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Subject: |
Rosas y Sarmiento - III |
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Date: |
Fri, 09 May 2003 15:53:28
+0200 |
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From: |
Enrique C. Picotto
<e.c.picotto@attglobal.net> |
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To: |
Inés Álvarez de Toledo
<ines@alvarezdetoledo.com> |
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CC: |
Sr. Mario «Pacho»
O'Donnell <mario@odonnell-historia.com.ar>,
Inst.
Nacional de Invest. Históricas J. M. de Rosas <inrosas@fibertel.com.ar>,
Dr. Oscar Denovi <oscardenovi@hotmail.com>,
Prof. James O. Pellicer -
New York <jop63@yahoo.com>,
Ing. José Ramón Miranda <jopomir@ciudad.com.ar>,
Dr. Horacio W. Bauer <BauerH@lacaja.com.ar>,
Carlos Dragovich - Long
Island <cdragovich@biodex.com>,
Sr. Diputado Fernando A.
Finvard <fefinvarb@legislatura.gov.ar>,
Prof. José Antonio
Iglesias <joseiglesias@arnet.com.ar>,
Osvaldo Julio Schiavoni <postmaster@rimar2000.com.ar>,
La Nación - Usted opina <udopina@lanacion.com.ar>,
La Nación - Cartas de
lectores <cartasdelectores@lanacion.com.ar>,
Sr. Horacio Salduna -
Instituto Urquiza <horacios@satlink.com> |
9 de mayo de
2003
Rosas y Sarmiento - III
Estimada Sra. Álvarez de
Toledo:
Escribió usted ayer
Señor
Picotto:
La
carta de lectores que fuera replicada por usted, mi dúplica y su
contestación inconclusa me eximen de mayores
comentarios acerca
de
nuestras opiniones antitéticas y nuetras
respectivas posiciones
respecto del tema. Dejemos, pues, que el
pueblo de Buenos Aires,
si
así lo quiere, se exprese libremente sobre
la cuestión.
Lo
saludo.
Inés Álvarez de Toledo.
Daría la impresión de que
si bien fuera usted capaz no sólo de escribir
espejismos pseudohistóricos
al estilo de Amalia y también de encontrar
quien los publique, carecería
no obstante de la idoneidad necesaria para
justificar sus propias
afirmaciones basándose en la realidad histórica y no
en la mitología.
Por supuesto que el pueblo de
Buenos Aires se expresará libremente
respecto del tema que nos
ocupa, pero esto no me exime a mí de seguir
comentando sus tan
representativos asertos, señora Álvarez de Toledo,
propios todos de nuestra
intelligentsia.
Continúa su nota del 8 de
mayo de 2003:
¿Cómo
desconocer que antes de la llegada de Rosas al poder
existía una guerra civil entre los
argentinos? Lo que usted parece
desconocer, Picotto, es que esa guerra civil
se extendió todo el
tiempo en que el tirano permaneció en el
poder. Fue incapaz de
restablecer la unión nacional edificada por los
argentinos después
de su
caída.
Desestima usted aquí que la
entrega del poder a Rosas fue precisamente
una consecuencia de la
anarquía reinante. Rosas nunca, absolutamente,
detentó el poder, más aún: en
reiteradas oportunidades renunció a sus
cargos, a los que fue poco
menos que obligado a retornar.
Aparte de llamar usted
«guerra civil» a una contienda donde intervenían
Francia, Inglaterra y el
Imperio del Brasil, ignora en sus apreciaciones,
señora Álvarez de Toledo,
entre otras cosas, el juicio de insignes unitarios
respecto de estas guerras:
«No es posible comprender
por qué los enemigos de Rosas han
hecho un estudio tenaz y constante en no encarar la cuestión,
después de la caída de la presidencia, bajo un aspecto nacional,
sin que hayan dejado por eso de hacer lo posible por sublevar
la Nación, sin perdonar lo celos provinciales, que han querido
en vano hacer revivir.
No se puede comprender,
vuelvo a decir, cómo hombres dotados
de incuestionables talentos y que profesan el positivismo, se han
persuadido que podrían conmover una nación con declamaciones
vagas, en que predican amor a la libertad y horror al despotismo.
