http://www.picotto.net/  © Enrique C. Picotto - D 71067 Sindelfingen, Alemania  - Mail to Enrique C. Picotto 14.11.03

HOME

 

 

Apuntes de Historia e historias argentinas

2006 - Centenario de la muerte del General Mitre

3

 

-------- Original Message --------

Subject:

Bartolomé Mitre

Date:

Wed, 01 Feb 2006 20:06:48 +0100

From:

Enrique C. Picotto <enrique@picotto.net>

 

To:

Nélida Rebollo de Montes <nelidamontes@speedy.com.ar>

 

CC:

Dr. Horacio W. Bauer <Bauerh.POHOLD.DHOLDW@lacaja.com.ar>,

Prof. James O. Pellicer - New York <jop63@yahoo.com>,

La Nación - Cartas de lectores <cartadelectores@lanacion.com.ar>,

Sr. Gustavo Santander <gsantander@informaticaorion.com.ar>,

Osvaldo Julio Schiavoni <postmaster@rimar2000.com.ar>,

Carlos Dragovich - Long Island <cdragovich@biodex.com>,

Dr. Marcus Levine <rosmarin@matzuva.org.il>,

Dr. José Luis Garrido <outabeiron@arnet.com.ar>,

Ing. Guillermo Solá <guiso@arnet.com.ar>,

Adriana Pena <rxp3@psu.edu>,

Masonería Argentina - Gran Maestre <granmaestre@masoneria-argentina.org.ar>,

Dr. Norberto J. Chiviló <norbertochivilo@yahoo.com.ar>,

Ing. José Ramón Miranda <jopomir@ciudad.com.ar>,

Instituto Nacional de Invest. Históricas J. M. de Rosas <info@juanmanuelderosas.org.ar>,

Dr. Oscar Denovi - Instituto J. M. de Rosas <oscardenovi@juanmanuelderosas.org.ar>,

Inst. Sarmiento de Sociol. e Historia - Sr. Rafael Sarmiento <sarmiento@vianw.com.ar>,

Eduardo Rosa <rosaeduardo@yahoo.com.ar>,

Emilio Salas <salase@sanjulian.com>,

Academia Nacional de la Historia - Dr. M. A. De Marco <admite@an-historia.org.ar>,

Sr. Mario «Pacho» O'Donnell <odonnellpacho@gmail.com>,

Sr. Osvaldo Bayer <osvaldobayer@fullzero.com.ar>,

Foro de Historia del Plata <Historia_del_Plata@gruposyahoo.com.ar>,

Lilia Samacoits <liliapsamacoits@yahoo.com>,

Alberto Halac <alberth@hmecommunications.com>,

Prof. José Antonio Iglesias <joseiglesias@arnet.com.ar>

 

Bartolomé Mitre
http://www.lanacion.com.ar/opinion/nota.asp?nota_id=776836
 

Señora Nélida Rebollo de Montes:

No dudo de que su nota de hoy en La Nación haya sido escrita con sinceridad, lo que
per se no quiere decir que deba guardar relación con la verdad. El hecho de nombrar
a Mitre, Sarmiento y Avellaneda de un aliento, como si estos personajes se hubiesen
querido en vida o hubiesen tenido ideas coincidentes, es de por sí un error. Mitre
habló pestes de Sarmiento en La Nación Argentina, y Sarmiento consideraba a Mitre
un alcohólico: «
Mitre se ha presentado tres veces ebrio en el Senado» (Sarmiento en
carta a M. R. García, 07.09.1869, Cf. Manuel Gálvez, Vida de Sarmiento, pág. 314).
Sarmiento, a su vez, detentaba el grado de general de división sin conocerse de él
antecedentes militares, según dictaminó el Ministerio de Guerra en 1885 (Cf. Marcos
P. Rivas, Sarmiento - Mito y realidad, 23). Decía Juan B. Alberdi: «... Sarmiento,
trabajador improductivo, estéril,  a título de empleado vitalicio, que vive como un
doméstico de los salarios del Estado, su patrón.»
(Facundo y su biógrafo, 1880).

Sobre la supuesta acción educadora de Sarmiento, dijo Avellaneda: «Supo el señor 
Sarmiento que había bibliotecas populares y una ley nacional que las fundaba cuando
habían aparecido los primeros volúmenes del Boletín de las Bibliotecas, y éstas
convertídose en una pasión pública». (Nicolás Avellaneda, Escritos y discursos, VIII,
397). Mitre jamás ganó una batalla, ni siquiera a los indios, fue un mediocre escritor
y un peor historiador. Propulsó la separación de Buenos Aires de la Confederación,
que se declaró durante once años estado independiente, con constitución propia, 
y bajo su gobierno se libró la mayor guerra de policía contra el pueblo argentino:

... Y no vamos a pedir a un amigo de Peñaloza ni de Juan Saa la estadística
que sirva de cifra y compendio, clave y emblema, para el período que, por
desdicha, no se cerró el 12 de octubre de 1868, cuando el general Mitre
hizo entrega del poder a don Domingo F. Sarmiento. Nos la dará don
Nicasio
Oroño
, miembro conspicuo del partido liberal, y senador en 1868: «Desde
junio de 1862 —dijo
Oroño en el Senado— hasta igual mes de 1868, han
ocurrido en las provincias ciento diez y siete revoluciones, habiendo
muerto en noventa y un combates, cuatro mil setecientos veintiocho
ciudadanos
». 
         Cf. José Luis  Busaniche, Historia Argentina XXVI, 783

