Historia Argentina- © Enrique C. Picotto - D 71067 Sindelfingen, Alemania  - Mail to Enrique C. Picotto 14.11.03

 

Avenida Rosas-Sarmiento - I

 

Subject:

Avenida Rosas-Sarmiento

Date:

Sat, 05 Apr 2003 18:37:16 +0200

From:

Enrique C. Picotto <enrique@picotto.net>

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5 de abril de 2003

Estimados amigos:

 

Como que a perro flaco nunca le faltan pulgas, los porteños

están dedicados ahora a uno de nuestros temas preferidos:

Rosas o Sarmiento.

 

LA NACIÓN de ayer informaba por partida doble, si bien la
cantidad suele estar reñida con la calidad:

http://www.lanacion.com.ar/03/04/04/dg_486042.asp

Controversia: una iniciativa que ya genera oposición
Llamarían Rosas a la avenida Sarmiento

 

http://www.lanacion.com.ar/03/04/04/dg_486044.asp

Creen que es politizar un paseo

Ya en la primera nota se le ven las patas a la sota cuando dice

LA NACIÓN ... reavivó el fuego de una controversia que lleva

años. Que enfrentó a ambos hombres a mediados del siglo XIX...

Correctamente debería decirse que Sarmiento fue quien se enfrentó

contra su Patria, la Confederación, si bien en esa época Sarmiento

decía ser chileno. Rosas no se preocupó por Sarmiento ni creo que

supiera quién era hasta circa 1845, año en que apareció el Facundo,

y hasta llegó a alabarlo. Sobre el Facundo y su autor dijo Rosas:

El libro del loco Sarmiento es de lo mejor que se ha
escrito contra mí: así es cómo se ataca, señor; así es
cómo se ataca; ya verá usted cómo nadie me defiende
tan bien, señor.                        cf. Saldías, Rozas..., III, 236

Advertía Jauretche en su Manual de zonceras que de quien habría

que cuidarse no es precisamente de Sarmiento, sino precisamente

de los sarmientistas, que siempre están presentes. Y creo que lleva

razón. El Dr. Rafael Sarmiento, uno de los muchos vicepresidentes del

Instituto Sarmiento de Sociología e Historia, dice según LA NACIÓN:

No se puede rendir un homenaje a Rosas sobre la base
de ofender la memoria de otro prócer. Pudieron ponerle
Rosas a la plaza... Tanto el monumento como este cambio
son motivos de exaltación a la violencia. Si hay algo que
es sinónimo del degüello es Rosas.

Quizá haya cimentado el Dr. Rafael Sarmiento sus palabras con
alguna prueba que acaso
LA NACIÓN haya callado, pero con lo
que dice —nada—, sólo corrobora lo que afirma Jauretche:
cuidarse de los sarmientistas. Continuaba el Dr. Rafael Sarmiento:

...esta medida importaría un agravio intolerable
e inaceptable para la memoria del prócer y el
comportamiento de las autoridades de la Ciudad
es un intencionado apartamiento de las enseñanzas
de la historia.

Nuevamente, nada por este lado...nada por este otro....
 

El Dr. Rafael Sarmiento continúa con esta suerte de
meteorismos mentales:

No hay una escuela ni una biblioteca que se llame

Rosas. Podríamos ponerle a un matadero ese nombre...

No aceptamos que para rendirle un homenaje a Rosas

se injurie a Sarmiento.

Con toda seguridad habrá alguna biblioteca que lleve el nombre
de Rosas, por lo demás sí hay instituciones con este nombre que
incluyen bibliotecas. En cuanto a escuelas con el nombre del
Restaurador, las hay, por más que lo ignore el «historiador»
Rafael Sarmiento. Aquí algunas direcciones:

http://www.bica.com.ar/fundac/Juan_M_de_Rosas/
Ciudad Madero, Escuela Juan Manuel de Rosas

http://www.bica.com.ar/fundac/Juan_M_de_Rosas/
El Pozo, Escuela Juan Manuel de Rosas, Nº 1317

http://www.grupopayne.com.ar/archivo/01/0106/010612/institucionales/institucionales.html
San Luis, Escuela Juan Manuel de Rosas