Preciso era presentarles una idea, un principio, un sistema que les
diese esperanzas de ver realizados sus votos, y que los sacase del
terrible círculo de anarquía y desorden en que giran hace cuarenta
años.»-----------------------------------José
María Paz, Memorias, XVI, 280
Dice usted: «Fue incapaz
de restablecer la unión nacional edificada
por los argentinos después de su caída». Rosas debería entonces
haber «restablecido» durante su gobierno algo que supuestamente
se logró recién después de haber abandonado él las funciones.
Estimo que hay aquí una
inconsecuencia en el régimen o en la
construcción de la frase.
Sea como fuere, en cuanto a
lo que usted llama unión nacional
edificada por los argentinos después de su caída, la realidad fue
que después de Rosas se perpetuó durante generaciones una
serie interminable de levantamientos como la revolución del 11
de septiembre, con la que se produjo la escisión de Buenos Aires
que duró 10 años. Bloqueos y sitios, gobiernos provisionales,
tratados, caos general. La tan mentada Constitución de 1853
se hizo sin Buenos Aires, Paraná era la capital de «los trece
ranchos». La «diplomacia del patacón» con Paranhos, Cepeda,
reforma constitucional, Pavón y la agonía de la Confederación.
Las guerras del Chacho, la Guerra del Paraguay, revoluciones
y crisis financiera, la guerra civil de 1874, la exterminación de
los indígenas, la guerra de 1880, la revolución de 1890, etc.
Esto es lo que la mitología nacional llama la unión nacional
edificada por los argentinos después de la caída de Rosas.
Le recuerdo lo que ocurría a
diez años de la «temible» Mazorca.
4.728 muertos ¡en 6 años!:
[...] Y no vamos a pedir a
un amigo de Peñaloza ni de
Juan Saa la estadística que sirva de cifra y compendio,
clave y emblema, para el período que, por desdicha, no
se cerró el 12 de octubre de 1868, cuando el general Mitre
hizo entrega del poder a don Domingo F. Sarmiento. Nos
la dará don Nicasio Oroño, miembro conspicuo del partido
liberal, y senador en 1868. «Desde junio de 1862 —dijo
Oroño en el Senado— hasta igual mes de 1868, han ocurrido
en las provincias ciento diez y siete revoluciones, habiendo
muerto en noventa y un combates, cuatro mil setecientos
veintiocho ciudadanos».
José Luis Busaniche,
Historia Argentina, 783
Tiene
usted razón cuando dice que Rosas gobernó con el apoyo
de
grandes masas populares y que contó con el
apoyo de grandes
capitalistas y abogados. Picotto, es un
principio básico de la ciencia
política que ningún régimen se sotiene ni
sobrevive sin poder.
Lo que usted no explica,
señora Álvarez de Toledo, es cómo se hace para
«detentar» el poder y lograr
a la vez el apoyo de masas populares, grandes
capitales y abogados y, si
lee lo que escribió el cónsul británico, también el
apoyo de las grandes
potencias. Y todo esto durante 20 años...
Lo
que no debe olvidar es que así como Rosas contó con el apoyo
de
grandes masas del pueblo, otra gran masa del
pueblo le era
antitética, ni qué decir acerca de los
estratos letrados y de gran
parte
de otros capitalistas. Su forma de gobernar
le creó, no
opositores políticos, sino enemigos. Recuerde la Mazorca, la
suma
del poder público y las facultades
extraordinarias. ¿Habrá
Rosas
pretendido, por azar, que el pueblo de
Buenos Aires lo
nombrara dictador perpetuo?
Lea usted otra vez más a
Sarmiento, y hallará explicación:
«Rosas era un republicano
que ponía en juego todos los artificios
del sistema popular representativo. Era la expresión de la voluntad
del pueblo, y en verdad que las actas de elección así lo muestran.
