© Enrique C. Picotto - D 71067 Sindelfingen, Alemania  - Mail to Enrique C. Picotto 14.11.03

 

Subject:

Rosas y Sarmiento - III

Date:

Fri, 09 May 2003 15:53:28 +0200

From:

Enrique C. Picotto <e.c.picotto@attglobal.net>

To:

Inés Álvarez de Toledo <ines@alvarezdetoledo.com>

CC:

Sr. Mario «Pacho» O'Donnell <mario@odonnell-historia.com.ar>,

Inst. Nacional de Invest. Históricas J. M. de Rosas <inrosas@fibertel.com.ar>,

Dr. Oscar Denovi <oscardenovi@hotmail.com>,

Prof. James O. Pellicer - New York <jop63@yahoo.com>,

Ing. José Ramón Miranda <jopomir@ciudad.com.ar>,

Dr. Horacio W. Bauer <BauerH@lacaja.com.ar>,

Carlos Dragovich - Long Island <cdragovich@biodex.com>,

Sr. Diputado Fernando A. Finvard <fefinvarb@legislatura.gov.ar>,

Prof. José Antonio Iglesias <joseiglesias@arnet.com.ar>,

Osvaldo Julio Schiavoni <postmaster@rimar2000.com.ar>,

La Nación - Usted opina <udopina@lanacion.com.ar>,

La Nación - Cartas de lectores <cartasdelectores@lanacion.com.ar>,

Sr. Horacio Salduna - Instituto Urquiza <horacios@satlink.com>



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

9 de mayo de 2003

 

Rosas y Sarmiento - III

 

Estimada Sra. Álvarez de Toledo:

 

Escribió usted ayer

Señor Picotto:

La carta de lectores que fuera replicada por usted, mi dúplica y su

contestación inconclusa me eximen de mayores comentarios acerca

de nuestras opiniones antitéticas y nuetras respectivas posiciones

respecto del tema. Dejemos, pues, que el pueblo de Buenos Aires,

si así lo quiere, se exprese libremente sobre la cuestión.

 

Lo saludo.
Inés Álvarez de Toledo.

Daría la impresión de que si bien fuera usted capaz no sólo de escribir

espejismos pseudohistóricos al estilo de Amalia y también de encontrar

quien los publique, carecería no obstante de la idoneidad necesaria para

justificar sus propias afirmaciones basándose en la realidad histórica y no

en la mitología.

 

Por supuesto que el pueblo de Buenos Aires se expresará libremente

respecto del tema que nos ocupa, pero esto no me exime a mí de seguir

comentando sus tan representativos asertos, señora Álvarez de Toledo,

propios todos de nuestra intelligentsia.

 

Continúa su nota del 8 de mayo de 2003:

¿Cómo desconocer que antes de la llegada de Rosas al poder

existía una guerra civil entre los argentinos? Lo que usted parece

desconocer, Picotto, es que esa guerra civil se extendió todo el

tiempo en que el tirano permaneció en el poder. Fue incapaz de

restablecer la unión nacional edificada por los argentinos después

de su caída.

Desestima usted aquí que la entrega del poder a Rosas fue precisamente

una consecuencia de la anarquía reinante. Rosas nunca, absolutamente,

detentó el poder, más aún: en reiteradas oportunidades renunció a sus

cargos, a los que fue poco menos que obligado a retornar.

 

Aparte de llamar usted «guerra civil» a una contienda donde intervenían

Francia, Inglaterra y el Imperio del Brasil, ignora en sus apreciaciones,

señora Álvarez de Toledo, entre otras cosas, el juicio de insignes unitarios

respecto de estas guerras:

«No es posible comprender por qué los enemigos de Rosas han
hecho un estudio tenaz y constante en no encarar la cuestión,
después de la caída de la presidencia, bajo un aspecto nacional,
sin que hayan dejado por eso de hacer lo posible por sublevar
la Nación, sin perdonar lo celos provinciales, que han querido
en vano hacer revivir.