En cifras: 4.728 muertos en 6 años, y después de 10 años sin Rosas ni la Mazorca.
Éste fue el comienzo de la ansiada «organización nacional» con Mitre y Sarmiento.
Estas importantes cifras pudieron lograrse en tan poco tiempo gracias a denodada
colaboración de los «coroneles orientales»: Ambrosio Sandes, José Miguel Arredondo,
Ignacio Rivas, Venancio Flores, Wenceslao Paunero y podríamos agregar a este
conjunto de asesores internacionales también al chileno Irrazábal, asesino del Chacho.
Todos de decidida participación en la «organización nacional» (ver a continuación la

Revue des deux Mondes
), no los empujaba otro deseo que el de poner en práctica
la democracia según Sarmiento:

... No trate de economizar sangre de gauchos. Éste es un abono que es
preciso hacer útil al país. La sangre es lo único que tienen de seres
humanos...
                             -Carta de Sarmiento a Mitre, 20.09.1861

Podría usted interiorizarse de lo que opinaba sobre Mitre y su gobierno Alfred Ébélot
en la Revue des deux Mondes, París, 1876
:

... El general Mitre, proveniente del ejército y militar de profesión pero más
apto para la política que para la guerra, ha visto siempre en el ejército,
ante todo, un instrumento de gobierno. Durante su larga administración
lo llenó de su gente. La mayoría de los jefes eran, o sus parientes, como
el general Emilio Mitre, hermano suyo, el general de Vedia, cuñado,
o soldados de fortuna, como los generales Arredondo, Rivas, Gelly y Obes
y el coronel Borges, nacidos en la otra orilla del Plata, ciudadanos de una
república rural y dispuestos a subordinar los intereses del servicio a las
conveniencias del partido que los había elevado. En sus grandes
comandancias de frontera se ocupaban especialmente en dirigir las
elecciones, vigilar a los opositores, ejercer la policía de las opiniones,
y es posible que desearan que la complacencia de los indios les dejara
el sosiego necesario para consagrarse a tales tareas, mucho más
interesantes para ellos que guardar las vacas y los caballos de la
llanura. De tal modo, en la frontera sur nada se descuidó para hacer
del cacique Catriel una especie de personaje, oficialmente revestido
con las insignias de un general de la nación. Catriel fue instalado en las
puertas mismas del Azul, en una superficie de más o menos veinte leguas
cuadradas que se le regalaron.

Recuerde que estas afirmaciones no provienen de un «revisionista», sino de un

francés, nada menos que secretario de la Revue des deux Mondes de París,

escritas en 1876, en plena vida de Mitre, quien no se atrevió a rebatir un punto

ni una coma.

Piense usted, señora Rebollo de Montes, que si hubiéramos tenido tantos

«prohombres» de la calidad narrada en nuestra Mitología Nacional, hoy, a casi

dos siglos de pretendida «independencia», nadie en el mundo nos tocaría

el traste ni con una caña. Pero seguimos con el «ispa» de cuarta, trabajando

para pagar intereses, y ya hemos agotado casi todas las formas de gobierno

habidas y quizá aún por haber. Pero lo único que no hemos hecho todavía es

avivarnos, pues, como dijo Jauretche

A la estructura material de un país dependiente corresponde una
superestructura cultural destinada a impedir el conocimiento de
esa dependencia para que el pensamiento de los nativos ignore
la naturaleza de su drama y no pueda arbitrar propias soluciones,
imposibles mientras no conozca los elementos sobre los que debe
operar y los procedimientos que corresponden, conforme a sus
propias circunstancias de tiempo y lugar.

                                                         Los profetas del odio y la yapa

A esta «superestructura cultural» pertenece La Nación, «tribuna de doctrina», sin
que jamás se haya llegado a precisar el carácter de esa doctrina. Deberíamos
darnos cuenta ya de que el repertorio de «prohombres» que tenemos no puede
ser mejor que lo que la realidad del país hoy representa, a no ser que hayamos
marchado dos siglos como el cangrejo, —cosa que tampoco hablaría en favor
de nuestros «prohombres»—, y dejarnos de una vez por todas de llorar la carta.

Deberíamos terminar además de creer en pamplinas míticas como las del «maestro
de América» —de los que por poco cada país de Hispanoamérica tiene el suyo,
y hay hasta países que cuentan con dos— y en otros devaneos oníricos propios
de la Edad del Bronce en que vivimos, pues nuestra realidad es indefectiblemente
un producto de nuestra historia y, consecuentemente, nuestros «prohombres» no
pueden ser mejor que la triste certidumbre que hoy nos rodea. Un epigramático
contemporáneo dijo que nada es bueno a menos que se lo haga (Es gibt nichts
Gutes ausser: Man tut es.
..) Lo que corresponde, entonces, es lo que ya nos instó
con otras palabras de igual significado alguien que pareciera habernos conocido
bastante bien, Ortega y Gasset: ¡Argentinos, a las cosas, a las cosas...!


Cordiales saludos, señora Rebollo de Montes
Enrique C. Picotto
www.picotto.net/
 

Apuntes de Historia e historias Argentninas

HOME 

__________________________________________________________________________

© Enrique C. Picotto www.picotto.net/
D 71067 Sindelfingen - Alemania
Tel.: +49  [0]7031  819 48 43  &  819 48 51 -  Fax 80 88 84