Lo de «Podríamos ponerle a un matadero ese nombre», es
realmente dégoûtant. El señor vicepresidente pareciera estar
inspirado más bien por la conocida mitología argentina ad usum

Delphini que constituye la raíz de las ideas básicas que para la

mesocultura continúa divulgando la intelligentsia. Debería, más

bien, guiarse por las supuestas especialidades de su instituto —

la sociología y la historia—, pues hasta ignora que su mismo

cuasi-antepasado no era nada remiso a las prácticas propias

de echeverrianos relatos. Vayan algunas perlas sarmientinas

(del Sarmiento original):

¿Lograremos exterminar a los indios? Por los salvajes de

América siento una invencible repugnancia sin poderlo remediar.

Esa canalla no son más que unos indios asquerosos a quienes

mandaría colgar ahora si reapareciesen. Lautaro y Caupolicán

son unos indios piojosos, porque así son todos. Incapaces de

progreso, su extermino es providencial y útil, sublime y grande.

Se les debe exterminar sin ni siquiera perdonar al pequeño, que

tiene ya el odio instintivo al hombre civilizado             

                            Artículos de "El Progreso", 27.9.1844 y de "El Nacional",

                            19.5.1857,  25.11.1878 y 8.2.1879

 

Estamos por dudar de que exista el Paraguay. Descendientes

de razas guaraníes, indios salvajes y esclavos que obran por

instinto o falta de razón. En ellos, se perpetúa la barbarie primitiva

y colonial... Son unos perros ignorantes... Al frenético, idiota, bruto

y feroz borracho Solano López lo acompañan miles de animales

que obedecen y mueren de miedo. Es providencial que un tirano

haya hecho morir a todo ese pueblo guaraní. Era necesario purgar

la tierra de toda esa excrecencia humana, raza perdida de cuyo

contagio hay que librarse.             Artículo de "El Nacional", 12.12.1877.

 

Los negros... ponían en manos de Rosas un celoso espionaje,

a cargo de sirvientes y esclavos proporcionándole, además,

excelentes e incorruptibles soldados de otro idioma y de una

raza salvaje... Felizmente, las continuas guerras han exterminado

 a la parte masculina de la población...              Facundo

 

No trate de economizar sangre de gauchos. Es lo único que tienen

de humano. Este es un abono que es preciso hacer útil al país.

Carta a Mitre, 20.9.1861.

 

Sandes ha marchado a San Luis... Si va, déjelo ir. Si mata gente,

cállense la boca. Son animales bípedos de tan perversa condición

que no sé qué se obtenga con tratarlos mejor.

Carta a Mitre, marzo de 1862.

 

He aplaudido la medida, precisamente por su forma. Sin cortarle la

cabeza a aquel inveterado pícaro [el Chacho Peñaloza] y ponerla a la expectación, las chusmas no se habrían aquietado en seis meses.

Carta a Mitre, 18.11.1862.

 

No deje cicatrizar la herida de Pavón. Urquiza debe desaparecer

de la escena, cueste lo que cueste. Southampton o la horca. Es la

única nube negra que queda en el horizonte

Carta a Mitre, diciembre de 1862

 

La muerte del gobernador Nazario Benavídez es acción santa

sobre un notorio malvado. Dios sea loado.

"El Nacional", 23.10.1858

Por si esto fuera poco, José Luis Busaniche dice en la última página

de su Historia Argentina:

[...] Y no vamos a pedir a un amigo de Peñaloza ni de
Juan Saa la estadística que sirva de cifra y compendio,
clave y emblema, para el período que, por desdicha, no
se cerró el 12 de octubre de 1868, cuando el general Mitre
hizo entrega del poder a don Domingo F. Sarmiento. Nos
la dará don Nicasio Oroño, miembro conspicuo del partido
liberal, y senador en 1868. «Desde junio de 1862 —dijo
Oroño en el Senado— hasta igual mes de 1868, han ocurrido
en las provincias ciento diez y siete revoluciones, habiendo
muerto en noventa y un combates, cuatro mil setecientos
veintiocho ciudadanos».