 

No se puede comprender, vuelvo a decir, cómo hombres dotados
de incuestionables talentos y que profesan el positivismo, se han
persuadido que podrían conmover una nación con declamaciones
vagas, en que predican amor a la libertad y horror al despotismo.
Preciso era presentarles una idea, un principio, un sistema que les
diese esperanzas de ver realizados sus votos, y que los sacase del
terrible círculo de anarquía y desorden en que giran hace cuarenta
años.»-----------------------------------José María Paz, Memorias, XVI, 280

Dice usted: «Fue incapaz de restablecer la unión nacional edificada
por los argentinos después de su caída». Rosas debería entonces
haber «restablecido» durante su gobierno algo que supuestamente
se logró recién después de haber abandonado él las funciones.

Estimo que hay aquí una inconsecuencia en el régimen o en la
construcción de la frase.

 

Sea como fuere, en cuanto a lo que usted llama unión nacional
edificada por los argentinos después de su caída, la realidad fue
que después de Rosas se perpetuó durante generaciones una
serie interminable de levantamientos como la revolución del 11
de septiembre, con la que se produjo la escisión de Buenos Aires
que duró 10 años. Bloqueos y sitios, gobiernos provisionales,
tratados, caos general. La tan mentada Constitución de 1853
se hizo sin Buenos Aires, Paraná era la capital de «los trece
ranchos». La «diplomacia del  patacón» con Paranhos, Cepeda,
reforma constitucional, Pavón y la agonía de la Confederación.
Las guerras del Chacho, la Guerra del Paraguay, revoluciones
y crisis financiera, la guerra civil de 1874, la exterminación de
los indígenas, la guerra de 1880, la revolución de 1890, etc.
Esto es lo que la mitología nacional llama la unión nacional
edificada por los argentinos después de la caída de Rosas.

Le recuerdo lo que ocurría a diez años de la «temible» Mazorca.
4.728 muertos ¡en 6 años!:

[...] Y no vamos a pedir a un amigo de Peñaloza ni de
Juan Saa la estadística que sirva de cifra y compendio,
clave y emblema, para el período que, por desdicha, no
se cerró el 12 de octubre de 1868, cuando el general Mitre
hizo entrega del poder a don Domingo F. Sarmiento. Nos
la dará don Nicasio Oroño, miembro conspicuo del partido
liberal, y senador en 1868. «Desde junio de 1862 —dijo
Oroño en el Senado— hasta igual mes de 1868, han ocurrido
en las provincias ciento diez y siete revoluciones, habiendo
muerto en noventa y un combates, cuatro mil setecientos
veintiocho ciudadanos»

                      José Luis Busaniche, Historia Argentina, 783

Tiene usted razón cuando dice que Rosas gobernó con el apoyo

de grandes masas populares y que contó con el apoyo de grandes

capitalistas y abogados. Picotto, es un principio básico de la ciencia

política que ningún régimen se sotiene ni sobrevive sin poder.

Lo que usted no explica, señora Álvarez de Toledo, es cómo se hace para

«detentar» el poder y lograr a la vez el apoyo de masas populares, grandes

capitales y abogados y, si lee lo que escribió el cónsul británico, también el

apoyo de las grandes potencias. Y todo esto durante 20 años...

Lo que no debe olvidar es que así como Rosas contó con el apoyo

de grandes masas del pueblo, otra gran masa del pueblo le era

antitética, ni qué decir acerca de los estratos letrados y de  gran

parte de otros capitalistas. Su forma de gobernar le creó, no

opositores políticos, sino enemigos. Recuerde la Mazorca, la

suma del poder público y las facultades extraordinarias. ¿Habrá

Rosas pretendido, por azar, que el pueblo de Buenos Aires lo

nombrara dictador perpetuo?

