Historia Argentina- © Enrique C. Picotto - D 71067 Sindelfingen, Alemania  - Mail to Enrique C. Picotto 14.11.03

II - Sobre la Confederación Argentina 
   Intervención del Imperio del Brasil en el Río de la Plata

Los siguientes pasajes fueron tomados de

«La Guerra del Paraguay y las montoneras argentinas», José María Rosa, Buenos Aires, 1964.


 

En 1850 el gabinete brasileño necesitaba dinero

para suplir el subsidio francés que hasta entonces

mantuvo la defensa de Montevideo: era necesario

«adquirir» la plaza, inapreciable para la próxima

guerra con la Confederación. No podía hacerlo

directamente sin provocar un casus belli con

Rosas, todavía inoportuno. Entonces, el ministro

de Negocios Extranjeros, Paulino de Souza,

buscó a Irineo, quien relata en 1878 su

inestimable intervención en la política brasileña

contra el Plata.

 Vizconde de Mauá
Irineu Evangelista de Souza, Vizconde de Mauá 

(1813 - 1889)

De su «Exposiçao aos credores e ao público», 1878: «Desde comienzos

de 1850 acompañé todas las evoluciones de la

política del Brasil en

el Río de la Plata.

 

A mediados de ese año díjome el señor

consejero Paulino, entonces Ministro de

Negocios Extranjeros que, puesto

que la actitud de la Legación Argentina se

tornaba cada día más pronunciada y Brasil

no estaba preparado para aceptar la lucha,

tendría el gobierno que reunir sin hacer bulla

los elementos precisos para dar el golpe a fin

de no encontrarnos envueltos en una guerra

duradera que sería funesta para las finanzas

del Imperio. 

S. E. me hizo saber que, abandonada la plaza

de Montevideo por Francia, o simplemente

amenguados los recursos que ésta le

suministraba, sería inevitable su caída

en poder de Rosas perdiendo así el Brasil

una base de operaciones en la guerra

inevitable que se aproximaba. 


Que era preciso a todo trance sustentar la plaza

con recursos financieros, y como no estaba  preparado Brasil para hacer la guerra, el

gobierno confiaba en mí para prestar los

auxilios indispen- sables como préstamos

hechos particularmente por mí. El tratado

secreto con el representante de la plaza en

esta Corte (Andrés Lama) estableció la

importancia de estos auxilios, que fueron

entregados por mí sin percibir una partícula

de beneficio, por el contrario; sabiendo que

los recursos entregados no eran bastantes

para conseguir el fin que se tenía en vista,

traté de auxiliar eficazmente la defensa de

Montevideo... siendo mi pensamiento concurrir

para el triunfo de la política de Brasil en el Río

de la Plata.»

Por su contribución decisiva en la caída de

Rosas, que afianzó el predominio de la política

del imperio y dio hegemonía al Brasil en todo el

continente, Irineo fue ennoblecido con el título de

barón de Mauá. Cuando construyó en 1874 el

cable entre Brasil y Europa, fue ascendido por

Pedro II a vizconde.

 

 

El Banco Mauá y Cía.
 

Después de 1852, la preponderancia del

barón de Mauá es completa en el continente

sudamericano.

 

Construye ferrocarriles, líneas de

navegación a vapor, crea fundiciones,

empresas de iluminación a gas, diques

flotantes, compañías mineras, estancias

en la República Oriental y en Río Grande,

cables submarinos, inicia el Banco de Brasil.

Más tarde, con la ayuda financiera de los

Rothschild de Londres, crea el poderoso

Banco Mauá con agencias en todo el

Imperio y filiales en Nueva York, Londres,

Mánchester, Montevideo, Rosario y Buenos

Aires. Estas últimas formaban la punta de

lanza de la penetración anglobrasileña en

el sur.

Tras las gafas de oro y la serenidad

británica de este riograndense nieto de

bandeirantes, alentaba el expansionismo

de sus abuelos del siglo XVII. Eran otros

los tiempos, y otras serían las armas: así

como el Brasil se engrandeció en perjuicio

de los castelhanos por el coraje, codicia

y patriotismo de los toscos bandeirantes

de arcabuz al hombro, lo haría en la segunda

mitad del siglo XIX por este otro de suaves

maneras, cuya arma era la libreta de

cheques. Tras el ejército brasileño llegó

Irineo a Montevideo en 1851; después de

Caseros haría la conquista de Buenos Aires. 

Ambos países quedaron abiertos a sus

negocios. El Banco Mauá y Cía. de

Montevideo fue, prácticamente, el dueño

de del Estado Oriental: poseía estancias,

un dique de construcciones navales y era prestamista oficial a buen interés. En 1861,

los seis millones de gastos del presupuesto necesitaban dos y medio del Banco Mauá

para equilibrarse. Los «billetes de banco»

de Mauá eran la moneda circulante en el

Uruguay. 


Si la República Oriental, entregada como

gaje del triunfo a los imperiales, fue presa

fácil del Banco de Mauá a la caída de Rosas,

la Argentina costaría un poco más. Fue

necesaria la escisión del 11 de septiembre,

y luego la «diplomacia del patacón» ejercida

al voleo por el comisionado Paranhos ante el

ávido Urquiza desde 1857, para que el barón

viniese a Paraná , y ahí, en cuarenta y ocho

horas, obtuviera la concesión de su Banco:

el 26 de noviembre de 1857 llegó a Paraná,

el 28 firmó con el gobierno el convenio

reducido el 30 a escritura pública.

Mauá consiguió el monopolio bancario

con facultad para emitir moneda y billetes;

sus deudores serían considerados como

«deudores del Estado» y sujetos a sus penas criminales y políticas; quedaba liberado de

todo impuesto, y sus cajas recibirían toda la

recaudación nacional. 

El 2 de enero de 1858 se abrió en Rosario el Banco Mauá; más tarde la filial de Buenos

Aires. Al iniciarse la guerra de la Triple Alianza

Mauá era el árbitro financiero del Plata, y sus

gobiernos dependían de sus préstamos. 

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Mailto Enrique C. Picotto