En cifras: 4.728 muertos en 6 años. Tomemos de Rivera Indarte
las Tablas de sangre, pagadas a penique por muerto por la casa
Lafone de Montevideo: 480 muertos, dos libras justas. Vemos que
Rosas, en 20 años, «se quedó corto» en comparación con lo que
alcanzaron en tan poco tiempo Mitre y Sarmiento con sus coroneles
orientales Ambrosio Sandes, José Miguel Arredondo, Ignacio Rivas,
Venancio Flores, Wenceslao Paunero, a los que podríamos agregar
el chileno Irrazábal. Tuvieron todos decidida participación en la
«organización nacional», en trocar la barbarie en civilización, lo
que se comprueba con las cifras que cita Oroño. Y no se incluye
Cañada de Gómez, 22.11.1861, en el «arqueo» del liberal Oroño,
ni unas cuantas menudencias más. Sinceramente, creería que el
nombre de Rosas no fuera el más adecuado para designar un
matadero, según lo sugiere el señor vicepresidente. Hay otros
sin duda más convenientes.

 

En la segunda nota de LA NACIÓN aparecen otros «historiadores»
como la señora María Sáenz Quesada, quien califica el proyecto
de «desdichado»

Puesto que se reincide en politizar el tema de los
nombres de los paseos públicos. Al sacarle un tramo
a la avenida Sarmiento se quiere provocar a la opinión.
Pero la Argentina necesita mucho de Sarmiento y de
su memoria.

Nada por este lado... nada por este otro... Estos argumentos de

la «historiadora» explican exactamente, más o menos de alguna

manera, por qué el proyecto fuera «desdichado», sindudamente.

La Sra. Lic. Sáenz Quesada conoce mucho de la historia de

Sarmiento, por ejemplo cuando explica en LA NACIÓN:

http://www.lanacion.com.ar/01/01/11/p21.htm
Sarmiento y su utopía - Por María Sáenz Quesada

A su paso por el Reino Unido, donde también abundaban
los contrastes del lujo y la miseria, Sarmiento leyó la obra

de Thomas Mann, que presidía el Consejo de Educación

del Estado de Massachusetts, en Estados Unidos. Quiso

entonces conocer in situ el desarrollo de ese proyecto

novedoso.

Thomas Mann, si se tratara del escritor (1875 - 1955), no presidió
ningún consejo de educación de Massachusetts, era alemán y cuando
murió Sarmiento tenía 13 años. De quien quiso hablar la «escritora
e historiadora» es de Horace Mann (1796 - 1859). Sarmiento fue
presentado a Horace Mann en 1847. Más tarde su viuda, Mary Mann,

tradujo el «Facundo» al inglés, en 1868. Me pregunto por qué no lo

tradujo directamente el autor, de quien se dice que hablaba inglés

perfectamente.

 

De esta forma se pudo apreciar también en los Estados Unidos esta

«obra», de la que Alberdi dijo que era un modelo incomparable
de pedantismo y de charlatanismo, y el mismo Sarmiento aseguró
que era una obra improvisada, llena por necesidad de inesactitudes,
a designio a veces, no tiene otra importancia qe la de ser uno de
tantos medios tocados para ayudar a destruir un gobierno absurdo,
i preparar otro nuevo (cf. carta al general Paz, 22.12.1845). El fin
de derrocar al gobierno estaba ya cumplido en 1868, pero Sarmiento
hizo divulgar no obstante por medio de Mary Mann sus inesactitudes
a designio en Estados Unidos, en bien de nuestra Argentina. Hoy
nos admiramos de la marcha del país y del concepto que gozamos.

 

No podía faltar en este bouquet de sarmientistas la Academia
Nacional de Historia. Decía Miguel Angel De Marco que:

... es absolutamente fuera de lugar porque en la
Argentina estamos cansados de estos cambios
constantes de denominación. Si hay quienes
quieran dar esta denominación cuentan con
suficiente cantidad de paseos para hacerlo.