Lea usted otra vez más a Sarmiento, y hallará explicación:

«Rosas era un republicano que ponía en juego todos los artificios
del sistema popular representativo. Era la expresión de la voluntad
del pueblo, y en verdad que las actas de elección así lo muestran.
Esto será un misterio que aclararán mejores y más imparciales
estudios que los que hasta hoy hemos hecho. No todo era terror,
no todo era superchería.»   Sarmiento, Biografía de Vélez Sarsfield

Lo dice el mismo Sarmiento, el que desconocen los sarmientistas:
Esto será un misterio que aclararán mejores y más imparciales
estudios que los que hasta hoy hemos hecho. Con «mejores y más

imparciales estudios», el sanjuanino da a entender sin lugar a dudas

y sin ambages que los juicios anteriores habían sido malos y parciales.

Computo los años de actuación destacada del tirano: desde

1820 a 1852. Trienta años y no veinte.

Lo que usted compute para justificar su error no altera los hechos.

Rosas gobernó la provincia de Buenos Aires y se encargó de las

relaciones exteriores de la Confederación del 6 de diciembre de

1829 al mismo día de 1832, y del 7 de marzo de 1835 hasta el

3 de febrero de 1852, o sea durante 20 años y no 30.

Según los datos que aporta indica 480 muertos y 500 exiliados,

suma cercana al millar.

Comparemos esto con lo que usted aseguraba

[...]
Miles de argentinos sucumbieron bajo su régimen. Otros tantos miles
(el caso de mis antepasados) se vieron obligados a salvar sus vidas
emigrando hacia países limítrofes.

O sea que si en su discurso eran «miles» de muertos y «otros tantos miles»

de exilados, sumando usted ahora unos y otros —muertos y exilados—, no

llega ni siquiera al millar que pudiera justificar sus miles y miles. Si bien estas

multiplicaciones sólo se conocen de los relatos bíblicos, también formen parte

de la mitología, sobre todo de la argentina.

Tal vez sea usted el que no comprenda, Picotto, el verdadero significado

de Caseros. La caída de Rosas y del sistema que lo sotenía.

Le aseguro que sobre Caseros sé algo más que usted, por lo pronto que la

batalla así se llama, a Batalha de Monte Caseros, por exigencia del Brasil,

ya que allí combatieron sus tropas, mientras que Urquiza lo hizo en el Arroyo

de Morón. El Brasil se considera el verdadero vencedor de Rosas  —

contrariamente a aquellos que piensasn que fuera Urquiza:

«A vitoria desta campanha e uma vitoria de Brasil e a Divisão
Imperial entrará em Buenos Aires com todas as honras que lhe

são devidas, quer V. Ex-cia. ache conveniente o não(Manuel

Marques de Souza, vizconde de Porto Alegre, a Urquiza con desaire)

                                            Gustavo Barroso, A Guerra d0 Rosas, 159

 

«... Cúmpleme comunicar a V. E., para que lo haga llegar a S.M. el
emperador, que la citada 1a. División, formando parte del Ejército
Aliado que marchó sobre Buenos Aires, hizo prodigios de valor
recuperando el honor de las armas brasileñas perdido el
20 de febrero de 1827  Parte de batalla de Caxias a su ministro

de Guerra, Souza e Mello, 12.02.1852 - Boletín Instituto JMR, 04.02.1951

 

«... nosotros estamos en el Brasil en la dulce ilusión de que

la División brasileña de Manuel Marques de Souza fue la que

decidió en verdad la batalla de Caseros. Y aún cuando su papel

no hubiera sido el principal, el Vizconde de Porto Alegre fue uno

de los vencedores de la guerra y pudo ser llamado por Jourdan

vencedor, sin exagerar, como lo hace. Sabemos perfectamente

que no habiendo derrotado nunca un general argentino nuestras

tropas en los suburbios de Río de Janeiro, y desfilado en ésta

triunfalmente con sus tropas a banderas desplegadas, al compás
de la música, aunque fuera junto a revolucionarios nuestros, no

es nada agradable para nuestros amabilísimos vecinos que el

Vizconde de Porto Alegre haya conseguido esa gloria.»
                                      Gustavo Barroso, A Guerra do Rosas, 143-144

