3.
SECTORES
URBANO-MARGINALES
Las
reglas básicas
del "idioma" cordobés
Por
Virginia
Guevara
La
Voz
del
Interior, Córdoba, República Argentina,
5
de diciembre de 1999.
Dentro de
los límites
de la ciudad de Córdoba, y al mismo tiempo, se hablan
varias
formas de castellano. Pero hay dos maneras de
hablar tan
distintas
que parecen de mundos diferentes: la norma
culta
oficial y
la popular, consagrada como el auténtico lenguaje
cordobés.
Las
diferencias no
tienen que ver con el espacio ni con el tiempo. Se
generan
casi exclusivamente por las variantes que los
estudiosos
de la
lengua llaman diastráticas: aquellas que surgen
del
estrato
social
al que pertenecen los hablantes. Todos los
estudios
resaltan
que ninguna norma lingüística es mejor que
otra. Son
distintas,
y reflejan como pocas cosas las culturas
que conviven
en
la ciudad y que se mezclan todo el tiempo.
Cultos
y universales
El
lenguaje de los
hablantes cultos de Córdoba es muy similar
al que
manejan los
sectores cultos de las principales ciudades
de
Hispanoamérica,
y se aleja de la diversificación que significa
el lenguaje
autóctono.
No es la lengua que hablan los españoles,
pero
–excepto por
el uso del "vos" en lugar del "tu" y por la tonada–
se parece
mucho
a la norma que usan los "cultos" de México, Chile
o Bolivia.
Esa es
la conclusión general que arroja un profundo
y meticuloso
relevamiento
del léxico que se usa en los ámbitos
profesionales,
universitarios, políticos, judiciales, periodísticos
y culturales
cordobeses.
El
estudio está
a cargo de Alicia Malanca de Rodríguez Rojas, María
Teresa
Toniolo y María Elena Zurita. Se desarrolla desde
hace varios
años,
en el marco de un relevamiento léxico que
desde 1964
se hizo
en las capitales de casi todos los países
hispanohablantes.
Esa lengua estándar que hablan los sectores
cultos de la
América
hispana está marcada a fuego por la
influencia
del sistema
educativo, los medios de comunicación,
la
religión,
la política y la cultura consagrada: es el idioma que
–
tanto en
Córdoba
como en Santiago de Chile– se habla en los
espacios de
poder.
En
cambio, nada tiene
que ver el cordobés que consagró la
revista Hortensia
con el lenguaje que hablan los chilenos de
barrios
pobres.
En el terreno popular, rige lo autóctono. Dos
relevamientos
sobre
el lenguaje popular de Córdoba marcaron
las reglas
básicas
del idioma que nació y crece en "la docta".
Uno de
los estudios
fue realizado en escuelas urbano-marginales
y fue
dirigido por
Ana María Florit. El otro, recoge las características
fonéticas
del lenguaje de las villas miseria cordobesas. Lo hicieron
María
Teresa
Toniolo, María Elisa Zurita y Beatriz Tesan. Las
siguientes
son las
características del habla cordobesa autóctona.
Señas
de identidad
* Contracción
de frases o palabras. Constituyen una de las prácticas más típicas
del cordobés: "pande"
significa
para dónde, "te gua" (te
voy a), "si
vuá"
(si voy a)
"antá"
(adonde está), "pal" (para el).
"Pa" suele
reemplazar a para y "ta" a está.

*
Eliminación
de la ll cuando está entre vocales. Es una de las
reglas
elementales
y hace que zapatilla se pronuncie como "zapatía",
talleres
como "taiere"
y cuchillo como "cuchío" .
*
Pérdida
de la d. En el habla cordobesa popular un pelado
es pelao",
alguien ebrio es un "chupao" (chupado) y un muerto es un "finao" (finado).
También es frecuente escuchar: "para'a", "senta'a",
"guarda'a".
Las palabras que terminan con d, pierden ese sonido
sin excepciones: "usté",
"voluntá", "mitá".
*
No se pronuncian
la c, la p ni la b antes de la t. Los
ejemplos más
frecuentes
son "dotor", "coletivo", "sétimo", "otimista", "ojetivo".
*
Las palabras aguja y
agujero casi siempre se pronuncian sin
la g: "aúja"
y "aujero" son una constante.
*
Cambio de
la ll y de la y por i. Esta regla es otro
clásico: yo
es "io",
yegua
es "iegua", la lluvia es "iuvia" y una llave
es "iave".
*
La letra f generalmente se reemplaza por la
g. Fuego
se dice "juego", afuera suena como "ajuera", fue
como "jue" y fui como "jui".
*
El cambio
de la s por la i también
es muy frecuente en algunos
tiempos verbales. "Digai" en lugar de digás
, "vayai" por vayás o "diríay"
por dirías.