Esto será un misterio que aclararán mejores y más imparciales
estudios que los que hasta hoy hemos hecho. No todo era terror,
no todo era superchería.» Sarmiento,
Biografía de Vélez Sarsfield
Lo dice el mismo Sarmiento,
el que desconocen los sarmientistas:
Esto será un misterio que aclararán mejores y más imparciales
estudios que los que hasta hoy hemos hecho. Con «mejores y
más
imparciales estudios»,
el sanjuanino da a entender sin lugar a dudas
y sin ambages que los juicios
anteriores habían sido malos y parciales.
Computo los años de actuación destacada del tirano: desde
1820
a 1852. Trienta años y no veinte.
Lo que usted compute para
justificar su error no altera los hechos.
Rosas gobernó la provincia de
Buenos Aires y se encargó de las
relaciones exteriores de la
Confederación del 6 de diciembre de
1829 al mismo día de 1832, y
del 7 de marzo de 1835 hasta el
3 de febrero de 1852, o sea
durante 20 años y no 30.
Según
los datos que aporta indica 480 muertos y 500 exiliados,
suma
cercana al millar.
Comparemos esto con lo que
usted aseguraba
[...]
Miles de argentinos sucumbieron bajo su régimen. Otros tantos miles
(el caso de mis antepasados) se vieron obligados a salvar sus vidas
emigrando hacia países limítrofes.
O sea que si en su discurso
eran «miles» de muertos y «otros tantos miles»
de exilados, sumando usted
ahora unos y otros —muertos y exilados—, no
llega ni siquiera al millar
que pudiera justificar sus miles y miles. Si bien estas
multiplicaciones sólo se
conocen de los relatos bíblicos, también formen parte
de la mitología, sobre todo
de la argentina.
Tal vez
sea usted el que no comprenda, Picotto, el verdadero significado
de
Caseros. La caída de Rosas y del sistema que lo
sotenía.
Le aseguro que sobre Caseros
sé algo más que usted, por lo
pronto que la
batalla así se llama, a Batalha de Monte Caseros,
por exigencia del Brasil,
ya que allí combatieron sus tropas,
mientras que Urquiza lo hizo en el Arroyo
de Morón. El Brasil
se considera el verdadero vencedor de Rosas —
contrariamente
a aquellos que piensasn que fuera Urquiza:
«A vitoria desta campanha
e uma vitoria de Brasil e a Divisão
Imperial entrará em Buenos Aires com todas as honras que lhe
são
devidas, quer V. Ex-cia. ache conveniente o não.»
(Manuel
Marques de Souza, vizconde de Porto Alegre, a Urquiza con
desaire).
Gustavo Barroso, A Guerra d0
Rosas, 159
«... Cúmpleme comunicar a
V. E., para que lo haga llegar a S.M. el
emperador, que la citada 1a. División, formando parte del Ejército
Aliado que marchó sobre Buenos Aires, hizo prodigios de valor
recuperando el honor de las armas brasileñas perdido el
20 de febrero de 1827.»
Parte de batalla de Caxias a su ministro
de Guerra, Souza e Mello,
12.02.1852 - Boletín Instituto JMR, 04.02.1951
«... nosotros estamos en el
Brasil en la dulce ilusión de que
la División
brasileña de Manuel Marques de Souza fue la que
decidió en verdad
la batalla de Caseros. Y aún cuando su papel
no hubiera sido el
principal,
el Vizconde de Porto Alegre fue uno
de los vencedores de la guerra
y pudo ser llamado por Jourdan
vencedor, sin exagerar,
como lo hace. Sabemos perfectamente
que no habiendo derrotado nunca un general argentino nuestras
tropas en los suburbios de Río de Janeiro, y
desfilado en ésta
triunfalmente con sus tropas a banderas desplegadas, al
compás
de la música, aunque fuera junto a revolucionarios nuestros, no
es nada
agradable para nuestros amabilísimos vecinos que el
Vizconde de Porto
Alegre haya conseguido esa gloria.»