No hubo cosas como el «pronunciamiento» de Urquiza, señora
Álvarez de Toledo. La documentación de Itamaraty —que es la
verdadera— dice más bien que a Urquiza «lo pronunciaron» los
sagacísimos diplomáticos del Imperio, entre ellos uno de los más
conspicuos, el canciller Paulino Soares de Souza. En carta del
12 de marzo de 1851, o sea anterior al «pronunciamiento», escribe

a Carlos Antonio López:

«Vou a escrever novamente a V. Excia. para comunicarle uma

nova ocorrencia a meu ver de grande alcance. Entendo que

V. Ecia., como aliado do Brasil, deve ser de tudo comunicado

até porque muito convem que marchemos de acordo. Vis unita

fortior [subr.]. Ha tempo que se suspeita que o General Urquiza

deseja emancipar-se do pesado jugo de Rosas... O que muito

certo é que Urquiza procura entender-se com o governo de

Montevideu e com o Brasil. Vamos corresponder a sus aberturas

com a condição de que se declare é rompa com Rosas de uma

maneira clara, positiva é publica. Se este rompimento se verificar,

está Rosas perdido... A declaração de Urquiza e portanto da

maior importancia.
[...]
Se Urquiza se declarar abertamente contra Rosas, podéram

entrar logo forças brasileiras no Estado Oriental para expelir

déle as forças argentinas, e començará a luta...  Rosas, privado

dos recursos de Entre Rios e Corrientes, tendo contra sí Urquiza,

ha de ver desmoralizarem-se os que ó tem sustentado, e desandar

a roda de sua fortuna... Conviría portanto poupar a Urquiza,

anima-lo, acolher quaisquer aberturas que éle fizesse a V. Exia.

 

V. Excia resolverá em  suma sabedoría...»

Así se cocinaban las habas respecto del «pronunciamiento», pero

viene mejor. En las extensísimas Instrucciones del 11 de marzo de

1851 enviadas por Paulino a su encargado de negocios en Montevideo,

Silva Pontes, para ser dadas verbalmente a UrquizaQueime a carta

depois de haver lido—, encontramos más información:

«... Convem, portanto, que V. Exia., correspondendo ás aberturas

de Urquiza, procure quanto antes entender-se com éle por meio

de algum agente seu, se o poder encontrar muito seguro...

V. Exia. se entenderá com éle debaixo dos principios e bases

siguintes: O Brasil, com ou sem a adesão e coadjuvasão de

Urquiza, está resolvido a acabar com este estado de cosas...

Não tem ainda rompido porque tem estado a preparar-se;

porque ainda não estava celebrada a aliança com o Paraguai...

e finalmente porque e speraba que a marcha e desenlace dos

acontecimentos, enfraquecendo e criando embaraços a Rosas,

facilitase a solução das questões sem necessidade de uma

guerra, al menos prolongada.»

Lamas, a quien Paulino había leído las Instrucciones del 11 de marzo

de 1851, sorprendido porque ignoraba el avanzado estado de las

negociaciones del Brasil con Urquiza, escribe esa misma noche

a Herrera un informe reservadísimo núm. 203 que envía al día

siguiente (12 de marzo):

«Creo de mi deber instruir a V. E., aunque bajo la más sagrada

reserva, de la situación que tienen en este momento las

conversaciones que ha iniciado el general Urquiza. Un agente

suyo se acercó en enero último [el «pronunciamiento» fue recién

el 1° de mayo, aunque había habido un conato ya el 3 de abril]

al Sr. encargado de Negocios del Brasil en Montevideo, y le hizo

algunas aperturas y proposiciones. En estas proposiciones pedía
que el gobierno del Brasil no se moviera hasta que él (Urquiza)

hubiera ejercido una especie de mediación dejando en cierta

dependencia suya la oportunidad.

 

En febrero el general Urquiza se pone en camino de llegar, si,

como se cree, procede de buena fe, a un acuerdo con el Brasil.

El señor Paulino tiene intención de enviar al Sr. Pontes por este

buque las instrucciones que han de guiarlo. El Sr. Paulino me ha

honrado con la confianza de leerme ayer las citadas instrucciones,

aún en borrador.»
[...]