Claro: esta suficiente cantidad de paseos seguramente carece
aún de denominación en la adelantada Ciudad Autónoma,
aunque lo más probable es tengan un nombre pero que no
se llamen «Sarmiento» o «Urquiza» y entonces, en ese caso,
para la Academia daría igual que se lo cambiaran.

 

Es curioso que todos los «historiadores» sarmientistas que
agotan en
LA NACIÓN el hontanar del ditirambo se cuidaron
siempre como de mearse en la cama de evocar a San Martín
con respecto a Sarmiento. ¿Por qué será? No hay panegírico
dedicado a quién sea en el que se deje de incluir «de rifa o de

rafa» al Libertador, pero nunca en el caso de Sarmiento. Es que,

precisamente, no se puede relacionar a San Martín con enemigos

de Rosas empleando palabras huecas, pues para el Libertador,

atacar a Rosas era atacar a la Patria misma. San Martín

consideraba a Rosas su amigo y le legó en su testamento

su sable, estipulando precisamente por qué:

3º - El Sable que me a acompañado en toda la Guerra de
la Independencia de la América del Sud, le será entregado
al General de la República Argentina don Juan Manuel de
Rosas, como una prueba de satisfacción, qe. como Argentino
he tenido al ver la firmeza con qe. ha sostenido el honor de
la República contra las injustas pretensiones de los Extranjeros
qe. tratan de Umillarla.

Entre quienes apoyaron las injustas pretensiones de los Extranjeros

que trataron de invadir la Confederación y que San Martín condenó,

estaba precisamente Sarmiento, y él mismo lo confiesa:

Los que cometieron aquel delito de leso americanismo
(apoyar la invasión francesa), los que se echaron en

brazos de la Francia para salvar la civilización europea,

sus instituciones, sus hábitos e ideas en las orillas del

Plata, fueron los jóvenes, en una palabra, ¡fuimos nosotros! ...

Somos traidores a la causa americana, española, absolutista,

bárbara... De eso se trata, de ser o no ser salvajes».    

                                                                   Sarmiento, Facundo

Éste es Sarmiento, el «prócer» que ahora se pretende anteponer
a quien defendió nada menos que la soberanía nacional. Es que
los sarmientistas, de quienes ya nos advertía Jauretche, nada
saben de soberanía nacional fuera de los días festivos, y son más

bien dados a las alegorías.

 

La verdadera razón por la que se opone nuestra intelligentsia
a estos cambios de nombres la esboza Pacho O'Donnell, y es
en realidad el temor de que los argentinos nos terminemos de

«avivar» —pues vivos sólo nos creemos, para despertar todavía

nos falta un rato— y, pasando de la mitología a la verdad histórica,

terminemos por comprender qué nos quiso decir Jauretche hace

medio siglo, si bien lo dijo con claridad meridiana:

A la estructura material de un país dependiente corresponde
una superestructura cultural destinada a impedir el conocimiento
de esa dependencia para que el pensamiento de los nativos
ignore la naturaleza de su drama y no pueda arbitrar propias
soluciones, imposibles mientras no conozca los elementos sobre
los que debe operar y los procedimientos que  corresponden,
conforme a sus propias circunstancias de tiempo y lugar.
                                             Arturo Jauretche, Los profetas del odio y la yapa

Los topónimos, las nomenclaturas, las efemérides, son una

parte de esa «superestructura cultural destinada a impedir

el conocimiento de esa dependencia...» y reflejan desde hace

siglo y medio únicamente una Argentina: la del sueño liberal,

que solo fue un sueño, nunca cumplido, y quien no lo crea, no

tiene más que fijarse en lo que está quedando del país: ya ni

pa' dar un consejo estamos.