Gustavo Barroso, A Guerra do Rosas, 143-144
No hubo cosas como el
«pronunciamiento» de Urquiza, señora
Álvarez de Toledo. La documentación de Itamaraty —que es la
verdadera— dice más bien que a Urquiza «lo pronunciaron» los
sagacísimos diplomáticos del Imperio, entre ellos uno de los más
conspicuos, el canciller Paulino Soares de Souza. En carta del
12 de marzo de 1851, o sea anterior al «pronunciamiento», escribe
a Carlos Antonio López:
«Vou a escrever novamente a
V. Excia. para comunicarle uma
nova
ocorrencia a meu ver de grande alcance. Entendo que
V. Ecia.,
como aliado do Brasil, deve ser de tudo comunicado
até porque
muito convem que marchemos de acordo. Vis unita
fortior
[subr.]. Ha tempo que se suspeita
que o General Urquiza
deseja emancipar-se
do pesado jugo de Rosas... O que muito
certo é que Urquiza procura
entender-se com o governo de
Montevideu e com o Brasil. Vamos
corresponder a sus aberturas
com a condição de que se declare
é rompa com Rosas de uma
maneira clara, positiva é publica.
Se
este rompimento se verificar,
está Rosas perdido... A declaração
de Urquiza e portanto da
maior importancia.
[...]
Se Urquiza se declarar abertamente contra Rosas, podéram
entrar
logo forças brasileiras no Estado Oriental para expelir
déle as forças
argentinas, e començará a luta... Rosas, privado
dos recursos de
Entre Rios e Corrientes, tendo contra sí Urquiza,
ha de ver
desmoralizarem-se os que ó tem sustentado, e desandar
a roda
de sua fortuna... Conviría portanto poupar a Urquiza,
anima-lo,
acolher quaisquer aberturas que éle fizesse a V. Exia.
V. Excia resolverá em
suma sabedoría...»
Así se cocinaban las habas
respecto del «pronunciamiento», pero
viene mejor. En las extensísimas Instrucciones del 11
de marzo de
1851 enviadas por Paulino a su encargado
de negocios en Montevideo,
Silva Pontes, para ser dadas
verbalmente a Urquiza —Queime a carta
depois de haver
lido—, encontramos más información:
«... Convem, portanto, que
V. Exia., correspondendo ás aberturas
de Urquiza, procure quanto
antes entender-se com éle por meio
de algum agente seu, se o
poder encontrar muito seguro...
V. Exia. se entenderá com
éle debaixo dos principios e bases
siguintes: O Brasil, com ou
sem a adesão e coadjuvasão de
Urquiza, está resolvido a acabar com
este estado de cosas...
Não tem ainda rompido porque tem estado
a preparar-se;
porque ainda não estava celebrada a aliança com
o Paraguai...
e finalmente porque e
speraba que a marcha e desenlace dos
acontecimentos, enfraquecendo e criando embaraços a Rosas,
facilitase a solução das questões sem necessidade de uma
guerra,
al menos prolongada.»
Lamas, a quien Paulino había
leído las Instrucciones del 11 de marzo
de 1851, sorprendido porque ignoraba el avanzado
estado de las
negociaciones del Brasil con Urquiza, escribe esa
misma noche
a Herrera un informe reservadísimo núm. 203
que envía al día
siguiente (12 de marzo):
«Creo de mi deber instruir
a V. E., aunque bajo la más sagrada
reserva,
de la situación que tienen en este momento las
conversaciones que ha
iniciado el general Urquiza. Un agente
suyo se acercó en enero último
[el «pronunciamiento» fue recién
el 1° de
mayo, aunque había habido un conato ya
el 3 de abril]
al Sr. encargado de
Negocios del Brasil en Montevideo, y le
hizo
algunas aperturas y proposiciones. En estas proposiciones pedía
que el gobierno del Brasil no se moviera hasta que él (Urquiza)
hubiera
ejercido una especie de mediación dejando en cierta
dependencia suya
la oportunidad.
En febrero el general
Urquiza se pone en camino de llegar, si,
como se
cree, procede de buena fe, a un acuerdo con el Brasil.
El señor
Paulino
tiene intención de enviar al Sr. Pontes por este
buque las
instrucciones
que han de guiarlo. El Sr. Paulino me ha
honrado con la confianza de
leerme ayer las citadas instrucciones,
aún en borrador.»
