Rosas y Palermo
El Dr. Rafael Sarmiento del
Instituto Sarmiento de Sociología e Historia decía:
Compatriotas:
Me complace indicarles que en Carta
de Lectores de La Nacion de hoy 9 de junio de
2003
el señor Horacio Miguel
Garcia Prieto nos ha ilustrado sobre cuales fueron
los ilicitos
procedimientos de Juan
manuel de Rosas para llegar a considerse
propietario
de los terrenos de
Palermo que los rosistas pretenden insolitamente
reivindicar.
Nos dice el autor de la carta de
lectores: " Al respecto quisiera expresar que
PEDRO
AGUSTIN CUELLI ... había
heredado de sus antepasados las tierras
de San Benito
de Palermo, donde se
encontraba su chacra, sobre el camino
de las tropas ( hoy
avenida Las Heras) Allí
se encontraba la casa,desde 1829,
en la que se veneraron
la imágen de San Benito
de Palermo y de la Virgen de
La Merced.
Durante la época
de Rosas -sigue diciendo
García Prieto- don PEDRO A.CUELLI
sufrió la persecución del
tirano y fue encarcelado y
desterrado. Hacia 1836, Rosas
lo despojó
de sus tierras para
instalarse con su familia en ellas,
no siéndoles posible
recuperar sus propiedades ni a él
ni a sus herederos...".
En la audiencia pública del 11 de
abril los rosistas señalaron como el mejor
argumento la
propiedad de esas tierras
por parte de Rosas.¿Sabían de la
existencia de CUELLI?
Espero que respondan sobre
este particular.
No lo harán.
Estimado Sr. Rafael Sarmiento:
Personalmente, nada sabía, realmente, de la
existencia de un tal Pedro
Agustín Cuelli, y hasta dudo que hubiese habido alguien con ese nombre
relacionado con Rosas y Palermo. Probablemente se trate de los
propietarios
de la «la quinta de los Cueli» (Jardín Botánico), donde Rosas más
tarde
hizo construir caballerizas y cuarteles. Pero su casa de Palermo ya
existía
para esa época. Dice un informe de la Asociación de Amigos del Lago
de
Palermo
1838 - 1848
El gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Brigadier General Juan
Manuel
de Rosas compra a distintos propietarios los terrenos del
«bañado de Palermo»,
llamado así recordando el nombre de su primitivo poseedor, a quien
Garay había
cedido esas tierras. Rosas las rellena, las parquiza, y construye allí
su residencia,
situada en la que es hoy la intersección de la Av. Sarmiento con la
Del Libertador,
frente al actual Jardín Zoológico. La denomina «Palermo de San
Benito». Los
distintos predios adquiridos conformaban las 541 hectáreas que
le fueron
expropiadas a Juan Manuel de Rosas después de ser derrotado en la
batalla
de Caseros.
12 de enero de 1838
En esta fecha, ante el Escribano Luis López, Juan Manuel de Rosas
adquiere
tres quintas a Juan Bautista Peña. Según planos de la época (Dillon,
Descalzi),
dentro de ese predio se encuentra el ocupado actualmente por el
Automóvil
Club Argentino.
http://www.amigos-del-lago.org.ar/documentos/INFORMEAutClubArgnew.pdf
Fermín Chávez indica en 1970
respecto de Palermo :

«Residencia de Rosas desde 1839 hasta 1852. Sus
tierras fueron
adquiridas
por el Restaurador en 1836 cuando sólo eran pantanos,
bajos y bañados.
Con tierra traída de lo que hoy es Belgrano,
y solventando la empresa
de su
bolsillo, el dictador logró convertir
los terrenos en un jardín luego
de grandes
esfuerzos y labores.
[...] En los amplios jardines y parque podían
verse
avestruces,
teros, gavilanes y pájaros de hermoso plumaje. Un estanque
de 100 varas de largo era una de las atracciones de Palermo.
[...]
El Restaurador hizo construir los jardines para que los disfrutaran
quienes quisieran hacerlo; de ahí que el acceso a
Palermo era
libre, ya que no
había
verjas y guardias en su alrededor.»