El «pronunciamiento» fue —como lo prueba la documentación de

Itamaraty y también la argentina que no se destruyó—, una imposición

del Brasil para comprometer a Urquiza públicamente, pues conociéndolo,

nadie se fiaba de él, menos aún los inteligentes diplomáticos imperiales.

Rosas estaba enterado de los contactos de Urquiza con el Imperio y de

su apostasía, y había cerrado ya el 15 de abril de 1851 toda comunicación

con Entre Ríos.

 

Pero viene aún mejor con lo del «pronunciamiento», señora Álvarez de

Toledo: «Não pareça que o pronunciamiento de Urquiza foi uma

condição que lhe impuzemos.» El 29 de mayo de 1851, después

de la conditio sine qua non para «ayudar» a Urquiza —o sea su

«pronunciamiento»— se había confeccionado un «acuerdo» que

debía ser ratificado por el emperador. Este papel llegó a Río el 10

de junio, cuando poco antes se había sabido lo del «pronunciamiento».

 

El ministro Paulino se encontró con un serio inconveniente para lograr

la ratificación, pues el emperador se negó a poner su firma y sello en

un pacto «com um rebelde». Lo que más molestó a dom Pedro II fue

la incitación de los artículos 2° y 3° que consideró indignos del Brasil

y de su propia majestad de soberano. Los artículos 2° y 3° decían:

«Art. 2° Para que este convenio tenga efecto se hace necesario que
el Excmo. Señor Gobernador del Estado de Entre Ríos, en virtud de
los derechos de independencia nacional que le son reconocidos por
el Tratado del 4 de enero de 1831, reasuma por su parte la facultad
concedida al Gobernador de Buenos Aires para representar a la
Confederación Argentina en lo que respecta a las relaciones exteriores;
y lo verificará realizando el envío de la circular del 3 de abril próximo
pasado en el caso de que tal envío no haya tenido lugar, o publicando
un manifiesto o practicando cualquier acto público y consumado que
importe indudable y decidido rompimiento de relaciones políticas con
el gobernador de Buenos Aires. [El subrayado es mío]

 

Art. 3° Si el gobierno de Corrientes, o cualquier otro en idénticas
circunstancias, desea hacer parte de la presente alianza, deberá
declararse previamente de un modo análogo al que se ha
determinado en el artículo anterior.»

Estos dos artículos incomodaron sumamente al emperador, que

demostraba tener más decencia que Urquiza  y esa dignidad
le impedía pactar «com um rebelde». No era cosa de «andar
descaminando os governadores de nossos vezinhos» . En la
versión que  firmó dom Pedro II se quitó esta ignominia que
Urquiza no sólo no reclamó y firmó, sino que además cumplió
al «pronunciarse»: todo un «hombre de estado» y ¡Viva la Patria»!
 

El emperador —que se opuso a estos artículos que en realidad
lo favorecían— de «hombre de estado», comparado con Urquiza,
no debería haber tenido un ápice.

 

El día 17 Paulino ordenó al encargado de negocios del Brasil
en Montevideo, Rodrigo da Souza Silva Pontes, conseguir de
Urquiza y de Herrera la supresión de estas dos cláusulas tan
comprometedoras y denigrantes para el emperador:

«Convem, e muito, eliminar os artigos 2° e 3°, no que Urquiza
e ó Governo de Montevideo não podem deixar de convir. Não
apreça que Urquiza obrou por instigaçoes nossas, e que a sua
declaraçao foi uma condição que lhe impuzemos. Embora seja
asim, não apareça no convenio. V. Excia. fez muito bem em por
isso no projeto para asegurar-se, mais feito o edificio tiran-se

os andaimes.»

«No parezca que Urquiza obró por instigaciones nuestras, y que
su declaración fue una condición que le impusimos. Aunque sea
así, que no aparezca en el convenio
. V. E. hizo muy bien en poner
eso en el proyecto para asegurarse, pero hecho el edificio se tiran
los andamios.»