 

Pacho O'Donnell describió el embeleco de la intelligentsia respecto

de nombres de calles, plazas y lugares en una nota de Clarín que

habría que leer:

http://old.clarin.com/diario/2003/01/17/o-01905.htm
Opinión
TRIBUNA ABIERTA
17.01.2003
Unidad nacional: una historia de desencuentro
Las calles de la ciudad de Buenos Aires muestran
huellas de una añeja confrontación.
[...]
Más grave que el antagonismo es la imposibilidad de restañar

las heridas. Eso es lo que ha sucedido a pesar del tiempo

transcurrido desde Caseros y sus ecos en Pavón, Cepeda

y la guerra de la Triple Alianza, como lo demuestra la

nomenclatura urbana de la ciudad de Buenos Aires donde

ninguna calle lleva el nombre del líder federal Juan Manuel

de Rosas (en cambio las hay en La Matanza, Quilmes, San

Isidro, Pilar, Lomas de Zamora y otras localidades).

 

Tampoco el de ninguno de los caudillos provinciales como

Estanislao López, Francisco Ramírez, Juan Bautista Bustos,

el Chacho Peñaloza, varios de ellos de destacada actuación

en las guerras de la Independencia y también protagonistas

de los tratados preexistentes a los que se refiere el preámbulo

de nuestra Constitución Nacional.

 

Al cordobés Bustos se lo castiga a pesar de haber comandado

el heroico cuerpo de arribeños durante las invasiones inglesas

en 1806 y de haber servido a las órdenes de Belgrano en el

Ejército del Norte del que luego fue jefe de Estado Mayor.

 

Pero el caso más absurdo es el del santafecino López,

promotor de los importantes tratados del Pilar y de Benegas,

cuyo hermano Juan Pablo, apodado Mascarilla por su fealdad,

de mucho menor relieve, ha merecido el reconocimiento de

la nomenclatura callejera metropolitana por el único mérito

de haber desertado del bando federal para pasarse al unitario.

 

No faltan, en cambio, calles porteñas que llevan nombres

discutibles, como el de Manuel García, ministro del protounitario

Rivadavia que en una más que sospechosa negociación, y bajo

la supervisón del embajador británico Ponsomby, entregó la

Banda Oriental al Brasil a pesar de que las armas argentinas

resultaron victoriosas en Ituzaingó. O plazas con nombres de

presidentes de facto como Pedro E. Aramburu.

 

El obstinado revanchismo unitario degrada a sus propios

prohombres pues Domingo Faustino Sarmiento, aquel que

acuñase para los suyos lo de "civilizados" y denigrase a sus

enemigos como "bárbaros", no ha sido honrado con una

estatua que lo perpetúe como educador sino que la maravillosa

obra del genial Rodin está semioculta entre los arbustos pues

se eligió emplazarla en el exacto lugar donde se elevaba la

residencia de Rosas, derribada por el odio persistente el

3 de febrero de 1899, ¡en el 46° aniversario de la batalla

de Caseros!

 

No termina ahí el asunto pues la avenida Sarmiento sustituye

en denominación a la avenida de las Palmeras, sobre la que

se erigía la vivienda del Restaurador. Es decir que la Capital

Federal, "cuna de todos los males de la patria" al decir de

San Martín, homenajea al sanjuanino como vencedor unitario.
[...]

Hoy continúan los amanuenses de LA NACIÓN escribiendo por la

verdad y el bien de la Patria. Según informaba el «prestigioso

matutino», la decisión será tomada recién el viernes 11, pero —

Argentina semper idemya se publica una semana antes quién

ganará: el caballo del comisario. Y esto lo saben sólo los señoros

gordos de LA NACIÓN, vaya casualidad:

http://www.lanacion.com.ar/03/04/05/dg_486376.asp

Controversia: un proyecto que naufraga
Los porteños optan por Sarmiento


http://www.lanacion.com.ar/03/04/05/dg_486383.asp

Rosas por Sarmiento - Una mezquina provocación
Por Félix Luna
 

http://www.lanacion.com.ar/03/04/05/do_486189.asp

Editorial I
La desvirtuación de la historia

Cordiales saludos
Enrique C. Picotto

______________________________________

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