, si es que así

se los pudiera llamar. Daniel Barenboim, como otros artistas que cobraron

fama mundial —desde Lalo Schiffrin hasta el mismo Piazzolla, por nombrar

a dos que se me ocurren— se hicieron famosos fuera de la Argentina.

Barenboim nos visita con gusto, y hasta interpreta el tango como pocos,
realmente. Pero hay muchos que «ni pisan» el país, pues están hartos

del «macaneo». Médicos argentinos triunfan en los EE.UU., pero uno

de los más grandes se suicida en Buenos Aires porque no le veía salida

a la situación del país.

[...]
San Juan se ha repoblado de olivos, los vinos se proyectan al

mundo como nunca antes, los productores de cereales llenarán

ahora el vacío de la sequía norteamericana...

Podríamos agregar que hasta Porsche incluyó en su merchandising
por primera vez vinos, y son argentinos. Pero lo que no se le ocurre
decir al señor Sanguinetti es que estos productos tendrían que llenar
no el vacío de la sequía norteamericana, sino más bien el vacío de
miles de barriguitas de niños argentinos que en épocas donde las
cosechas baten todas las marcas de nuestra historia, se tienen que
alimentar en los basurales. Y son éstos los que tienen más suerte,
pues otros hasta se mueren de hambre. De aquellos que se salven,
muchos quedarán marcados para siempre por las deficiencias
padecidas durante la gestación y el desarrollo.

[...]
Se sabe que ya no tendrá la riqueza de antes, pero que tampoco

es pobre porque tiene un patrimonio de inteligencia que hoy es

más importante que la posesión de materias primas.

Que la inteligencia sea más importante que la materia prima, ya lo
demostraron los japoneses, por poner un ejemplo, o los suizos. En
el caso de los argentinos, habría que verificarlo, pues parecería que
mejoráramos día a día cada vez peor. Antes teníamos riqueza y a la
vez éramos argentinos, que es decir «inteligentes» —o por lo menos
«vivos». Dice el señor Sanguinetti que la Argentina ahora tampoco es
pobre porque tiene un patrimonio de inteligencia que hoy es más
importante que la posesión de materias primas. Me pregunto yo, si
antes teníamos las dos cosas y caímos en lo que estamos viendo,
¿cómo vamos solucionar la actual situación si sólo nos queda uno
de ambos bienes, quizá el más cuestionable: nuestra «inteligencia»?
Acaso haya querido decir el señor Sanguinetti intelligentsia. En

cuanto a nuestra inteligencia, yo creo más bien que fuéramos
medio pavos. No de nacimiento, precisamente, pero sí «pavos
culturizados»:

A la estructura material de un país dependiente corresponde
una superestructura cultural destinada a impedir el conocimiento
de esa dependencia para que el pensamiento de los nativos
ignore la naturaleza de su drama y no pueda arbitrar propias
soluciones, imposibles mientras no conozca los elementos sobre
los que debe operar y los procedimientos que corresponden,
conforme a sus propias circunstancias de tiempo y lugar.
-----               -----------Arturo Jauretche, Los profetas del odio y la yapa

No sé por qué, señora Bullrich, pero la nota del señor Sanguinetti me

da la impresión de que fueran puras perogrulladas y para colmo ya de

segunda mano, recalentadas: crambe repetita. Y usted las aplaude.

Cordiales saludos
Enrique C. Picotto

______________________________________

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Tel.: +49  [0]7031  819 48 43  &  819 48 51 -  Fax 80 88 84 

 

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