[...]
El «pronunciamiento» fue
—como lo prueba la documentación de
Itamaraty y también la argentina que no se destruyó—, una
imposición
del Brasil para comprometer a Urquiza públicamente,
pues conociéndolo,
nadie se fiaba de él, menos aún los inteligentes
diplomáticos imperiales.
Rosas estaba enterado de los contactos de
Urquiza con el Imperio y de
su apostasía, y había cerrado ya el
15 de abril de 1851 toda comunicación
con Entre Ríos.
Pero viene aún mejor con lo
del «pronunciamiento», señora
Álvarez de
Toledo: «Não pareça que o pronunciamiento de
Urquiza foi uma
condição que lhe impuzemos.» El 29 de mayo de 1851, después
de la conditio sine qua non para «ayudar» a
Urquiza —o sea su
«pronunciamiento»— se había confeccionado
un «acuerdo» que
debía ser ratificado por el emperador. Este
papel llegó a Río el 10
de junio, cuando poco antes se había
sabido lo del «pronunciamiento».
El ministro Paulino se
encontró con un serio inconveniente para
lograr
la ratificación, pues el emperador se negó a poner su
firma
y sello en
un pacto «com um rebelde». Lo que más molestó a dom
Pedro II fue
la incitación de los artículos 2° y 3° que consideró
indignos del Brasil
y de su propia majestad de soberano. Los
artículos 2° y 3° decían:
«Art. 2° Para que
este convenio tenga efecto se hace necesario que
el Excmo. Señor Gobernador del Estado de Entre Ríos, en virtud de
los derechos de independencia nacional que le son reconocidos por
el Tratado del 4 de enero de 1831, reasuma por su parte la facultad
concedida al Gobernador de Buenos Aires para representar a la
Confederación Argentina en lo que respecta a las relaciones
exteriores;
y lo verificará realizando el envío de la circular del 3 de abril
próximo
pasado en el caso de que tal envío no haya tenido lugar, o
publicando
un manifiesto o practicando cualquier acto público y consumado que
importe indudable y decidido rompimiento de relaciones políticas
con
el gobernador de Buenos Aires. [El
subrayado es mío]
Art. 3° Si el
gobierno de Corrientes, o cualquier otro en idénticas
circunstancias, desea hacer parte de la presente alianza, deberá
declararse previamente de un modo análogo al que se ha
determinado en el artículo anterior.»
Estos dos artículos
incomodaron sumamente al emperador, que
demostraba tener más decencia que Urquiza y esa dignidad
le impedía pactar «com um rebelde». No era cosa de «andar
descaminando os governadores de nossos vezinhos» . En la
versión que firmó dom Pedro II se quitó esta ignominia que
Urquiza no sólo no reclamó y firmó, sino que además cumplió
al «pronunciarse»: todo un «hombre de estado» y ¡Viva la Patria»!
El emperador —que se opuso a estos artículos que en realidad
lo favorecían— de «hombre de estado», comparado con Urquiza,
no debería haber tenido un ápice.
El día 17 Paulino ordenó al
encargado de negocios del Brasil
en Montevideo, Rodrigo da Souza Silva Pontes, conseguir de
Urquiza y de Herrera la supresión de estas dos cláusulas tan
comprometedoras y denigrantes para el emperador:
«Convem, e muito, eliminar
os artigos 2° e 3°, no que Urquiza
e ó Governo de Montevideo não podem deixar de convir. Não
apreça que Urquiza obrou por instigaçoes nossas, e que a sua
declaraçao foi uma condição que lhe impuzemos. Embora seja
asim, não apareça no convenio. V. Excia. fez muito bem em por
isso no projeto para asegurar-se, mais feito o edificio tiran-se
os
andaimes.»
«No parezca que Urquiza obró
por instigaciones nuestras, y que
su declaración fue una condición que le impusimos. Aunque sea
así, que no aparezca en el convenio. V. E. hizo muy bien en poner
eso en el proyecto para asegurarse, pero hecho el edificio se tiran
los andamios.»
