© Enrique C. Picotto - D 71067 Sindelfingen, Alemania  - Mail to Enrique C. Picotto 14.11.03

 

Subject:

 Rosas y Palermo

Date:

 Tue, 10 Jun 2003 20:35:05 +0200

From:

 Enrique C. Picotto <e.c.picotto@attglobal.net>

To:

 Rafael Sarmiento <sarmiento@via-net-works.net.ar>

CC:  

 Vincent de Urquiza <lurquiza@fibertel.com.ar>,

 Sr. Embajador C.Keller Sarmiento <CarlosKeller@arnet.com.ar>,

 Sr. Mario «Pacho» O'Donnell <mario@odonnell-historia.com.ar>,

 Inst. Nacional de Invest. Históricas J. M. de Rosas" <inrosas@fibertel.com.ar>,

 Dr. Oscar Denovi <oscardenovi@hotmail.com>,

 Cabildo Abierto <cabildo_abierto@gruposyahoo.com.ar>,

 Ing. José Ramón Miranda <jopomir@ciudad.com.ar>,

 Dr. Horacio W. Bauer <BauerH@lacaja.com.ar>,

 La Nación - Cartas de lectores <cartasdelectores@lanacion.com.ar>,

 La Nación - Usted opina <udopina@lanacion.com.ar>,

 Sr. Diputado Fernando A. Finvard" <fefinvarb@legislatura.gov.ar>,

 Sra. Inés Álvarez de Toledo" <ines@alvarezdetoledo.com>,

 Instituto Sarmiento <sarmiento@sminter.com.ar>,


Rosas y Palermo

 

El Sr. Rafael Sarmiento —del Instituto Sarmiento de Sociología e Historia— decía:

Me alegra saber que nos lee. Inmediatamente tenga tiempo

le hare llegar lo que tan ansiosamente espera.

Sería hora, si es que fuera verdad lo que usted dice. Pero a mí me
parece que está usted macaneando en el mejor estilo «sarmientino»:

«La familia de los Sarmiento tiene en San Juan una no disputada
reputación, que han heredado de padres a hijos, direle con mucha
mortificación mía, de embusteros. Nadie les ha negado esa cualidad,
y yo les he visto dar tan relevantes pruebas de esta innata y adorable
disposición que no me queda duda que es alguna calidad de familia».
                                               (Sarmiento, «Recuerdos de provincia»)

 

«Si miento, lo hago como don de familia, con la naturalidad y la sencillez
de la verdad»   (Sarmiento, carta a M. R. García, del 28 de octubre de
1868, cuando ya era presidente de la Nación).

Además, sería la primera vez que un «sarmientista» sale a argumentar.
La parada que hizo la primera vez fue porque «no lo vieron» y se les
escapó usted del redil a los mayores. De allí en adelante, le pegaron
el sosegate y hasta aquí son «puras aleluyas», porque eso de ponerse
a discutir es algo que no hacen los «sarmientistas», porque pierden.

Mande Vd. una carta de lectores y desmientalo al autor García Prieto.

Como parece ser consuetudinario, usted no lee lo que escribo
o no alcanza a darse cuenta de lo expuesto. Mi carta desmintiendo
a García Prieto es la que acaba de recibir usted, que fue con copia
a dos direcciones del «prestigioso matutino». Pero
LA NACIÓN más
bien renegaría de la masonería antes de publicar una sola línea mía.

Rosas no puede ser mostrado, no digo enseñado,a la juventud.

¿Por qué...? Como buen «sarmientista», no dará usted una sola
razón, menos aún una justificada. Si dijera usted algo, se expresaría
como Nicanor Albarellos ante la legislatura de Buenos Aires, ni más
ni menos:

«Si el juicio de  Rosas lo librásemos al fallo de la historia, no
conseguiremos que Rosas sea condenado como tirano, y sí tal
vez que fuese en ella el más grande y el más glorioso de los
argentinos».

Pero es más probable que ni siquiera esto alcance usted
a argumentar, puesto que desde que lo conozco no ha dicho
nada. Cámbiele la denominación a su Instituto y llámelo de
Mitología y no de Historia — o al menos de historias.

Me pregunta en que estoy ocupado, pues como siempre

con la abogacia y las actividades del Instituto Sarmiento

de Sociología e Historia, mantenido por nosotros, y no por

el gobierno como ocurre con el de Rosas inmerecidamente.

Si le preguntara, señor Sarmiento, por qué habla usted de
«inmerecidamente» al referirse al Instituto J. M. de Rosas,
tampoco podría dar una razón. A lo sumo dirá «porque es
así», y usted y su «Instituto» quedarán conformes.

Saludos. RS

Hasta pronto
Enrique C. Picotto

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Otrosí digo: De lo que le transcribí especialmente del maestro
Sarmiento sobre Rosas para ser analizado en su «Instituto»,
no dijo usted ni mu. Aquí vemos de nuevo la táctica, no de
Sarmiento —porque él tomaba el toro por las astas y no se
callaba ante nadie—, sino de los «sarmientistas»: bocinear
y nada más, jamás argumentar ni discutir. Le transcribo de
nuevo estas interesantísimas citas de Sarmiento ya maduro,
«por si hubiesen escapado a su muy gentil atención».

Le decía:

Ya que habla usted de apología respecto de Rosas, debería

más bien conocer lo que escribía en sus últimos años el prócer

que ha elegido la familia Sarmiento para denominar el Instituto

que ella dirige, me refiero a Domingo F. Sarmiento. Dijo sobre

Rosas en una biografía de Vélez Sársfield —que cita Saldías en

su obra Historia de la Confederación— algo que seguramente

es del interés del Instituto de su familia. Preste atención, señor

Sarmiento:

«Rosas era un republicano que ponía en juego todos

los artificios del sistema popular representativo. Era la

expresión de la voluntad del pueblo, y en verdad

que las actas de elección así lo muestran. Esto será

 un misterio que aclararán mejores y más imparciales

estudios que los que hasta hoy hemos hecho.

 

No todo era terror, no todo era superchería. Grandes

y poderosos ejércitos lo sirvieron años y años impagos.

Grandes y notables capitalistas lo apoyaron y lo sostuvieron.
Abogados de nota tuvo en los profesores patentados del

derecho.


Entusiasmo, verdadero entusiasmo, era el de millares

de hombres que lo proclamaban el Grande Americano.

La suma del poder público, todas palabras vacías como es

vacío el abismo, le fue otorgada por aclamación. Senatus

consulto y plebiscito, sometiendo al pueblo la cuestión».

                        Domingo F. Sarmiento, Biografía de Vélez Sarsfield

Los subrayados son míos. Sarmiento advirtió también a José María
Ramos Mejía respecto de su obra «Rosas y su tiempo» —como
quizá lo hiciera con su Instituto si supiera cómo «arremete»:

"Prevendríamos al joven autor que no reciba como moneda de

buena ley todas las acusaciones que se han hecho a Rosas en

aquellos tiempos de combate y de lucha, por el interés mismo

de las doctrinas que explicarían los hechos verdaderos".

Como recordará, le decía yo a usted que los «sarmientistas» eran
con Rosas mucho más inflexibles que el mismo maestro Sarmiento,
y parecería ser cierto.

A ver qué opina su «Instituto», señor Sarmiento, porque debe
de haber unas 300 personas interesadas que reciben estas líneas.
Háganos ver cuántos puntos calza un «sarmientista», o si sólo
es puro jararabe de pico como todo lo que vengo leyendo de su
parte hasta ahora. Vale.

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