Fermín Chávez, Rosas, su
iconografía, II, 193 et. seq., 1970
Con más de 500 hectáreas de su propiedad en la zona
de Palermo —
y unos cuantos miles más en la provincia—, no necesitaba Rosas
con toda seguridad perseguir a un inexistente Pedro Agustín Cuelli
para apoderarse de su trocito de tierra para construir Palermo. Dice
además su informante que la «chacra» del supuesto Cuelli estaba en
el «Camino de las Tropas, hoy Avenida Las Heras». Según tengo
entendido, el Camino de las Tropas tanto puede ser la avenida
Boedo como la del Tejar, la Donato Álvarez o la Warnes, todas
hacia el sudoeste o hacia el sur, pero no la avenida Las Heras, que
va de Palermo hacia el este y se llamaba Chavango.
Continúa usted:
Por mi parte debo informarles
que los integrantes del Instituto
Historico Rosas
están haciendo lobby ante
el Gobernador de
la Ciudad autónoma para que
se enseñe
obligatoriamente en
las Escuelas de la Ciudad de Buenos
Aires,
todos los días,
una hora, la vida y obra de
Rosas.
Ya ve usted, señor Sarmiento, lo necesario que es. En
primer
lugar habría que rogar la asistencia del señor
Horacio Miguel
Garcia Prieto, el escribiente de ayer en
LA NACIÓN,
a fin de que
aprendiera a ubicar el Camino de las Tropas y, lo
que es mucho
más importante, para que se instruyera respecto de
ese tal Cuelli
y nos explique un poco mejor quién pudiera ser.
Y concluye:
Esta gestión pretendida,
emparentada con la apología del
delincuente y del delito, de
concretarse, seguramente
tendrá
que esconder o disimular la muerte por deguello de
ilustres
argentinos y los largos y
penosos años de persecución, muerte
y tiranía.
Este
dato seguramente será advertido por
el Diputado
O'DONELL para sus investigaciones.
Un abrazo argentino
Rafael Sarmiento.
Ya que habla usted de apología respecto de Rosas,
debería más bien
conocer lo que escribía en sus últimos años el prócer que ha elegido
la familia Sarmiento para denominar el Instituto que ella dirige, me
refiero a Domingo F. Sarmiento. Dijo sobre Rosas en una biografía
de Vélez Sársfield —que cita Saldías en su obra Historia de la
Confederación— algo que seguramente es del interés del Instituto
de su familia. Preste atención, señor Sarmiento:
«Rosas era un
republicano que ponía en juego todos los
artificios
del
sistema popular representativo. Era la
expresión
de la voluntad
del
pueblo, y en verdad que las actas de
elección así lo muestran.
Esto
será un misterio que aclararán
mejores y más
imparciales estudios
que los que hasta hoy hemos
hecho. No
todo era terror, no todo era
superchería. Grandes
y poderosos ejércitos lo
sirvieron años y años
impagos. Grandes
y notables capitalistas lo
apoyaron y lo sostuvieron.
Abogados
de nota tuvo en los profesores
patentados del derecho.
Entusiasmo, verdadero entusiasmo, era el de
millares de
hombres
que lo proclamaban el Grande Americano.
La suma
del poder público,
todas palabras vacías como es vacío el abismo,
le fue otorgada por
aclamación. Senatus consulto y
plebiscito,
sometiendo al pueblo la cuestión».
Domingo F. Sarmiento,
Biografía de Vélez Sarsfield
Los subrayados son míos.
Sarmiento advirtió también a José María
Ramos Mejía respecto de su obra «Rosas y su
tiempo» —como
quizá lo hiciera con su Instituto si supiera cómo
«arremete»:
"Prevendríamos al joven autor
que no reciba como moneda de
buena ley
todas las acusaciones que se han hecho a Rosas
en
aquellos tiempos de
combate y de lucha, por el interés mismo
de las doctrinas que
explicarían los hechos verdaderos".
Como recordará, le decía yo a
usted que los «sarmientistas» eran
con Rosas mucho más inflexibles que el mismo
maestro Sarmiento,
y parecería ser cierto.
Le
recuerdo, señor Sarmiento, que aún sigo esperando aquellas
«implacables verdades» que me llenarían de
vergüenza, que había
anunciado usted con bombos y platillos hace
ya meses y que no he
recibido aún. ¿En qué está trabajando ahora...?
Cordiales saludos y espero detalles sobre Pedro
Agustín Cuelli
Enrique C. Picotto
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