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Subject: |
Rosas y Palermo |
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Date:
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Tue, 10 Jun 2003 20:35:05 +0200 |
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From:
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Enrique C. Picotto
<e.c.picotto@attglobal.net> |
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To:
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Rafael Sarmiento
<sarmiento@via-net-works.net.ar> |
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CC:
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Vincent de Urquiza <lurquiza@fibertel.com.ar>,
Sr. Embajador C.Keller Sarmiento <CarlosKeller@arnet.com.ar>,
Sr. Mario «Pacho» O'Donnell <mario@odonnell-historia.com.ar>,
Inst. Nacional
de Invest. Históricas J. M. de Rosas" <inrosas@fibertel.com.ar>,
Dr. Oscar Denovi <oscardenovi@hotmail.com>,
Cabildo Abierto <cabildo_abierto@gruposyahoo.com.ar>,
Ing. José Ramón Miranda <jopomir@ciudad.com.ar>,
Dr. Horacio W. Bauer <BauerH@lacaja.com.ar>,
La Nación - Cartas de lectores <cartasdelectores@lanacion.com.ar>,
La Nación - Usted opina <udopina@lanacion.com.ar>,
Sr.
Diputado Fernando A. Finvard" <fefinvarb@legislatura.gov.ar>,
Sra. Inés
Álvarez de Toledo" <ines@alvarezdetoledo.com>,
Instituto
Sarmiento <sarmiento@sminter.com.ar>,
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Rosas y Palermo
El Sr. Rafael Sarmiento —del Instituto Sarmiento de
Sociología e Historia— decía:
Me alegra saber que nos lee. Inmediatamente tenga
tiempo
le hare llegar lo que tan ansiosamente espera.
Sería hora, si es que fuera verdad lo que usted dice.
Pero a mí me
parece que está usted macaneando en el mejor estilo «sarmientino»:
«La familia de los Sarmiento tiene en San Juan una
no disputada
reputación, que han heredado de padres a hijos, direle con mucha
mortificación mía, de embusteros. Nadie les ha negado esa cualidad,
y yo les he visto dar tan relevantes pruebas de esta innata y adorable
disposición que no me queda duda que es alguna calidad de familia».
(Sarmiento, «Recuerdos de provincia»)
«Si miento, lo hago como don de familia, con la
naturalidad y la sencillez
de la verdad» (Sarmiento, carta a
M. R. García, del 28 de octubre de
1868, cuando ya era presidente de la Nación).
Además, sería la primera vez que un «sarmientista»
sale a argumentar.
La parada que hizo la primera vez fue porque «no lo vieron» y se les
escapó usted del redil a los mayores. De allí en adelante, le pegaron
el sosegate y hasta aquí son «puras aleluyas», porque eso de
ponerse
a discutir es algo que no hacen los «sarmientistas»,
porque pierden.
Mande Vd. una carta de lectores y desmientalo al
autor García Prieto.
Como parece ser consuetudinario, usted no lee lo que
escribo
o no alcanza a darse cuenta de lo expuesto. Mi carta desmintiendo
a García Prieto es la que acaba de recibir usted, que fue con copia
a dos direcciones del «prestigioso matutino». Pero
LA NACIÓN
más
bien renegaría de la masonería antes de publicar una sola línea mía.
Rosas no puede ser mostrado, no digo enseñado,a la
juventud.
¿Por qué...? Como buen «sarmientista», no dará usted
una sola
razón, menos aún una justificada. Si dijera usted algo, se expresaría
como Nicanor Albarellos ante la legislatura de Buenos Aires, ni más
ni menos:
«Si el juicio de Rosas lo librásemos al fallo de
la historia, no
conseguiremos que Rosas sea condenado como tirano, y sí tal
vez que fuese en ella el más grande y el más glorioso de los
argentinos».
Pero es más probable que ni siquiera esto alcance
usted
a argumentar, puesto que desde que lo conozco no ha dicho
nada. Cámbiele la denominación a su Instituto y llámelo de
Mitología y no de Historia — o al menos de historias.
Me pregunta en que estoy ocupado, pues como siempre
con la abogacia y las actividades del Instituto
Sarmiento
de Sociología e Historia, mantenido por nosotros, y
no por
el gobierno como ocurre con el de Rosas
inmerecidamente.
Si le preguntara, señor Sarmiento, por qué habla
usted de
«inmerecidamente» al referirse al Instituto J. M. de Rosas,
tampoco podría dar una razón. A lo sumo dirá «porque es
así», y usted y su «Instituto» quedarán conformes.
Saludos. RS
Hasta pronto
Enrique C. Picotto
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Otrosí digo: De lo que le transcribí especialmente
del maestro
Sarmiento sobre Rosas para ser analizado en su «Instituto»,
no dijo usted ni mu. Aquí vemos de nuevo la táctica, no de
Sarmiento —porque él tomaba el toro por las astas y no se
callaba ante nadie—, sino de los «sarmientistas»: bocinear
y nada más, jamás argumentar ni discutir. Le transcribo de
nuevo estas interesantísimas citas de Sarmiento ya maduro,
«por si hubiesen escapado a su muy gentil atención».
Le decía:
Ya que habla usted de apología respecto de Rosas,
debería
más bien conocer lo que escribía en sus últimos
años el prócer
que ha elegido la familia Sarmiento para denominar
el Instituto
que ella dirige, me refiero a Domingo F. Sarmiento.
Dijo sobre
Rosas en una biografía de Vélez Sársfield —que cita
Saldías en
su obra Historia de la Confederación—
algo que seguramente
es del interés del Instituto de su familia. Preste
atención, señor
Sarmiento:
«Rosas era un
republicano que ponía en juego todos
los artificios del
sistema popular representativo. Era la
expresión de la voluntad
del pueblo, y en
verdad
que las actas de
elección así lo muestran. Esto será
un misterio que
aclararán mejores y más imparciales
estudios
que los que hasta hoy hemos hecho.
No todo era terror, no todo
era superchería. Grandes
y poderosos ejércitos lo
sirvieron años y años impagos.
Grandes y notables
capitalistas lo apoyaron y lo sostuvieron.
Abogados de nota tuvo en los profesores
patentados del
derecho.
Entusiasmo, verdadero entusiasmo, era el de
millares
de hombres
que lo proclamaban el Grande Americano.
La suma del poder público,
todas palabras vacías como es
vacío el abismo, le fue
otorgada por aclamación.
Senatus
consulto y plebiscito,
sometiendo al pueblo la cuestión».
Domingo F. Sarmiento, Biografía de Vélez Sarsfield
Los subrayados son míos.
Sarmiento advirtió también a José María
Ramos Mejía respecto de su obra «Rosas y su
tiempo» —como
quizá lo hiciera con su Instituto si supiera
cómo «arremete»:
"Prevendríamos al joven
autor que no reciba como moneda de
buena ley
todas las acusaciones que se han hecho a Rosas
en
aquellos tiempos de
combate y de lucha, por el interés
mismo
de las doctrinas que
explicarían los hechos verdaderos".
Como recordará, le decía yo a
usted que los «sarmientistas» eran
con Rosas mucho más inflexibles que el mismo
maestro Sarmiento,
y parecería ser cierto.
A ver qué opina su «Instituto»,
señor Sarmiento, porque debe
de haber unas 300 personas interesadas que reciben
estas líneas.
Háganos ver cuántos puntos calza un
«sarmientista», o si sólo
es puro jararabe de pico como todo lo que vengo
leyendo de su
parte hasta ahora. Vale.
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