«... tiran-se os
andaimes». Así fue el «pronunciamiento» de Urquiza,
y de esto nada parecería saber usted, señora Álvarez Toledo. Para
que no queden dudas de que fue el Brasil quien impuso a Urquiza
«pronunciarse», transcribo la nota de Paulino a Silva Pontes, del
5 de noviembre, al encontrarse en el convenio con los artículos
2° y 3° suprimidos:
«Vi a copia que mandou do
protocollo reservado para
a ratificação
do Convenio de 29 de maio. Esta bem...
Gostei, e muito, de ver
nelle certificada e reconhecida
a existencia dos artigos 2° e 3°
supprimidos, porque
nesses artigos confessa e declara Urquiza
que lhe
impusemos como condição o seu Pronunciamiento,
e que sómente se pronunciou
depois que teve segura
nossa protecção»
El texto original de la
«Alianza», incluyendo los ominosos
artículos
2° y 3° —que prueban la imposición a Urquiza del
«pronunciamiento»
por parte del Imperio, y que por pedido de
dom Pedro II fueron
después suprimidos— quedó archivado
además en Corrientes,
sin que Virasoro o el ministro Gauna
cumplieran la orden de
destruirlo y reemplazarlo por el nuevo.
Se dice que quisieron dejar
deliberadamente constancia para
la posteridad. El gobierno de
Corrientes publicó en 1939 el
texto completo, sin haberlo cotejado,
cosa que desconcertó
después al historiador Ravignani al verse
ante dos textos
diferentes del mismo tratado.
Así comenzó nuestra
«organización nacional», de la que el
país está todavía hoy gozando: con una mentira. Respecto
de la fantástica metempsicosis que se habría logrado con
«Monte Caseros», decía el santafesino José Luis Busaniche:
Y es
el caso que la historiografía dominante se ha valido de
artificios (mayormente de ocultación) para dar
apariencia de
lógica y natural metamorfosis a lo que no fue
sino transición
dura y desgarrante en la que no salió muy bien
parada la
soberanía de la Nación.
Historia
Argentina, XXIII, 635 et seq.
Para darles la acreditación
sarmientina a estos documentos
de Itamaraty que atestiguan la traición de Urquiza a su patria
cito finalmente del mismo Sarmiento algunos párrafos de su
Carta de Yungay del 13 de octubre de 1852:
«Yo he permanecido dos
meses en la corte de Brasil, en el comercio
casi íntimo de los hombres de estado de aquella nación, y conozco
todos los detalles, general, y los pactos y transacciones por los
cuales
entró S. E. en la liga contra Rosas. Todo esto, no conocido hoy del
público, es ya del dominio de la Historia y está archivado en los
ministerios de Relaciones Exteriores del Brasil y del Uruguay.»
[...]
«Se me caía la cara de vergüenza al oírle a aquel Enviado [Honorio
Hermeto Carneiro Leão, o Indobregavel] referir la
irritante escena,
y los comentarios: "¡Sí, los millones con que hemos tenido
que
comprarlo para derrocar a Rosas! Todavía después de entrar
a Buenos Aires quería que le diese los cien mil duros mensuales,
mientras
oscurecía el brillo de nuestras armas en Monte Caseros
para atribuirse
él
solo los honores de la victoria."»
D. F. Sarmiento,
Carta de Yungay
Aquí tiene, señora Álvarez de
Toledo, el significado de Caseros,
la caída de Rosas y del sistema que lo sostenía, que parecería yo
no comprender, según usted opina. Quien pareciera no sólo no
comprender, sino ni siquiera saber que la caída de Rosas fue
obra
del Brasil es, como vemos, usted. Si bien ahora lo sabe
gracias a la
elocuente documentación de Itamaraty, no creo que
cambie por esto
de parecer, ya que las ideas que defiende son
una verdadera posición
dogmática a la que de ninguna manera
afectan los hechos históricos.
Trataré los demás puntos
todavía. Reciba por el momento, señora
Álvarez de Toledo, mis saludos
Enrique C. Picotto
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