*
Colocación
de diptongos
en
palabras
que
no los poseen.
En
algunos
casos se reemplaza la o
por la u:
"hérue" y "tualla"
son
los más
famosos.
También hay
verbos
emblemáticos: "conviersan",
"quieramos",
"escuende", "duebla", "golpiar",
"patiar".
*
Eliminación
del diptongo en palabras
que
deben llevarlo.
Criollo
suele
decirse "crióio",
cambia
suena
como "cambea"
y copia como "copea".
*
Cambio del
sonido
e por i.
Es común escuchar "dispertar",
"dispués",
"podís", "querís".
|
*
Pronunciación
de la h como g. Con frecuencia se escucha
"agora"
por ahora, "zanagoria"
por zanahoria.
*
Uso del pronombre
"los" en la primera persona del plural
y pérdida
de la s en el verbo. "Los vamo" (nos vamos),
"los
quedamo", "los sentamo" .
*
Eliminación
de la r. Es muy raro que se pronuncie la última
letra
de los
verbos
en infinitivo ("andá' a jugá'", "no
sabé'
caminá'"). También
se
elimina en los verbos enclíticos: "fue a esconde'se", "no
quiere queda'se.

Pintoresco
y
autóctono,
pero
excluyente
El "cara'e poio",
el "amarío" patito, el verde "boteia" y el negro
"culiao" son símbolos de Córdoba que a nivel
nacional
—y básicamente por el impulso de los humoristas— hoy son tanto o
más representativos que la figura de "la docta". Pero
junto
a la simpatía que despierta el pintoresco dialecto
de los
chistes y
al valor cultural del lenguaje autóctono, se presenta
el
peso que
cargan
quienes no comparten el idioma culto que rige, sin excepción, en
todos los espacios públicos. Y sobre todo, en aquellos donde se
maneja poder.
Esta
cuestión
es discutida básicamente en el ámbito educativo. Una reciente
investigación
de la Unión de Educadores de la Provincia
de
Córdoba (UEPC) sobre las escuelas urbano-marginales
indica
que los chicos que manejan estos códigos
diferentes a
los
establecidos por la lengua culta, presen- tan
problemas en
la
lectoescritura y serias limitaciones en la
comprensión
de consignas.
Los
docentes
recalcan
el
valor
de la
diferencia

y el derecho de los
pueblos a expresarse
según
sus
propios
códigos.
Pero el
trabajo
subraya que en la ciudad
de Córdoba,
las diferencias
lingüísticas son
producto
de profundas
desigualdades
materiales y
simbólicas.
Éste es el aspecto
menos simpático del lenguaje difundido por el humor: es el idioma de los excluidos y,
además,
es un elemento
que reproduce marginación.
De
acuerdo con el planteo de la
UEPC,
la
propuesta
superadora
no es
desterrar
el idioma marginal.
Es lograr
que quienes
lo hablan
desde la
cuna, tengan
también
la
posibilidad
de usar otras palabras
en
los
ámbitos donde
hasta el lenguaje
los deja afuera.
Virginia Guevara
http://www.intervoz.com/99/12/05/ig_n05.htm
©
– Mirá
vo' todo lo que sabe decí' esta gente de nosotro'...
–
Sí, che...es que debimo' se' todo
unos personajes, ¿no'cierto...?
–
Y sí, será nomá', vaia a sabe'se.
– Mavé'
el
«Dicionario Iustrado»
–
No, macho... «ilustrado»... Pará...
Par' eso tení'
que' hacé' un
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