 

«... tiran-se os andaimes». Así fue el «pronunciamiento» de Urquiza,
y de esto nada parecería saber usted, señora Álvarez Toledo. Para
que no queden dudas de que fue el Brasil quien impuso a Urquiza
«pronunciarse», transcribo la nota de Paulino a Silva Pontes, del
5 de noviembre, al encontrarse en el convenio con los artículos
2° y 3° suprimidos:

«Vi a copia que mandou do protocollo reservado para

a ratificação do Convenio de 29 de maio. Esta bem...

Gostei, e muito, de ver nelle certificada e reconhecida

a existencia dos artigos 2° e 3° supprimidos, porque

nesses artigos confessa e declara Urquiza que lhe

impusemos como condição o seu Pronunciamiento,

e que sómente se pronunciou depois que teve segura

nossa protecção»

El texto original de la «Alianza», incluyendo los ominosos artículos

2° y 3° —que prueban la imposición a Urquiza del «pronunciamiento»

por parte del Imperio, y que por pedido de dom Pedro II fueron

después suprimidos— quedó archivado además en Corrientes,

sin que Virasoro o el ministro Gauna cumplieran la orden de

destruirlo y reemplazarlo por el nuevo. Se dice que quisieron dejar

deliberadamente constancia para la posteridad. El gobierno de

Corrientes publicó en 1939 el texto completo, sin haberlo cotejado,

cosa que desconcertó después al historiador Ravignani al verse

ante dos textos diferentes del mismo tratado.

 

Así comenzó nuestra «organización nacional», de la que el
país está todavía hoy gozando: con una mentira. Respecto
de la fantástica metempsicosis que se habría logrado con
«Monte Caseros», decía el santafesino José Luis Busaniche:

Y es el caso que la historiografía dominante se ha valido de
artificios (mayormente de ocultación) para dar apariencia de
lógica y natural metamorfosis a lo que no fue sino transición
dura y desgarrante en la que no salió muy bien parada la
soberanía de la Nación.     Historia Argentina, XXIII, 635 et seq.

Para darles la acreditación sarmientina a estos documentos
de Itamaraty que atestiguan la traición de Urquiza a su patria
cito finalmente del mismo Sarmiento algunos párrafos de su
Carta de Yungay del 13 de octubre de 1852:

«Yo he permanecido dos meses en la corte de Brasil, en el comercio
casi íntimo de los hombres de estado de aquella nación, y conozco
todos los detalles, general, y los pactos y transacciones por los cuales
entró S. E. en la liga contra Rosas. Todo esto, no conocido hoy del
público, es ya del dominio de la Historia y está archivado en los
ministerios de Relaciones Exteriores del Brasil y del Uruguay.»
[...]
«Se me caía la cara de vergüenza al oírle a aquel Enviado [Honorio
Hermeto Carneiro Leão, o Indobregavel]
referir la irritante escena,
y los comentarios: "¡Sí, los millones con que hemos tenido que

comprarlo para derrocar a Rosas! Todavía después de entrar
a Buenos Aires quería que le diese los cien mil duros mensuales,

mientras oscurecía el brillo de nuestras armas en Monte Caseros

para atribuirse él solo los honores de la victoria."»          

                                                       D. F. Sarmiento, Carta de Yungay

Aquí tiene, señora Álvarez de Toledo, el significado de Caseros,
la caída de Rosas y del sistema que lo sostenía, que parecería yo
no comprender, según usted opina. Quien pareciera no sólo no
comprender, sino ni siquiera saber que la caída de Rosas fue obra

del Brasil es, como vemos, usted. Si bien ahora lo sabe gracias a la

elocuente documentación de Itamaraty, no creo que cambie por esto

de parecer, ya  que las ideas que defiende son una verdadera posición

dogmática a la que de ninguna manera afectan los hechos históricos.

 

Trataré los demás puntos todavía. Reciba por el momento, señora
Álvarez de Toledo, mis saludos
Enrique C. Picotto

______________________________________

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